6 septiembre, 2026

La historia de Mariano… – Así nos vemos

Edgar Prz

Mariano Pacheco venía de una ranchería cercana a San Cristóbal de las Casas, Chiapas, uno de los estados más pobres. Traía a Manuela como compañera de viaje y a Raúl, su hijo de dos años. Su equipaje era ligero: dos bolsas con ropa y una cajita con las cosas del bebé.

Tomaron un autobús económico de la línea Alianza para trasladarse a Cancún. Durante el largo del viaje, solamente dos panes y un refresco venían en su estómago. Raúl succionaba de vez en cuando la teta de su madre para extraer el poco lácteo que producía el cuerpo de Manuela.

Él era jornalero, campesino; cuidaba animales en un rancho, limpiaba terrenos para ayudar a su maltrecha economía. Eran estadística de la pobreza extrema: la que cala, la que golpea, la que lacera, la que lastima y ofende por su crudeza. Nunca habían entrado a un cine; es más, ni sabían qué era eso. Nunca habían comido hamburguesas, menos entrado a un restaurante de postín o de medio calado.

Están en el siglo XX, pero no viven en él. La modernidad tecnológica está muy distante de ellos. Esta es una realidad que persiste, que agobia. Es la vida diaria de cientos, de miles de chiapanecos que sobreviven por azares del destino.

Ellos no tienen la culpa de haber nacido pobres. El sistema los utiliza y los desecha; los ricos se aprovechan de su trabajo y los explotan, mientras la autoridad manifiesta un silencio de complicidad.

Salieron un viernes por la tarde y llegaron a Cancún el sábado al mediodía. Se atrevieron a salir de su ranchería por invitación de un pariente que, hace un par de meses, inició su aventura en solitario. Juan es primo de Manuela, trabaja de paletero; sale muy temprano y regresa al anochecer. Cuando le va bien vende 350 o 400 pesos y se gana entre 60 y 80 pesos diarios; a la semana obtiene poco más de 500 pesos. En su pueblo eso le pagaban al mes, por ello está contento ganando más y con menor esfuerzo. Su historia y el cambio de su patrón de vida motivaron a Mariano y viajó a probar fortuna; total, más mal que en su ranchería no le podría ir.

Chiapas es uno de los estados más completos en riquezas naturales; además es de los privilegiados en el tema del presupuesto federal. Los datos sobre la situación de pobreza y rezago social no cambian y continúa manteniendo un alto porcentaje de población indígena en situación de pobreza. En el informe del CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) se dio a conocer que los números con mayor población indígena en situación de pobreza se localizan en los estados de Chiapas, Hidalgo, Puebla, Quintana Roo y Yucatán, aunque cerca del 59 por ciento se encuentran en localidades chiapanecas.

Esto nos refleja que, aunque se destinen miles de millones de pesos en programas sociales, no es la solución para mejorar las condiciones de vida de la población. Se debe cambiar la política de un paternalismo absoluto a un abanico de oportunidades, a nuevas puertas que se les podrían abrir si se les ofrece, en lugar de dádivas, una verdadera “educación”. Hay que intentar profesionalizar a la gente y proporcionarles herramientas que generen más y mejores empleos.

Mariano y su familia salieron huyendo de ese infierno, de esa pobreza que ofende, y vinieron en busca de un sueño, ya no para ellos sino para que Raúl no sufra igual que ellos. Encontraron alojamiento por Rancho Viejo, en un multifamiliar: un predio con 5 casitas de cartón, lonas y tablas, y un pequeño baño colectivo. Ese es su nuevo destino. Mañana acompañará a Juan para que lo recomiende con el patrón y le concesionen un carrito de paletas; le enseñe la ruta, los peligros y las estrategias de venta. Así iniciará su periplo esta nueva familia que se integra, como muchas otras, a la economía informal. El hacinamiento, las difíciles condiciones y la nula calidad de vida serán sus acompañantes. A ellos todos los observan, pero no los ven; los escuchan, pero no los oyen. La sociedad adopta funciones de la inquisición: los juzga, los culpa y los castiga sin tener ellos la culpa de haber nacido pobres. ¿No lo cree usted?

La historia de Mariano puede parecer imaginaria, pero no lo es; es un denominador común entre nuestros indígenas. Muchos viven a costa de ellos, explotan las tradiciones, venden pedazos de cultura, hacen como que los apoyan posando para las fotos. Después de los flashazos, ¿qué sigue?…

Recuerdo una frase de García Márquez: podrás fracasar una y mil veces, pero vale la pena seguir intentándolo…

Mejor seguiré caminando y cantando: “Saber que se puede, querer que se pueda. Quitarse los miedos, sacarlos afuera, pintarse la cara color esperanza, tentar al futuro con el corazón… cambiar el aire depende de ti, te ayudará, vale la pena una vez más”.

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