17 mayo, 2026

“La Licuadora”: rescate, memoria y futuro – DE VIVA VOZ

Ojalá esta sea la primera de muchas acciones de mantenimiento preventivo a los monumentos de Cancún: Claudia Alicia Martínez Ávila, especialista a cargo de la restauración de la obra, ubicada en la glorieta de las avenidas Tulum y Uxmal

SALVADOR CANTO

La restauración del Monumento a la Historia de México —popularmente conocido como “la licuadora”, ubicado en la glorieta de las avenidas Tulum y Uxmal, cercana a la terminal de autobuses de Cancún, entra en su fase final. Considerado uno de los 15 monumentos catalogados como patrimonio cultural tangible de Quintana Roo, esta obra —construida en 1981 por el escultor José de Larra— presentaba daños estructurales severos, desprendimiento de relieves y filtraciones que comprometían su estabilidad.

Al frente de los trabajos se encuentra la restauradora de arte y arqueología Claudia Alicia Martínez Ávila, especialista con experiencia en salvamentos arqueológicos del proyecto Tren Maya y con formación internacional tras colaborar en labores de conservación en Luxor, Egipto. Nieta del exgobernador de Quintana Roo, Jesús Martínez Ross, hoy asume uno de los retos patrimoniales más visibles de Cancún: devolverle estabilidad y dignidad a un monumento que forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad.

En entrevista con El Despertador, Claudia Martínez habla De Viva Voz del diagnóstico que encontró, los retos técnicos y administrativos, su experiencia en excavaciones arqueológicas, su paso por Egipto y la urgencia de generar una cultura permanente de mantenimiento patrimonial.

—El Monumento a la Historia de México es paso obligado para miles de personas todos los días. ¿En qué condiciones lo encontró cuando retomó el proyecto?

—Fue una sorpresa importante. Yo ya había visto el inmueble a finales de 2021, cuando comenzaba a presentar ciertos deterioros. Sin embargo, cuando me llamaron nuevamente a finales del año pasado, el panorama era distinto: había desprendimientos, daños estructurales y problemas derivados de filtraciones de agua. Era evidente que el deterioro había avanzado.

—¿Cuál fue el primer diagnóstico técnico?

—Detectamos que las filtraciones habían oxidado las varillas internas de acero. Esa oxidación provocó que el material se expandiera y expulsara partes del relieve, incluyendo rostros completos. Era indispensable intervenir no sólo lo visible, sino la estructura interna.

—¿Es un gran reto?

—Sí, desde varios ángulos. Técnicamente lo es, pero también en términos de coordinación institucional. He trabajado muchos años con instancias como el INAH y equipos especializados en restauración; aquí se trata de un esquema municipal, con metodologías distintas. Parte del reto ha sido traducir conceptos técnicos a equipos multidisciplinarios.

—¿Qué materiales están utilizando en esta intervención?

—Uno de los cambios más importantes fue sustituir las varillas de acero por varillas de fibra de vidrio. Aunque existan filtraciones futuras, este material no se oxida. Además, empleamos distintos consolidantes y morteros compatibles con el concreto original.

—¿En qué etapa se encuentran actualmente?

—Estamos en fase final, trabajando con intensidad para que el monumento pueda ser reinaugurado en el aniversario de Cancún. Es un esfuerzo conjunto que también incluye mejoras eléctricas e iluminación.

—¿Qué significa para usted restaurar uno de los monumentos más visibles de Cancún?

—Es un honor. Cancún es una ciudad joven, pero ya tiene memoria. Este monumento es prácticamente una carta de presentación para quienes llegan a la terminal de autobuses. Muchos lo conocen como “la licuadora”, pero pocos saben su nombre o su historia. Que nuevas generaciones puedan acercarse, identificar sus relieves y leer sus frases es muy valioso.

—¿Hace falta mayor cultura de mantenimiento?

—Definitivamente. El deterioro es multifactorial: envejecimiento natural de materiales, errores constructivos, clima, descuido. Nada es eterno, ni siquiera el concreto. Lo ideal sería establecer programas periódicos de revisión y mantenimiento, no esperar a que el daño sea mayor.

—Por otro lado, usted participó en excavaciones vinculadas al Tren Maya. ¿Cuál fue su función?

—Trabajé en salvamento arqueológico, específicamente en el tramo 2, Valladolid–Cancún. Mi labor consistió en recibir, registrar, analizar y conservar las piezas que iban apareciendo durante las excavaciones.

—¿Qué tipo de hallazgos llegaron a sus manos?

—Cientos de objetos: vasijas, figurillas, ornamentos, piezas de cerámica, elementos metálicos, objetos de hueso y restos óseos humanos. Cuando concluyó mi colaboración, rondábamos el millar de piezas registradas.

—¿Qué le dejó esa experiencia?

—Fue profundamente formativa. Trabajamos con arqueólogos, geólogos, topógrafos, especialistas en drones. Fue un ejercicio constante de diálogo interdisciplinario en favor del patrimonio.

—También trabajó en Egipto. ¿Cómo llega esa oportunidad?

—Recién egresada, a través de una convocatoria académica. Postulé sin muchas expectativas y fui seleccionada. Fue una experiencia transformadora.

—¿Qué tipo de intervención realizó allá?

—Participé en labores de conservación de relieves pétreos y pintura mural en la tumba Tumba Tebana TT39, ubicada en El-Assasif, Luxor, que es un importante complejo funerario de la Dinastía XVIII (aprox. 1500 a.C.) perteneciente a Puyemrá, segundo sacerdote de Amón durante los reinados de Hatshepsut y Tutmosis III. Estar dentro del Valle de los Reyes, vivir y trabajar prácticamente en el desierto fue una experiencia académica y humana extraordinaria.

—Es usted nieta del exgobernador Jesús Martínez Ross. ¿Representa un compromiso adicional trabajar por el patrimonio del estado?

—Más que una carga, lo veo como una responsabilidad natural. Soy cancunense y creo que el patrimonio también construye identidad. Si queremos una ciudad con memoria, tenemos que cuidar sus símbolos.

—¿Qué espera que ocurra después de esta restauración?

—Que no pasen otros 40 años para intervenirlo nuevamente. Ojalá esta sea la primera de muchas acciones de mantenimiento preventivo a los monumentos de Cancún. Restaurar no es sólo reparar; es preservar la historia para quienes vienen detrás.

Related Post