HAROLD AMÁBILIS
HECELCHAKÁN.- La cuenta regresiva para el inicio de los festejos en honor al Señor de la Salud avanza en medio de una calma inusual y preocupante. A diferencia de otros años, cuando a estas alturas el primer cuadro de la ciudad ya mostraba el trajín de los preparativos, hoy la incertidumbre se apodera de comerciantes y habitantes. El corazón del problema late en la indefinición sobre los espacios que albergarán las actividades tradicionales, una circunstancia que pone en riesgo la realización misma de la verbena popular.
Históricamente, la feria ha encontrado su pulso en el centro de la comunidad. El cierre de calles aledañas a la plaza principal y el bullicio que emana de los puestos instalados a pocos pasos del templo configuran una postal entrañable que los hecelchakanenses reconocen como propia. El calor de la verbena, la cercanía de los juegos y la facilidad para transitar entre el recinto religioso y la diversión mundana han consolidado un tejido festivo que durante décadas ha funcionado con naturalidad.
La propuesta del Ayuntamiento encabezado por Cevastían Yam Poot de trasladar buena parte de la fiesta hacia la unidad deportiva Xkalumkín modifica ese equilibrio consuetudinario. La intención oficial apunta a descongestionar las vialidades centrales, pero el remedio amenaza con desarraigar la celebración. Desplazar el gentío, los puestos de antojitos y las estructuras de diversión hacia la periferia del estadio implica alejar a la feria de su eje histórico y simbólico. La medida, aunque quizá funcional en términos viales, corre el riesgo de enfriar el ambiente y diluir la esencia de un festejo que se ha nutrido siempre de su inmediatez con la vida cotidiana del pueblo.
El panorama se complica aún más debido al firme rechazo del núcleo ejidal. Los campesinos sostienen la propiedad sobre los terrenos del complejo deportivo y han dejado claro que no avalarán el uso del inmueble para la instalación de juegos mecánicos o bailes multitudinarios. Ante la falta de documentos que acrediten la posesión municipal, la asamblea ejidal mantiene su postura inamovible. A este desencuentro se suma el adeudo que la administración local arrastra por la renta del basurero, una circunstancia que ha erosionado cualquier posibilidad de diálogo fluido.
La consecuencia inmediata de esta parálisis es la ausencia de ubicaciones definidas para los feriantes. A escasos días de la inauguración, los espacios que debieran estar repletos de estructuras metálicas y toldos lucen vacíos. La comunidad observa con creciente desazón cómo el reloj consume las horas mientras el epicentro de la festividad permanece a oscuras sobre su destino final.
La fiesta de Hecelchakán transita una coyuntura delicada. El nudo entre la postura ejidal y la propuesta de reubicación mantiene en riesgo la feria. De no destrabarse el conflicto, el municipio podría enfrentar un escenario adverso, una celebración mermada en sus atractivos culturales, carente del bullicio comercial que le otorga vida, o en el extremo más severo, la suspensión parcial de las actividades complementarias de la fe que cada año congregan a miles de devotos y visitantes en torno al Cristo de la Salud.

