MADRID.- Una mujer pasó más de un año asistiendo a su empleo sin realizar funciones reales y abandonó voluntariamente el puesto después de comprobar que nadie detectó que había dejado de trabajar, experiencia que atribuyó a la falta de supervisión y a un cargo que consideró “irrelevante e inútil”.
La protagonista, Leyla Kazim, relató que acudía diariamente a la oficina, registraba su entrada, se sentaba frente al ordenador y permanecía allí hasta concluir la jornada aparentando cumplir con sus responsabilidades, aunque en realidad esperaba el transcurso de las horas.
Según explicó en un artículo publicado en su perfil de la plataforma Substack, decidió poner a prueba sus sospechas sobre la utilidad de su puesto y dejó de desempeñar cualquier tarea esencial para comprobar cuánto tiempo tardaría la empresa en advertirlo. “Decidí hacer un experimento: dejé de trabajar para ver cuánto tardaría alguien en darse cuenta”, escribió.
Para evitar sospechas, elaboró una hoja de cálculo con datos irrelevantes, mantenía abiertas páginas que parecían relacionadas con el trabajo y aprovechaba gran parte del tiempo para planear viajes personales. También generaba documentos en pocos minutos que reforzaban la apariencia de productividad.
Kazim explicó que colocaba el monitor inclinado y que su escritorio, ubicado lejos del paso frecuente de compañeros, dificultaba que otras personas observaran la pantalla. Finalmente decidió renunciar por iniciativa propia, al considerar que su presencia no era necesaria. Afirmó que aquella experiencia “cambió para siempre mi enfoque profesional” y sostuvo que la ausencia de controles permitió mantener durante más de un año una rutina sin responsabilidades efectivas dentro de la empresa. (20 Minutos)

