Con apenas 11 años, Erick Maffassanti descubrió que el emprendimiento sería parte de su vida. Mientras sus compañeros de escuela se conformaban con la mesada familiar, él salía a vender pulseras en la avenida Tulum. Pronto aprendió a delegar, contratando a sus propios amigos para que fabricaran las artesanías que él se encargaba de comercializar. Sin saberlo, estaba dando sus primeros pasos como empresario.
A los 17 años, ya estudiante de Derecho, una maestra le recomendó leer Padre Rico, Padre Pobre de Robert Kiyosaki, libro que le abrió un panorama distinto sobre los negocios y lo motivó a iniciar formalmente su camino emprendedor. Su primera apuesta fueron máquinas expendedoras de pelotas y juguetes, que colocó en distintos supermercados de Cancún. Los buenos resultados le permitieron dar el salto a la gastronomía con antojitos mexicanos, naciendo así su marca Doña Maíz, que hoy suma nueve sucursales.
La expansión no se detuvo. Apostando por zonas populares como Villas del Mar, Maffassanti abrió la primera La Palapita, concepto que en la actualidad cuenta con ocho restaurantes en la ciudad. “Muchos decían que la gente trabajadora no valora la calidad, y fue al revés: ahí encontramos a nuestros clientes más leales”, recuerda.







El camino no ha estado exento de adversidades. Durante la pandemia, cuando muchos negocios cerraban, Maffassanti se reinventó al impulsar el servicio a domicilio y reubicar a su personal como repartidores. Esa estrategia de adaptación, afirma, no solo le permitió sobrevivir, sino consolidar a su grupo empresarial.
Años antes enfrentó una prueba más dura: la quema de una de sus sucursales por negarse a permitir la venta de drogas en el local. “Ese día entendí que no podía rendirme; les dije a mis colaboradores que, como el ave fénix, resurgiríamos de las cenizas”, relata.
Hoy, con 33 años, Maffassanti lidera una organización con más de 400 colaboradores y asegura que el verdadero éxito está en compartir: “Un negocio es como un pastel de cumpleaños; si te lo comes solo, nadie quiere estar en tu fiesta, pero si lo compartes, todos se suman y la fiesta crece”.
Cancunense por adopción, originario de Córdoba, Argentina, Maffassanti también ha incursionado en la política, convencido de que “uno viene al mundo a dejarlo mejor de como lo encontró”. Actualmente forma parte de la asociación Empresarios por Quintana Roo, desde donde impulsa proyectos de inversión y seguridad en beneficio de la comunidad.
Su consejo para los nuevos emprendedores es claro: “Sean valientes, no imprudentes. Mantengan su trabajo mientras inician su negocio, porque un emprendimiento es como un bebé: necesita cuidado, inversión y tiempo antes de sostenerse por sí solo”.
Con la vista puesta en la expansión hacia Yucatán y con proyectos ligados al Tren Maya, Erick Maffassanti demuestra que el éxito se construye con resiliencia, visión y, sobre todo, con un propósito claro: inspirar a otros a no rendirse ante la adversidad.







