2 mayo, 2026

LA CONSIGNA: DEMOCRATIZAR AL PODER JUDICIAL – Roberto Hernández Guerra

Aun cuando el presidente López Obrador considere a los “conservadores” como sus oponentes y no como sus enemigos, aquellos no piensan igual. El rencor que llega a transmutarse en odio hacia el tabasqueños se manifiesta en la mayoría, sean comunicadores, políticos o empresarios, todos ellos beneficiados por la corrupción del pasado. Ejemplos de la “amlofobia” los encontramos a diario en la mayoría de los medios de información, donde se urden mentiras acompañadas del vocerío anónimo de las “redes”, donde se tejen groseras insolencias.

Pero a estos personajes que son parte o representan a un pasado de corrupción, discriminación y segregación social que se manifestó en convertir a México en un país de extremos, de multimillonarios inscritos en la lista de Forbes por una parte y de millones de pobres  por la otra, con un reducido sector que se auto incluye en la llamada clase media y que se alimenta de las sobras del pantagruélico festín, por olvido o ignorancia supina no toman en cuenta una de las principales recomendaciones que podemos encontrar en “El Arte de la Guerra”, del clásico chino Sun Tzu.

En las páginas escritas por este general, estratega y filósofo, que vivió durante el período llamado “de los Reinos Combatientes (476-221 a.c.), encontramos la  siguiente sentencia:  “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cientos de batallas. Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada victoria que ganes también sufrirás una derrota. Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en cada batalla”, y esto último es lo que le espera a quienes subestiman la habilidad política de López Obrador, la cuantía de los mexicanos que desean la transformación y por último, sus propias debilidades.

Pero hablemos de un ejemplo de la capacidad de planear estrategias y táctica de quien encabeza la 4 T, dejando para otra ocasión la valoración del apoyo que recibe y de las debilidades de sus adversarios.

Es obvio que en la campaña política que lo llevó a la presidencia, el nacido en el remoto poblado de Tepetitán más que basar su crítica a los efectos nefastos del neoliberalismo imperante durante 36 años, lo hizo enfocándose en la corrupción que acompañó al modelo económico, como hermana siamesa. La razón era obvia, la mejor comprensión de este tema por parte de la mayoría electoral, a diferencia de lo que significaba la complejidad del tema económico; más tarde habría tiempo para denunciarlo y así lo hizo.

En estos momentos, en vísperas del proceso electoral del próximo año, donde más que proyectos personales está en juego el proceso de transformación iniciado, enfrentado al proyecto de restauración del pasado, López Obrador pone a discusión un tema que persiste en el imaginario popular: de nuevo la corrupción, pero ahora la que permea en el poder judicial.

Como aquellos que se internan en un pantano y que mientras más avanzan más se hunden, los oponentes de toda naturaleza, llámeseles conservadores, bloque de contención, prianismo, intelectuales, columnistas, empresarios, etc., agregan a sus filas a un nuevo aliado, el poder judicial que los sume más en las arenas movedizas. Los campos se delimitan y la opinión de la mayoría de la población se aclara de nuevo: si en la elección pasada se votó en contra de la corrupción, en la próxima se hará por conservar lo que se ha avanzado y en lograr aún más, renovando a un poder judicial alcahuete de “la mafia del poder”. El camino es sencillo, que este “poder”, al igual que el ejecutivo y el legislativo, sea electo por el voto popular. Democracia pura, aunque no le guste a los que subestiman al pueblo.

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