Amador Gutiérrez
Se termina el 2017 y con él un año más de beisbol, que en el caso de nuestro país concluye con la campaña de la Liga Mexicana del Pacífico; mientras que en Grandes Ligas con más interrogantes acerca de los cambios a las reglas que sigue aprobando el comisionado Robert Manfred.
Este año que finalizó con el título de los Astros de Houston en la gran carpa, se tuvo por primera vez la absurda regla de la base por bolas intencional automática, es decir, que el pítcher no hace un solo lanzamiento al bateador elegido para darle el pasaporte.
Esto es quitarle totalmente la esencia al juego, que es justamente el duelo pítcher-bateador, y es la posibilidad de que exista un wild pítch o un passed ball que pueda incluso definir un duelo de beisbol.
Y es que recuerdo cómo los Tigres de Quintana Roo perdieron dos juegos de playoff, primero en el 2008 en el Kukulkán de Mérida contra Leones de parte de Oscar Bustillos, permitió a los yucatecos sacar la victoria al tener corredor en tercera con el encuentro empatado al cierre de la novena entrada.
Esta historia se repitió en el 2010 en el estadio Licenciado Eduardo Vasconcelos, frente a los Guerreros de Oaxaca, cuando el estelar Bobby Cramer también hizo un lanzamiento descontrolado, que incluso eliminó a los bengalíes.
Así como estos hay muchos ejemplos más, en toda clase de Ligas, y es que para este 2018 el nuevo presidente de la Liga Mexicana de Beisbol, Licenciado Javier Salinas, ha anunciado que se implantará la base por bolas intencional automática.
¿Y todo para qué? Pues una decisión para reducir los tiempos del rey de los deportes, pero este no es el principal problema de un deporte que no usa el cronómetro para establecer su tiempo de juego. Aunque unos dicen que es una medida tomada también por la seguridad del bateador, algo realmente absurdo.
Entiendo también que se está afiliado a National Association y que hay que ajustarse a las nuevas reglas, pero en el beisbol… hay que pitchar.
