8 octubre, 2026

En la democracia: ¿Por quién doblan las campanas? – Roberto Hernández Guerra

No es posible convencer de su equivocación a quienes han tomado como mantra el estribillo “el INE no se toca”; y desde luego que no pretendemos hacerlo. Cada quien es libre de tomar partido y de crear su propia narrativa acorde con sus intereses o sus creencias.

Si con un completo desconocimiento de las propuestas de modificación de  la legislación electoral, considera que el fin último es la permanencia en el poder de Andrés Manuel López Obrador o de su movimiento, está en su derecho. Si estima que los ingresos de la burocracia dorada del INE, que superan ampliamente a los del presidente de la república, contraviniendo lo establecido en la Constitución, es una justa retribución a su vocación democrática, también. A final de cuentas todos tenemos derecho a creer lo que inventemos o la que los medios de información nos dosifiquen cotidianamente.

Pero lo que sí consideramos necesario es analizar la forma en que para fundamentar la acusación de afrenta a la democracia, la oposición ha agregado a su repertorio el mito de lo que llaman “cláusula de vida eterna” para los partidos pequeños, de la que acusan forma parte de la reforma electoral. Para darle mayor énfasis a su teoría, sostienen que se trata del trasvase  de votos de un partido a otro, violentando la Constitución al no respetar la decisión original del electorado.

La realidad es diferente. El artículo que fue eliminado en último momento en la Cámara de Diputados, pretendía establecer a nivel federal el procedimiento de las coaliciones entre partidos, que en la actualidad está vigente en los procesos locales de 24 entidades federativas. Esta consiste en establecer, previo al proceso electoral, un acuerdo entre dos o más de ellos para presentar una coalición con un solo logotipo de identificación y un reparto de los votos obtenidos, acorde al peso político de  cada uno de los participantes. Esto es, que los ciudadanos al votar por los coaligados, aceptan el convenio que los unió y su voluntad no es violentada.

Cabe señalar que la confusión fue alimentada por una propuesta a todas luces absurda, que se incluía en el documento aprobado por los diputados y así enviada al Senado, que establecía como alternativa para conservar el registro de un partido, la obtención del 3% de la votación en 17 estados, suplementaria al 3% de la total de una elección federal como lo establece el precepto constitucional. Esta propuesta absurda, que fue desechada a petición de quienes la habían aprobado inicialmente, no fue resultado de la travesura de un duendecillo, como señaló irónicamente López Obrador, sino de una diputada del PT, como lo ha reconocido el diputado Gerardo Fernández Noroña,  la que seguramente estaba buscando proteger su “vida eterna” en la Cámara.

Pero con reforma electoral o sin ella, las perspectivas para la oposición al proyecto de la 4T son de “color de hormiga”. La máxima expresión de la democracia la encontramos en el voto ciudadano y las previsiones para el 2023 son similares a las del 2024. Si como “botón de muestra” revisamos las recientes encuestas de Enkoll respecto a los comicios del Estado de México, podemos ver que Delfina Gómez, candidata de la alianza que encabeza Morena cuenta con un 58% de preferencia efectiva, contra un 37% de la posible candidata de “Va X México”.

Y regresando al  debate sobre la reforma electoral ya por fin aprobada, le podemos dar respuesta  al Consejero Presidente del INE, Lorenzo Córdova,  quien le dice a quienes promueven la reforma electoral que “no echen a doblar las campanas”. Para ello podemos emplear una frase del poeta inglés del siglo XVII John Donne, de la que Ernest Hemingway tomó un fragmento como título de una de sus más conocidas novelas: “nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”  y por lo que representas, agregaríamos nosotros.

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