Entre manglares y aguas tranquilas de la costa campechana se alza uno de los sitios más enigmáticos de Mesoamérica: una isla artificial creada por los mayas para honrar a sus muertos, resguardar a sus élites y abrir una puerta simbólica al Xibalbá, el inframundo de su cosmovisión
Por Sergio Masté
A simple vista, la Isla Jaina parece apenas un pequeño fragmento de tierra rodeado por manglares y aguas costeras en el norte de Campeche. Sin embargo, bajo su discreta superficie se esconde uno de los sitios arqueológicos más fascinantes y enigmáticos del mundo maya: una isla artificial concebida hace más de mil años como un espacio sagrado para los muertos.
Ubicada a unos 100 kilómetros al norte de San Francisco de Campeche, dentro del municipio de Hecelchakán, Jaina fue construida por los mayas mediante rellenos de sascab, conchas y materiales orgánicos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el sitio estuvo ocupado entre los años 600 y 1100 de nuestra era, aunque sus primeros asentamientos pudieron comenzar desde el siglo III. Lo extraordinario es que su relevancia no radica en haber sido una gran ciudad o centro comercial, sino en su función como una inmensa necrópolis donde descansaron miles de integrantes de las élites mayas.
Los registros arqueológicos indican que en apenas un kilómetro de longitud fueron depositados más de 20 mil entierros, una concentración que convierte a Jaina en uno de los cementerios prehispánicos más importantes de América. Los cuerpos eran colocados en fosas poco profundas y acompañados por valiosas ofrendas funerarias que incluían cerámica fina, objetos de jadeíta, conchas marinas, materiales vítreos y las célebres figurillas de barro que hoy son consideradas auténticas obras maestras del arte mesoamericano.
El Reino de los Muertos
Los especialistas consideran que muchos de los personajes sepultados en Jaina provenían de importantes centros urbanos de la región, como Edzná y las ciudades de la zona Puuc y Los Chenes. Para la cosmovisión maya, el agua representaba un límite entre el mundo terrenal y el inframundo, por lo que la ubicación insular de Jaina habría tenido un profundo significado simbólico relacionado con el tránsito hacia el Xibalbá, el reino de los muertos.
Entre los hallazgos más notables destacan las llamadas “figurillas estilo Jaina”, piezas elaboradas con extraordinario realismo que representan músicos, gobernantes, sacerdotes, mujeres, ancianos y personajes de la vida cotidiana. Muchas conservan detalles minuciosos de vestimenta, peinados, joyería y expresiones faciales, permitiendo reconstruir aspectos de la vida social maya del periodo Clásico Tardío. Algunas de estas piezas son consideradas por arqueólogos e historiadores del arte como las mejores esculturas de barro producidas en la antigua América.
La importancia de Jaina también revela la existencia de amplias redes comerciales en la región. Diversas investigaciones han documentado la circulación de objetos procedentes de Chiapas, Tabasco y Veracruz, además de materiales exóticos como jadeíta y conchas trabajadas, lo que demuestra que la isla formaba parte de una compleja red de intercambio cultural y económico.
Actualmente, el sitio forma parte de los espacios arqueológicos beneficiados por programas de conservación y mejoramiento impulsados por el INAH en el contexto del Tren Maya. Junto con Edzná y Xcalumkín, Jaina recibe atención para fortalecer la protección de su patrimonio histórico y facilitar la investigación científica sobre uno de los capítulos más fascinantes de la civilización maya.
Tesoro arqueológico de México
Pero la historia de Jaina no termina en los vestigios arqueológicos. Durante generaciones, pescadores y habitantes de las comunidades cercanas han transmitido relatos sobre extrañas luces que aparecen al amanecer, sonidos provenientes del mar y sombras fugaces observadas en las inmediaciones de la isla. Aunque no existen evidencias científicas que respalden estas narraciones, forman parte del imaginario colectivo que rodea al lugar y contribuyen a reforzar su carácter misterioso.
Estas leyendas, lejos de sustituir la riqueza histórica del sitio, reflejan la profunda conexión emocional que las comunidades mantienen con este antiguo santuario. En la tradición popular, Jaina sigue siendo un espacio donde el pasado permanece vivo y donde la memoria de quienes fueron enterrados continúa habitando el paisaje.
Hoy, rodeada de manglares y protegida por el silencio de la costa campechana, Jaina permanece como uno de los mayores tesoros arqueológicos de México. Más que una isla, es un puente entre la historia, la espiritualidad y la identidad maya; un lugar donde miles de personas iniciaron, según las antiguas creencias, el viaje definitivo hacia el mundo de los dioses y los ancestros.










