6 septiembre, 2026

INICIA EL MARATÓN GUADALUPE–REYES 2025… Y MÉXICO RESPIRA HONDO – Si tú pudieras ver lo que yo escucho

Gerardo Ruiz

La vida se volvió pesada. Pesada como una mochila llena de piedras mojadas. La inseguridad, la falta de servicios, la economía rota, la incertidumbre, la burocracia que nunca funciona… y encima la rutina que aplasta sin pedir permiso. El mexicano promedio no está celebrando: está respirando. Está agarrando aire para no reventar. Y si tú pudieras ver lo que yo escucho, sabrías que detrás de cada posada, cada brindis y cada piñata, hay un país cansado que quiere seguir viviendo, aunque sea a empujones.

Y, aun así, aquí estamos de nuevo, iniciando el famoso Maratón Guadalupe–Reyes 2025. Ese invento colectivo que no está en ningún libro de historia, pero que explica mejor que cualquier tratado sociológico cómo demonios sobrevivimos los mexicanos: entre humor involuntario, alcohol barato, fe milagrosa, aguinaldos evaporados y esa esperanza necia —casi terca— de que “el próximo año será mejor”. Somos un país que siempre espera el milagro, aunque el milagro llegue tarde, borracho o de plano no llegue.

No nos engañemos. México en diciembre se parece a un celular viejo: todo falla, la batería no dura, la pantalla se traba, pero seguimos usándolo porque no hay opción. Y el Maratón Guadalupe–Reyes es nuestro “modo ahorro de energía” emocional, esa pausa disfrazada de fiesta que nos damos para no descomponernos del todo. Porque si algo sabemos hacer es sonreír con los dientes apretados.

Entre las risas, los abrazos y las tortas de tamal, se escucha algo que casi nadie quiere admitir: estamos cansados. No cansados de caminar… cansados de cargar. Cargar gobiernos que no funcionan, sistemas que no sirven, servicios que no llegan, promesas que no cumplen. Pero también estamos vivos. Y mientras estemos vivos, seguirá existiendo un motivo —aunque sea mínimo, aunque sea inventado— para reunirnos, brindar o al menos olvidar por dos horas el peso del año… aunque mañana regrese la luz cara, el tráfico infernal, el drenaje colapsado y ese país que no da tregua.

Inicia el Maratón Guadalupe–Reyes 2025 no porque tengamos ganas de fiesta, sino porque necesitamos descanso. Necesitamos un respiro emocional, aunque venga envuelto en papel de regalo, adornado con luces de colores y acompañado de un ponche que quema más que consuela. Cada posada es un intento de anestesia; cada cantarito de tequila es una pausa al dolor; cada abrazo es un recordatorio de que seguimos aquí, aunque sea a medias.

Porque al final, el maratón no es celebración.

Es terapia colectiva.

Es una catarsis disfrazada de temporada navideña.

Es la manera mexicana —burlona, oscura y tercamente humana— de decir:

“Aguanto un año más, aunque me lleve la fregada.”

Bienvenido diciembre.

Bienvenida la risa nerviosa.

Bienvenida la fe que se sostiene con clips y cinta canela.

Bienvenido el último empujón emocional para no rendirse.

X: @gruizCun

Director de la Red de Ciegos de Quintana Roo.

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