
Ya no quiero personalizar, sino generalizar. Está visto, es evidente que los gobiernos –me refiero a todos– no tienen dentro de su agenda la atención y el remedio a la pandemia del coronavirus y sus daños colaterales. Y, reitero, me refiero a todos: Federal, estatales y municipales.
La espiral de crecimiento de la pandemia se les ha salido de las manos, se ha disparado y no hay un pronóstico ni ligeramente cercano que sirva de parámetro o al menos de bálsamo sobre cuándo terminará, ni sobre cuándo habrá una vacuna o una cura contra este endemoniado bicho que, incontenible, ha arrasado con el mundo entero.
Muchos son ya lo casos, los muertos en este país, y ni siquiera así el problema ha sido debidamente dimensionado. Y es que los gobiernos tienen otras prioridades. Se ha dicho hasta el cansancio que una forma de mitigar el Covid 19 es a través de la realización de pruebas y más pruebas… pero les vale tres madres.
Bien decía mi abuela que lo peor que le puede pasar a una persona, a una sociedad, es perder la capacidad de asombro, porque en ese momento tu vida, tus emociones se asimilarán más a las de un vegetal.
En esos términos estamos cayendo, cuando diariamente las autoridades de salud nos dan a conocer las cifras de casos, de decesos y nuestros oídos ya sólo escuchan decenas, cientos, miles y, si nos asomamos a la situación mundial, entonces son millones.
Pareciera que ya no podemos pensar en la gente, en las personas, en la individualidad. Detenernos un momento y ver que se trata de gente que hoy padece una enfermedad incurable, que mantiene sus ánimos en los suelos, que tiene en vilo y con las emociones al tope a sus familiares. O bien, en el peor de los casos, situaciones de muerte muy lamentables todas y cada una de ellas.
Entonces también nuestras prioridades son otras. Nos deshumanizamos y privilegiamos lo que hoy queremos, ni siquiera lo que en realidad necesitamos. Salimos a la calle haciendo caso a un estúpido semáforo naranja que obedece más a las demandas empresariales, a una supuesta necesidad de hacer dinero para sobrevivir.
“Es que hay mucha gente que vive al día”, es la letanía en las redes sociales. Más bien tendrían que pensar “es que hay mucha gente que muere al día, que se enferma al día” y asumir esta situación como si estuviéramos atravesando en una guerra, no hay más.
A veces pareciera que la empatía sólo se logra cuando le sucede a uno, cuando lo vive en carne propia…y entonces es cuando: “Ay, si hubiese hecho caso…Ay, si me hubiese cuidado”.
Está visto que los gobiernos tienen otras prioridades. Unos privilegiando trenecitos, aeropuertos y refinerías, y otros anteponiendo la actividad turística, pero todos coincidiendo en que “ahora es bronca de la gente”, lavándose las manos y pasándose por el trasero lo que dice la Constitución de la República, en la que se estipula que la salud es un derecho de la gente y una obligación del gobierno…¡No es opcional!
Entonces, ante esta inacción gubernamental confesa, la ciudadanía debe actuar en consecuencia, y en lugar de estar señalando a nuestros semejantes por no llevar cubrebocas, mejor encerrarnos, cuidarnos, autogobernarnos, sí, hacer lo que tendríamos que hacer si hubiera gobiernos responsables.
Es momento también de humanizarnos y jamás perder el sentido de asombro, dimensionar lo que está ocurriendo y actuar cuidándose a uno mismo y a su familia.
La situación es muy muy grave, como si estuviéramos en medio de una guerra.

