Claudio Obregón Clairin
Preámbulo
Durante la Edad de Bronce y en el sur de España, se desarrolló la cultura argárica conocida también como El Argar. Los estudios genéticos de sus habitantes, así como las características arquitectónicas y el tipo de cerámica que elaboraron, nos indican que navegaron por el Mediterráneo para llegar a la Península Ibérica. Sus orígenes tienen 3 componentes genéticos: se sitúan en las culturas de Anatolia, están emparentados con individuos provenientes de las estepas de Ucrania, así como con cazadores-agricultores ibéricos.
Los argáricos fueron los primeros en la Europa continental en manufacturar armas metálicas destinadas a los combates cuerpo a cuerpo, también resaltan por ser magníficos orfebres y son distintivas de su cultura las diademas de oro y plata que portaron sus gobernantes. Curiosamente tuvieron una cerámica sin decoración y estandarizada, aún más enigmático es el hecho de que la evidencia arqueológica nos indica que fueron iconoclastas… No se han encontrado vestigios de su religiosidad, es inexistente la presencia de entidades divinas, dioses o templos.
La cultura argárica tuvo una extensión de 33 mil kilómetros y se edificaron ciudades fortificadas en enclaves de difícil acceso, como si quisieran estar escondidos y a la defensiva. Una de estas grandes ciudades se encuentra en la localidad de Totana, se le conoce como La Bastida, de ella, platicamos en un anterior artículo publicado el día 6 de marzo 2026 y se puede consultar en los archivos de Panimil en El Despertador de Quintana Roo (1).
La Almoloya, centro administrativo y primer parlamento europeo
Hoy hablaremos sobre el centro administrativo argárico conocido como La Almoloya, edificado al menos hace 4000 años en la cima de una montaña de la Sierra Espuña, muy cerca del pueblo de Mula, en Murcia, España. Se ubica a 650 metros de altura y ocupa una superficie de 3100 metros cuadrados; sus 250 habitantes controlaron visualmente una superficie de 1000 kilómetros cuadrados con enormes llanuras donde cultivaron principalmente cebada, dicho cereal fue la base de la alimentación de los sectores sociales bajos y posiblemente también de los pueblos sojuzgados y esclavizados como campesinos. Los dientes de los dignatarios presentan microfracturas y evidencian que la dieta de los estratos sociales superiores fue cárnica, con ingesta de uvas, higos, avellanas, panes y es muy probable que elaboraron vino y cerveza.
Para abastecerse de agua construyeron piletas, tuvieron espacios designados para los molinos de harina y talleres de orfebrería donde también laminaron el cobre. Sus edificaciones, al igual que su cerámica, carecieron de decoración, pero sus muros estuvieron encalados y, en una estancia dedicada al almacenamiento de alimentos, se ubicaron algunos puntos rojos en los muros que sugieren un sistema primario de conteo o clasificación.
Los argáricos tuvieron la costumbre de enterrar en sus casas a sus ancestros y por ello el sitio arqueológico de La Almoloya fue gravemente saqueado durante largos periodos. En 1944 el ingeniero de caminos Emeterio Cuadrado, en cuatro días excavó 8 tumbas y cuando en 2013 llegaron los arqueólogos del Departament de Prehistòria de La Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), ubicaron 90 toperas (así se nombra a los huecos excavados por saqueadores). Para fortuna arqueológica, los ladrones excavaron la periferia y dejaron intacta la parte central del sitio lo que permitió realizar grandes descubrimientos.
La densa concentración urbana en La Almoloya provocó que las edificaciones estuvieran pegadas unas con las otras y sus calles fueron tan angostas que con dificultad una sola persona podía transitarlas, es por ello que quizá se desplazaron más fácilmente por los techos, lo cierto es que los asentamientos urbanos argáricos están desprovistos de plazas, espacios rituales, jardines o lugares de reunión; tuvieron una vida dedicada a la productividad y estas características expresan igualmente una sociedad cerrada, severa y estricta.
Una edificación en La Almoloya sobresale de las demás por su gran espacio interior de 90 metros cuadrados, contuvo pilastras posicionadas en zigzag para distribuir de mejor manera el peso del techo. Este edificio, desde el punto de vista arqueológico, es negativo, quiere decir que no hay vestigios de que tuviera una utilidad religiosa, administrativa o habitacional, como menciona el arqueólogo Vicente Lull (UAB), la gente sencillamente se reunía ¿y para qué? Sería la pregunta, Vicente Lull comenta que la disposición del espacio lo explica.
El gran salón rectangular de reuniones cuenta con un banco corrido de 30 cm de altura a lo largo de tres muros, otro banco de 50 cm en el cuarto muro y un podio de 1.30 cm de altura que preside el recinto. Se calcula que se sentaban cómodamente hasta 55 personas y delante al Podio, se ubica una hoguera que en arqueología se nombra “hogar”. Esta disposición jerárquica ofrece la posibilidad de que alguien presidiera frente al fuego, que quienes le seguían en rango se sentaran a su derecha y alrededor los notables o representantes. La evidencia arqueológica revela que La Almoloya fue un centro administrativo y este espacio negativo pudiera haber sido un lugar de reuniones, audiencias o asambleas. Como la cultura argárica fue la primera en fundar ciudades en la Europa continental, este espacio es considerado como el primer parlamento europeo.
Al no haber sido profanado por los saqueadores, los arqueólogos dirigidos por Vicente Lull (UAB) encontraron sepulturas que constataron la jerarquización. Frente al podio, se ubicó una tumba, en su interior había una enorme olla de barro de 85 cm de altura que cumplió la función de sarcófago. En su interior descubrieron un entierro doble en el que apareció un hombre de entre 35 y 40 años recostado sobre su hombro derecho y junto a él, una mujer de entre 25 y 27 años recostada hacia la izquierda, al igual que las demás mujeres enterradas en la cultura argárica, denotando que la posición del entierro estaba determinada por el género.
El hombre murió primero, presentó una cicatriz en la cabeza y su brazo derecho fue más robusto que el izquierdo testimoniando su pasado guerrero; tenía las rodillas hiperflexionadas y el estudio de sus huesos determinó lesiones provocadas por la equitación. Contaba con un ajuar en oro y restos de bebidas, así como una ofrenda cárnica de vacuno.
La mujer tuvo un cuerpo grácil, sufrió de dolor lumbar probablemente por dedicarse al tejido de lino. Como indica la arqueóloga Cristina Rihuete Herrada (UAB), ella es la protagonista del entierro ya que el hombre descansa su cabeza en su hombro y estuvo acompañada de un bellísimo ajuar con una diadema de plata. Quizá se trate de una princesa gobernante, de hecho, los suntuosos entierros de mujeres argáricas y los estudios genéticos de decenas de individuos conducen a pensar que los argáricos fueron gobernados por mujeres. Sobre este tema y acerca del enigmático entierro de un probable enemigo junto al “hogar”, platicaremos la próxima semana en la segunda entrega dedicada a La Almoloya. Hasta entonces.
(1) https://eldespertador.com.mx/los-argaricos-pueblos-iconoclastas-gobernados-por-princesas-panimil-centro-de-estudios-antropologicos-e-historicos/
Fotografías: Claudio Obregón Clairin
Facebook: Panimil – Centro de Estudios Antropológicos e Históricos





