10 octubre, 2026

El traje nuevo del modelo neoliberal | ROBERTO HERNÁNDEZ GUERRA

Y como en los cuentos de Hans Christian Andersen, así se inicia esta historia: Érase una vez un país con una larga tradición de lucha por mantener su identidad e integridad territorial. Durante mucho tiempo sus gobernantes oscilaron entre una preocupación por mantener la estabilidad económica y social y el conservar el poder, muy alejados de cualquier interés por la democracia. A su sistema, no faltó quien le llamara “la dictadura perfecta”.

Pero todo por usar se gasta. El modelo de sustitución de importaciones que funcionó durante mucho tiempo, al que se le bautizó como “desarrollo estabilizador” y que había logrado tasas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en promedio de 6% anual, comenzó a hacer agua. Ayudó, entre otras causas, la irresponsabilidad de algún gobernante que ofreció “administrar la abundancia”, resquebrajó las finanzas públicas y condujo a devaluaciones, a pesar de la promesa de “defender el peso como un perro”.

Pero de pronto llegaron los “vendedores de ilusiones”, de la mano de los organismos internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el Banco Mundial y de teorías como el monetarismo de Milton Friedman y el neoliberalismo, encapsulado todo en lo que se llamó el “Consenso de Washington”. Para disfrazar las intenciones privatizadoras y de concentración de la riqueza, aquí se le dio un nombre atractivo: “liberalismo social”.

La historia continuó durante 35 años, con resultados nada halagadores. Se profundizó la desigualdad social y el crecimiento del PIB promedió 2 % anual; la tercera parte del crecimiento de los años del “milagro mexicano”. Pero eso sí, los medios tradicionales de información festejaban las nuevas circunstancias, maquillando cifras y ocultando las contradicciones que saltaban a la vista. A final de cuentas, que importaba, ellos estaban en el mejor de los mundos posibles.

De pronto, así como en el cuento de Andersen alguien se dio cuenta de que “el emperador estaba desnudo”, aquí comprobamos que el neoliberalismo también lo estaba, que su vestimenta era imaginaria y que no nos había llevado a “la tierra prometida” sino al “infierno tan temido” que menciona Sor Juana Inés de la Cruz en su soneto “A Cristo Crucificado” (aquí el crucificado fue el pueblo de México). Que la promesa de una mejor vida para todos los mexicanos no se cumplía en lo absoluto. Que la riqueza se acumulaba en unas cuantas manos (búsquese la lista FORBES de millonarios). Que la corrupción campeaba a sus anchas. Que el ser alto funcionario público equivalía a “sacarse la lotería”. ¿Pero para que seguir con una lista que todos conocemos, aunque a veces se nos olvide?

Y cuando pensamos que se podía transformar nuestra realidad, para terminar de amolar llegó el CORONAVIRUS. Sin embargo, esta pandemia acabó por comprobar la desnudez del “emperador”, esto es, del neoliberalismo. Podemos citar como ejemplo tres problemas que saltan a la vista: la mitad de la población del país que vive al día, sin seguridad social, las deficiencias del sistema de salud y por último la presencia de enfermedades tales como obesidad, hipertensión y diabetes, que complican la situación de los enfermos de COVID 19 y que son resultado de las malas prácticas alimenticias de una sociedad consumista.

Pero no hay que perder la esperanza de que todo cambie para bien. Que la pandemia no nos afecte demasiado, ni en la salud ni en la economía. Que la espuria polarización entre “fifís” y “chairos” se termine. Que resolvamos nuestras diferencias al amparo de las leyes. Porque a final de cuentas, todos navegamos en el mismo barco, México, y que si se hunde, no se salva nadie.

Related Post