
A punto de entrar a un nuevo ciclo escolar, hoy vemos que este problema de la pandemia es como una pelotita de pinball que rebota y golpea por todos lados, incluyendo al sector educativo, uno de los que mayor atención merecen para el óptimo desarrollo del país, y que también será víctima del coronavirus.
Está visto que el sistema educativo público en México hace como un embudo, en el que miles o millones de menores pueden ocupar un lugar sin problema alguno en el nivel básico o primaria y que se va cerrando conforme avanza los grados al pasar a secundaria, después preparatoria o bachillerato hasta llegar a la universidad, siendo que la capacidad del gobierno no es suficiente, especialmente en algunas carreras.
Por ello es que muchos alumnos ven imposible continuar con sus estudios, al no ser aceptados por universidades públicas, tras realizar sus exámenes de admisión. Sin embargo, también son muchos los que pueden cubrir un gasto en un plantel privado, ya sea a través de una beca o porque los padres pueden hacer un esfuerzo para cubrir las colegiaturas mensuales.
Es así que, debido a esta crisis por la pandemia, podrían ser muchos miles de estudiantes que se verían obligados a desertar, a dejar sus estudios, afectándolo de manera individual, y generando un grave boquete en la vida de este país.
Las universidades privadas prevén una reducción de su matrícula de entre 10 y hasta 30 por ciento para el próximo ciclo escolar a causa de la pandemia de covid-19.
Incluso se estima que entre un 10 y 15 por ciento de las instituciones de educación superior privadas en el país están en riesgo de no soportar la crisis y se verían obligadas a cerrar sus puertas.
De esta manera, la crisis tendrá un efecto en las aspiraciones y posibilidades de algunos jóvenes para seguir estudiando en las instituciones de educación superior privadas.
A nivel nacional, la matrícula de universidades privadas representa casi 40 por ciento de la matrícula de la educación superior. La implicación en porcentaje es muy alta. Si de este 40 por ciento, un 10 por ciento o un 20 o un 30 por ciento no puede continuar sus estudios en una universidad privada, muchos buscarán la alternativa de la educación pública, un primer problema que tendríamos que enfrentar como sociedad es que la oferta pública también es limitada, como decíamos, por los espacios que ofrecen estas universidades.
En México, un millón 655 mil estudiantes están inscritos en instituciones y universidades privadas.
Para aterrizar la idea en Cancún, la Universidad La Salle que cuenta con diversos campus en el país, tiene una matrícula de 12 mil estudiantes, y estima que para el próximo ciclo escolar entre cinco y 10 por ciento de sus alumnos puedan tener dificultades para pagar sus colegiaturas, aún con los apoyos ofrecidos por la institución, entre los que se encuentran el hecho de no incrementar sus cuotas para el siguiente ciclo escolar.
Lo cierto es que si bien algunos estudiantes pueden migrar a otras instituciones más o menos consolidadas, a unas más baratas o a la universidad pública, la otra posibilidad es que deserten o interrumpan sus estudios, lo cual es un panorama terrible para un país en vías de desarrollo que urge de gente bien capacitada.
Es tiempo de pensar en soluciones prontas, porque el hueco que pudiera surgir en la educación superior de miles de estudiantes, también lo va a pagar muy caro este país.
Una propuesta sería otorgar becas y más becas, sobre todo si las clases serán en línea, si no se utilizarán sus instalaciones…La Universidades privadas deben ver por el beneficio del país y no sólo por el propio.

