Edgar Prz
En los últimos meses Tulum ha sido tendencia negativa, lo pusieron de moda, pero no para ayudarlo sino para afectarlo. Parecía una cena de negros (no soy racista ni discriminatorio), es una frase coloquial que se traduce en donde todos se pelean, discuten, se alteran y al final el acabose es el denominador común.
Tulum estaba atravesando por una buena racha, de pronto le cayó la “Maldición del Arux”. Ese pequeñito personaje, muchos lo asocian con los “duendes”, que según las historias ha cuidado lo que le pertenece y con los mayas había establecido armonía, concordia, misma que fue rota a la llegada de los “huaches”. Poco a poco se fue esfumando la alegría, el buen ambiente, el entendimiento se terminó de romper con el arribo de los militares, quienes no solo destruyeron parte de su “hábitat”, sino que se posesionaron de esas tierras, se sintieron dueños sin merecerlo.
Pusieron reglas para acceder a la Zona Arqueológica, a las playas que ellos habían cuidado y vigilado por siglos.
Los militares, sin consideración, hicieron y deshicieron para apropiarse de la historia y de un plumazo, alentados por López Obrador, acapararon todo y hubo cambio de régimen. Los tulumenses pasaron de la autodeterminación a tener que pedir permiso y les impusieron el pago de un tributo, costo por ingresar a la Zona Arqueológica a todos, hasta a los locales que son dueños. Aumentaron el precio al resto de connacionales y no se diga a los extranjeros. Esto originó que se formara un embudo que ha eclipsado la economía de Tulum.
Tulum está quedando en el olvido, apenas hace unos días cumplió 18 años de existencia como municipio y ya arrastra un déficit social impresionante. Los estándares, los pronósticos de crecimiento, no son nada favorables. Es una sumatoria de errores en tan poco tiempo y la gota que derramó todo fue el Parque del Jaguar. Gracias a la sugerencia de aquel, las autoridades locales estaban súper ilusionadas con que esas inversiones serían el detonante esperado, el ansiado Grial para que a Tulum nadie lo pare.
Lástima, Margarito, todo salió al revés, se desfondó el gobierno local ante la embestida del gobierno federal, quien se apropió de lo que les pertenece a los tulumenses y al suceder esto vino una cadena de sufrimiento que está colocando a Tulum al borde de la asfixia. El gobierno se hace al mudo, no opina; al sordo, no escucha los reclamos y ante tanta indiferencia al pueblo no le dejan otra salida que actuar, presionar, cerrar las carreteras, hacer plantones para que los volteen a ver. Mientras este distractor mata a Tulum, su selecto club de ediles, síndico y regidores ha demostrado su ineficiencia, banalidad, belicosidad, encono y pretende construir sus “islas personales” para tener influencia.
Son otros desmemoriados que han olvidado a quien los sentó en el Cabildo: al pueblo. Ahora el descaro, la desfachatez, la irreverencia del regidor que preside la Comisión de Turismo, quien influenciado por sus “kisines”, diablos, subió a las redes sociales un video donde no solo luce grotesco, sino que deja entrever su afición por los lujos. Luce un outfit donde solo los tenis Gabbana cuestan entre 11 y 17 mil 500 pesos, la playera Amiri entre 8,500 y 11 mil, más los lentes; trae un outfit de más de 50 mil pesos, un insulto para el pueblo, una verdadera afrenta para el común de la gente.
No me espantan los costos, me espanta la irracionalidad de las personas, la vanidad, lo artificial de la vida que llevan, desconocen que por la noche al dormir se despojan de todo y como la Cenicienta se convierten en “macuarros”. Lo indignante es que más del 60 por ciento de la gente de Tulum vive en pobreza y esas actitudes son una bofetada a la realidad.
Tulum languidece por mala planeación, por abusos cometidos por autoridades y prestadores de servicios, por aumentos desmedidos en precios y costos, por el descuido en la tenencia de la tierra, lo que ocasiona que existan invasiones cercanas a zonas de alta plusvalía, colindantes con la indiferencia, la ignominia, con zonas de invasión en donde el hacinamiento es regla general. Tulum no tiene un plan de rescate turístico, económico y menos lo tendrá con pelafustanes como el regidor Eleazar Mas, quien de huiro, de plebeyo, pasó a sentirse jeque árabe y demostrar que no tiene compromiso con la gente.
Esta no es la Transformación, es la Deformación y así se pavonean, esa imagen ficticia pretenden vender, fotos tomando vino, comiendo carpaccio de salmón, cuando todos sabemos que lo más refinado que había comido era kastakán de chicharra. Así es la vida, esa es la autoridad, se ve en el espejo y se siente Luis Miguel cuando su realidad es clon del Caimán. Se siente infumable, canta corridos de banda en el video “En diamantado”, de Natanael Cano, con eso se siente súper protegido y su ego se eleva arriba del cielo, mientras Tulum es invadido por el sargazo y el olvido.
Con estas autoridades ni a quién irle, ¿no lo cree usted?
Mejor seguiré caminando y cantando del tenor Rigo Tovar: “Perdóname mi amor por ser tan guapo, simplemente es un regalo celestial. Qué quieres, los hombres me persiguen, me han convertido en su objeto sexual. Perdóname mi amor por ser tan guapo…”




