Gerardo Ruiz
La famosa cuesta de enero. Pero esta no es una más. La cuesta de enero de 2026 es distinta, no solo por lo económico, sino por el momento histórico que marca. Con este año comienza el segundo cuarto del siglo XXI y, casi sin darnos cuenta, entramos en una etapa que definirá el rumbo de las próximas generaciones.
Con este inicio de año comienzan los nacimientos de la Generación Beta. Quienes nazcan a partir de hoy crecerán inmersos en la inteligencia artificial y la automatización. Se prevé que vivirán hasta el siglo XXII. La mayoría de los integrantes de esta generación serán hijos de los llamados Zoomers. Para ellos, la tecnología no será una novedad ni una herramienta: será el entorno mismo.
Se les promete un futuro eficiente, conectado y automatizado. Sin embargo, hay algo de lo que poco se habla: la herencia invisible que recibirán. No solo heredarán avances tecnológicos, sino también prejuicios, miedos y formas de pensar que la humanidad ha arrastrado durante generaciones.
Porque la humanidad no solo transmite conocimiento; también transmite temores. Miedo a lo distinto, a perder control, a cuestionar lo aprendido. Cuando esos miedos no se examinan, se convierten en prejuicios. Y cuando los prejuicios se normalizan, terminan organizando la vida social, política y cultural.
La tecnología no elimina estas herencias; en muchos casos las amplifica. Las redes sociales y los algoritmos no crean el fanatismo, pero lo ordenan, lo aceleran y lo difunden con una eficacia inédita. Viejas creencias encuentran nuevos formatos, y antiguos dogmas se reciclan con lenguaje moderno y código abierto.
El riesgo no está en la inteligencia artificial ni en la automatización, sino en la renuncia a la reflexión. Cuando una sociedad deja de preguntarse por qué piensa como piensa, comienza a deslizarse hacia un nuevo oscurantismo. No uno impuesto por la ignorancia, sino sostenido por la comodidad de no cuestionar y por el miedo a disentir.
Este oscurantismo no llega de golpe. Se construye lentamente, cuando preferimos repetir lo heredado en lugar de revisarlo, cuando confundimos tradición con verdad y cuando el fanatismo ofrece certezas simples a realidades complejas.
La Generación Beta crecerá con herramientas que ninguna otra tuvo. La pregunta es si crecerá también con la libertad interior necesaria para romper cadenas invisibles. Porque el verdadero progreso no consiste en crear máquinas más inteligentes, sino en atrevernos a reconocer y superar los miedos y prejuicios que han condicionado a la humanidad durante siglos.
Tal vez el mayor desafío de este nuevo cuarto de siglo no sea tecnológico, sino conciente y profundamente humano.
Gerardo Ruiz es director de la Red Ciegos Quintana Roo
X: @gruizcun

