Queridos propietarios y amantes de los gatos: seamos sinceros. Nadie espera que el aliento de un gato huela a menta. Después de todo, su dieta y su costumbre de acicalarse hacen que tenga un olor muy particular. Pero una cosa es que no sea precisamente fresco… y otra muy distinta es que resulte realmente desagradable.
En ese caso, conviene prestar atención, porque el mal aliento casi nunca es un problema en sí mismo: suele ser una señal de que algo está ocurriendo.
La causa más frecuente son las enfermedades dentales. Con el paso de los años, los restos de alimento y las bacterias forman placa sobre los dientes. Si no se elimina, se convierte en sarro, favoreciendo la inflamación de las encías y, con el tiempo, enfermedades periodontales. De hecho, la mayoría de los gatos adultos presenta algún grado de enfermedad dental, aunque muchas veces pase desapercibida.
Además del mal olor, pueden aparecer otros signos de alerta: dificultad para masticar, babeo, sangrado de las encías, pérdida de apetito o el hábito de comer solo por un lado de la boca. Algunos gatos incluso dejan de acicalarse con la misma frecuencia porque mover la mandíbula les resulta doloroso.
En ocasiones, el problema va más allá de la boca. Un aliento especialmente intenso o inusual también puede estar relacionado con enfermedades renales, diabetes o alteraciones digestivas. Por eso nunca conviene limitarse a disimular el olor; lo importante es descubrir su causa.
La buena noticia es que muchas enfermedades dentales pueden prevenirse. Lo ideal es acostumbrar al gato desde pequeño a que le revisen la boca e incluso, si se deja, al cepillado con productos formulados exclusivamente para uso veterinario. Nunca debe utilizarse pasta dental para personas, ya que puede resultar tóxica para los felinos.
También ayudan las revisiones periódicas con el veterinario, quien podrá detectar a tiempo la acumulación de sarro o recomendar una limpieza dental profesional.
Y hay un detalle que a menudo olvidamos: los gatos son expertos en ocultar el dolor. Aunque tengan una muela enferma o una encía inflamada, seguirán comportándose con aparente normalidad. Por eso un cambio tan simple como el olor de su aliento puede convertirse en una pista muy valiosa.
Al final, cuidar la salud bucal de un gato no consiste en conseguir un aliento agradable, sino en asegurarnos de que puede comer, jugar y vivir sin molestias.
Nos leemos en la próxima consulta del Doctor Gato.🐾

