8 agosto, 2026

LA PARADOJA TURÍSTICA DE CAMPECHE

Pese a concentrar algunos de los patrimonios históricos, culturales y naturales más importantes de México, el estado acumula dos años de retroceso en la ocupación hotelera y el empleo turístico, mientras las inversiones públicas aún no acreditan resultados capaces de revertir esa tendencia

Harold Amábilis

Campeche atraviesa uno de los periodos más complejos para su actividad turística en los últimos años. A pesar de concentrar algunos de los patrimonios culturales y naturales más relevantes del país, el estado acumula dos años de caída en la ocupación hotelera y de pérdida de empleos en los sectores de alojamiento y alimentos, mientras el flujo de visitantes sigue concentrado en apenas dos municipios. Las cifras plantean una pregunta inevitable sobre la eficacia de la estrategia turística aplicada en los últimos años.

En esta edición de El Despertador examinaremos los factores que explican este escenario. La caída de los indicadores hoteleros, la competencia con los destinos vecinos de la península de Yucatán, el deterioro del patrimonio histórico —que compromete uno de los principales atractivos del estado— y las inversiones en infraestructura, cuyo impacto aún no se refleja en una mayor afluencia de visitantes, conforman un diagnóstico basado en cifras oficiales y testimonios del sector. El análisis evidencia las limitaciones de un modelo que no ha logrado transformar la riqueza patrimonial de Campeche en una actividad turística capaz de generar crecimiento sostenido, empleo y una mayor permanencia de los viajeros.

Dos años de contracción sostenida

La actividad turística en Campeche acumula un periodo de desaceleración cuyos efectos se reflejan con claridad en la ocupación hotelera, el empleo y la distribución de los visitantes dentro del territorio estatal. Los indicadores disponibles dibujan una tendencia descendente durante los dos últimos años, lo que configura un escenario complejo para un sector que, pese a su importancia regional, no ha conseguido un crecimiento estable.

Los primeros signos aparecieron en 2025, cuando el promedio de ocupación entre enero y mayo descendió al 48.5 por ciento, frente al 52.4 por ciento registrado en el mismo periodo de 2024. Aquel dato, que entonces podía interpretarse como un ajuste temporal, terminó por consolidarse en 2026, año en el que el promedio cayó hasta el 41.4 por ciento, la cifra más baja desde 2022, cuando el sector aún resentía las secuelas de la pandemia. En apenas dos años, la ocupación acumuló una disminución de once puntos porcentuales, reflejo de un deterioro persistente pese a la reactivación general de la economía.

La evolución mensual de 2026 permite observar con mayor claridad esa contracción. Enero inició con una ocupación de 54.5 por ciento, indicador que todavía mantenía expectativas favorables para el resto del año; febrero retrocedió al 47 por ciento, marzo bajó al 43.3 por ciento y abril descendió hasta el 35.6 por ciento. Incluso la temporada de Semana Santa, considerada tradicionalmente uno de los periodos de mayor actividad para la industria turística, concluyó con resultados inferiores a los esperados. El presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Campeche, Héctor Cámara Mijangos, señaló que abril figuró entre los meses con menor ocupación del año y precisó que el retroceso fue superior al registrado durante 2025.

El comportamiento de la ocupación hotelera encuentra un reflejo directo en el mercado laboral. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, el sector de restaurantes y servicios de alojamiento perdió 8 mil 214 puestos de trabajo durante 2025, con reducciones anuales en tres de los cuatro trimestres. La tendencia continuó durante el primer trimestre de 2026, cuando se contabilizaron mil 835 empleos menos en comparación con el mismo periodo del año anterior, prolongando una dinámica que evidencia la dificultad para recuperar los niveles previos. Las cifras muestran, además, que el empleo turístico mantiene una fuerte dependencia de la estacionalidad, pues la contratación aumenta durante los periodos vacacionales y vuelve a disminuir al concluir esas temporadas. En ese contexto, el turismo figura entre los sectores más afectados por la pérdida de dinamismo observada en otros ramos de la economía estatal.

Los municipios de Campeche y Carmen concentran el 74.31 por ciento de la afluencia estatal, mientras que el resto participa con porcentajes considerablemente menores. Calakmul, pese a reunir la mayor proporción de visitantes extranjeros y albergar uno de los patrimonios arqueológicos más relevantes del país, representa únicamente una fracción del flujo total. Municipios como Dzitbalché, por su parte, mantienen registros reducidos. Esta concentración limita la derrama económica hacia otras regiones y reduce las posibilidades de consolidar un desarrollo turístico con una cobertura territorial más amplia.

La actividad de cruceros ofrece otro indicador del momento que atraviesa el sector. Seybaplaya recibió seis embarcaciones con alrededor de 400 pasajeros durante 2022, después de haber registrado un único arribo con 51 pasajeros en 2021. En los años posteriores, el puerto dejó de recibir escalas, hecho que refleja la pérdida de presencia de Campeche dentro de los circuitos turísticos del Golfo de México y el Caribe.

El visitante que llega a Campeche para recorrer su patrimonio arqueológico encuentra una oferta cuya afluencia permanece concentrada en un número reducido de espacios, situación que condiciona su experiencia y acorta su permanencia en el estado. Las zonas arqueológicas de Edzná y Calakmul encabezan las visitas con 25 mil 762 y 18 mil 558 personas, respectivamente, mientras el Museo de Arqueología Maya Fuerte de San Miguel recibió 19 mil 280 visitantes y el Museo de Arquitectura Maya Baluarte de la Soledad, 11 mil 436. En contraste, sitios de notable valor histórico y cultural como Tohcok, Chunhuhub y Santa Rosa Xtampak registraron apenas 178, 387 y 416 visitantes. La diferencia entre estos indicadores refleja una actividad turística concentrada en unos cuantos puntos, mientras buena parte del patrimonio permanece fuera de los principales circuitos de promoción y acceso. Esta situación reduce las posibilidades de prolongar la estancia de los viajeros y dificulta que la derrama económica alcance otras regiones de la entidad.

A este panorama se suma la marcada dependencia del mercado nacional. Durante 2024, los establecimientos de hospedaje recibieron un millón 416 mil 126 turistas mexicanos, equivalentes al 90.08 por ciento del total estatal, mientras que los visitantes extranjeros ascendieron a 155 mil 931, lo que representó apenas el 9.92 por ciento. Esta composición mantiene al sector sujeto al comportamiento de la economía interna y a una competencia creciente entre los destinos de la península de Yucatán por atraer al mismo segmento de viajeros, en un entorno donde la limitada articulación de los atractivos campechanos termina por cerrar el círculo de un modelo turístico que aún no encuentra una base sólida.

La competencia que no da tregua

La competencia por atraer visitantes en la península de Yucatán se ha intensificado se ha intensificado al mismo ritmo que el crecimiento del sector en la región. En este contexto, Campeche enfrenta un escenario que evidencia las diferencias entre los modelos de desarrollo turístico adoptados por los estados vecinos. Mientras Quintana Roo y Yucatán han logrado consolidar estrategias respaldadas por fuertes inversiones, conectividad y promoción permanente, Campeche intenta abrirse paso, al menos en el discurso, con una oferta orientada a segmentos específicos del mercado, una apuesta que aún no refleja resultados suficientes en la llegada de viajeros, la ocupación hotelera ni la generación de empleo.

Quintana Roo mantiene el liderazgo nacional gracias a una industria construida sobre el turismo de gran escala, la conectividad aérea internacional y una amplia infraestructura hotelera y de entretenimiento. Yucatán, por su parte, fortaleció su presencia mediante la promoción de su patrimonio cultural, la gastronomía y productos turísticos que mantienen actividad durante gran parte del año.

La expectativa generada por el Tren Maya apuntaba a que destinos del sur de la península, entre ellos Calakmul, recibirían un mayor flujo de visitantes. Sin embargo, las cifras continúan concentrándose en los polos turísticos tradicionales, situación que mantiene a Campeche en una posición secundaria dentro del circuito regional.

A este panorama se suma otro factor expuesto por especialistas durante el Congreso Turístico de Carmen. Proyectos de conectividad regional, como la carretera de cuatro carriles entre Escárcega y Villahermosa (tramo Macuspana-Escárcega, proyectado para 2028), amenazan con agravar la condición de Campeche como un mero territorio de tránsito si no se diseñan paradores y corredores de desembarque turístico. El riesgo no radica en la obra vial en sí, sino en la incapacidad institucional para convertir el flujo vehicular en permanencia turística, un fenómeno ya visible en el libramiento de Ciudad del Carmen, por donde circulan diariamente alrededor de 50 mil vehículos —equivalentes a unos 18 millones de viajeros al año— sin que esa movilidad se traduzca en una derrama económica para la ciudad.

Ante el avance de sus vecinos, el discurso oficial ha intentado matizar el desplome de los indicadores al presentar la baja afluencia como una supuesta apuesta deliberada por un “turismo de baja densidad”. Sin embargo, los datos muestran que esta narrativa no responde a una estrategia de nicho ni a un modelo de conservación sostenible, sino a la limitada capacidad de atracción del destino. La pérdida sostenida de ocupación hotelera y la caída en la generación de empleo reflejan un sector en contracción forzada, no un modelo alternativo gestionado con éxito.

Esa brecha también quedó expuesta durante el Tianguis Turístico México 2026, celebrado en Acapulco. Quintana Roo concentró sus esfuerzos en concretar contratos de preventa hotelera con operadores internacionales, aprovechando la interconectividad de sus doce destinos mediante el Tren Maya. Yucatán desarrolló más de mil 300 citas de negocios para promover experiencias comunitarias, gastronomía y productos especializados, estrategia que le permitió obtener cuatro reconocimientos nacionales por innovación. Campeche mantuvo presencia en el encuentro, aunque el principal resultado fue la firma de un convenio con CONCANACO-Servytur para fortalecer acciones de promoción conjunta.

La propuesta turística de Campeche conserva atributos que la distinguen, como la ciudad amurallada y la riqueza arqueológica de Calakmul. Sin embargo, esos valores enfrentan limitaciones relacionadas con la accesibilidad, la infraestructura disponible y el nivel de servicios que ofrecen otros destinos peninsulares con playas, cenotes y una oferta turística ampliamente consolidada. En una competencia que se intensifica año tras año, el desafío para Campeche consiste en convertir su patrimonio en una oferta capaz de atraer suficientes visitantes para que el turismo represente un verdadero motor económico y deje de depender únicamente de su potencial.

Crisis del patrimonio, factor de desánimo

El patrimonio histórico y cultural ha sido durante décadas uno de los principales distintivos turísticos de Campeche. Sitios arqueológicos como Calakmul, el Centro Histórico de San Francisco de Campeche, el Pueblo Mágico de Palizada y las comunidades del Camino Real conforman una oferta que ha permitido al estado construir una identidad propia dentro del turismo nacional. Sin embargo, ese mismo legado atraviesa un periodo de deterioro que comienza a reflejarse en inmuebles emblemáticos, templos, monumentos y edificios históricos cuya conservación avanza con lentitud, situación que despierta preocupación entre especialistas, habitantes y sectores vinculados con la actividad turística.

Las señales de desgaste dejaron de ser advertencias aisladas para convertirse en hechos visibles. En mayo de 2026, el Instituto Nacional de Antropología e Historia informó que al menos cincuenta inmuebles ubicados en la zona de monumentos históricos presentaban distintos niveles de deterioro y riesgo de derrumbe. La directora del Centro INAH Campeche, Adriana Velázquez Morlet, explicó que la llegada de la temporada de lluvias incrementaba la posibilidad de desprendimientos de cornisas y colapsos parciales de fachadas, motivo por el cual la institución buscaba fortalecer la coordinación con el Ayuntamiento para atender con mayor rapidez los reportes ciudadanos.

Las preocupaciones se confirmaron pocas semanas después. Durante junio colapsó parte de la mampostería del acceso de la iglesia de San Roque, conocida popularmente como San Francisquito, mientras el Baluarte de Santiago registró el desprendimiento de un lienzo de la muralla. Ambos episodios evidenciaron el estado de conservación de dos inmuebles representativos del Centro Histórico de San Francisco de Campeche, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial desde 1999.

El problema tampoco se concentra únicamente en la capital. En Hecelchakán, el exconvento franciscano presenta grietas que se han ampliado con las lluvias, mientras habitantes de Calkiní mantienen la preocupación por las condiciones estructurales de la capilla de San Miguel Arcángel. Estos casos reflejan un deterioro que alcanza distintos municipios y confirma que la preservación del patrimonio histórico constituye un reto de alcance estatal.

A la pérdida física provocada por el paso del tiempo se suman hechos que agravan el panorama. El robo del busto de bronce de Francisco I. Madero, en el barrio de San Francisco, y la desaparición de elementos pétreos del Monumento a los Héroes permanecen sin esclarecer plenamente, dejando al descubierto la vulnerabilidad de bienes que forman parte de la memoria colectiva de los campechanos.

La preocupación también ha sido compartida por especialistas. La presidenta del Colegio de Arquitectos de Campeche, Diana Piña Amezcua, advirtió que el estado de numerosas casonas del Centro Histórico y de los barrios tradicionales representa un riesgo para la conservación del reconocimiento otorgado por la UNESCO. Explicó que preservar estos inmuebles requiere el compromiso de las autoridades y de sus propietarios, quienes además enfrentan procedimientos complejos para obtener las autorizaciones necesarias del INAH antes de intervenir las construcciones. Desde ese organismo colegiado se han planteado propuestas orientadas a facilitar los procesos de restauración y evitar que el deterioro continúe avanzando.

Mientras la promoción turística mantiene al Centro Histórico como una de las principales imágenes de Campeche, comerciantes consultados para este reportaje señalaron que numerosos visitantes encuentran una oferta limitada de actividades para prolongar su permanencia en la ciudad. Esa percepción se combina con la presencia de edificios visiblemente deteriorados, un contraste que debilita la experiencia de quienes llegan atraídos por el valor histórico de la entidad y evidencia la necesidad de integrar la conservación del patrimonio con una estrategia cultural que fortalezca el atractivo del destino.

La historia de Campeche constituye uno de los pilares sobre los que se sostiene su identidad y buena parte de su actividad turística. La forma en que se atienda el deterioro de sus monumentos, templos e inmuebles históricos influirá en la imagen que proyecte el estado durante los próximos años. Mantener ese legado en condiciones dignas no representa únicamente una tarea de conservación arquitectónica; también significa preservar uno de los elementos que despierta orgullo entre los campechanos y da sentido a una herencia construida a lo largo de los siglos.

El reto de demostrar resultados

La estrategia de Campeche para fortalecer el turismo como una vía de diversificación económica ha concentrado buena parte de sus esfuerzos en la creación de infraestructura, nuevos sistemas de movilidad, circuitos turísticos, rehabilitación de espacios y proyectos destinados a ampliar la oferta estatal. Sin embargo, los datos disponibles todavía no permiten determinar con claridad el impacto de estas inversiones en indicadores como la llegada de visitantes, la ocupación hotelera o la actividad económica relacionada con el sector.

El Plan Estatal de Desarrollo 2024-2027 (PED) establece al turismo como una actividad estratégica para reducir la dependencia de otras ramas productivas e impulsar el desarrollo económico del estado. El documento plantea fortalecer esta actividad mediante la coordinación entre autoridades, empresarios, instituciones académicas y sectores sociales, con acciones enfocadas en la promoción del destino, la mejora de los servicios y el desarrollo de esquemas de turismo sostenible. El propio diagnóstico del plan reconoce obstáculos que limitan el crecimiento del sector, entre ellos la insuficiente oferta de transporte público, las deficiencias en algunos servicios turísticos y las dificultades de movilidad para los visitantes interesados en recorrer haciendas, zonas arqueológicas o playas. También identifica una capacidad hotelera limitada para recibir congresos de gran escala y una concentración de la actividad cultural en la capital, situación que reduce la distribución de los beneficios del turismo hacia otros municipios.

Bajo esta visión fueron planteadas rutas como Sol y Playa, Maya Colonial y Camino Real, además de la Red Estatal de Promoción de Turismo Comunitario. No obstante, la falta de conectividad, las necesidades de conservación del patrimonio y la limitada difusión de estos productos turísticos han dificultado su posicionamiento. Hasta ahora no se han presentado estudios públicos que permitan medir si estos recorridos incrementaron la afluencia de visitantes o generaron una derrama económica comprobable.

El Tren Maya fue incorporado a esta estrategia como una infraestructura destinada a mejorar la movilidad regional y fortalecer la actividad turística. El PED señala que su operación representa una oportunidad para ampliar las posibilidades de visita a los atractivos naturales, culturales e históricos de Campeche. Sin embargo, los primeros resultados muestran una demanda menor en comparación con otros puntos del circuito ferroviario.

Durante sus primeros 70 días de operación parcial, Campeche registró 11 mil 716 usuarios, cifra inferior a los 16 mil 572 pasajeros contabilizados en Mérida. Aunque para mediados de 2025 el sistema reportó más de 1.3 millones de pasajeros transportados, los mayores flujos se concentraron en los trayectos entre Mérida y Cancún, mientras que las conexiones hacia Campeche mantuvieron una ocupación menor. La ausencia de una estrategia integral que vincule las estaciones ferroviarias con los atractivos de la región ha limitado el efecto esperado sobre la llegada de turistas.

Una expectativa similar acompañó en la capital del estado al Tren Ligero de Campeche, inaugurado en julio de 2025 con una inversión superior a cinco mil millones de pesos. El sistema conecta el Aeropuerto Internacional, la estación del Tren Maya y el Centro Histórico mediante un recorrido de 15.2 kilómetros con catorce estaciones.

A un año de su puesta en marcha, no se han difundido evaluaciones públicas que permitan conocer si esta infraestructura modificó los patrones de movilidad turística, incrementó la llegada de visitantes o generó beneficios medibles para hoteles, restaurantes y comercios. Las autoridades han señalado que su evaluación debe considerar la rentabilidad social; sin embargo, todavía no existen indicadores públicos suficientes para valorar sus efectos en el sector turístico.

La Secretaría de Turismo estatal presentó, además, una cartera de 16 proyectos con una inversión de 56.7 millones de pesos distribuidos en ocho municipios. La mitad de estas acciones se concentra en Candelaria y Calkiní, con obras relacionadas con el ecoturismo y la mejora de servicios. En Candelaria se contemplan intervenciones en los Manantiales Pedro Baranda, un centro ecoturístico en Miguel Hidalgo y la zona arqueológica de El Tigre, incluyendo la construcción de un muelle turístico. En Calkiní se proyectan mejoras en el acceso a Isla Arena, un paseo turístico, la rehabilitación de un balneario y un mirador fotográfico. Champotón y Calakmul también forman parte del programa mediante acciones en centros ecoturísticos y accesos a cenotes.

Aunque estas obras buscan fortalecer destinos con potencial turístico, el propio PED advierte que la infraestructura, por sí sola, no resuelve problemas relacionados con la capacitación, la certificación y la calidad de los servicios. Estas limitaciones continúan afectando la experiencia de los visitantes y reducen la competitividad del destino.

En la capital campechana, uno de los proyectos recientes para ampliar la oferta turística fue el barco ornamental instalado en el malecón e incorporado al circuito cultural Legado de Astilleros. La obra requirió una inversión cercana a los diez millones de pesos y, debido a su reciente inauguración, todavía no cuenta con datos que permitan medir su impacto en la actividad turística. El proyecto generó cuestionamientos entre ciudadanos, principalmente por la prioridad asignada a ese gasto frente a otras necesidades urbanas. En redes sociales fue identificado como el “Barco de Hojalata” y surgieron opiniones que proponían destinar esos recursos a otras áreas, como la rehabilitación del malecón. La discusión reflejó las dudas sobre la capacidad de algunos proyectos para generar beneficios económicos comprobables.

El patrón de inversión muestra una apuesta concentrada en obras físicas, mientras que la información pública disponible no evidencia campañas permanentes de promoción que acompañen la incorporación de estos espacios a la oferta turística. Esta diferencia adquiere relevancia ante un escenario de bajo flujo de capital turístico registrado en Campeche durante el primer cuatrimestre del año fiscal 2026, con apenas 3.13 millones de dólares, una cifra muy inferior a la reportada por Quintana Roo, con 8 mil 300 millones, y Yucatán, con mil 363 millones.

La construcción de infraestructura no garantiza por sí misma la llegada de visitantes. El desarrollo turístico requiere promoción constante, conectividad, servicios competitivos y personal capacitado para transformar los proyectos en experiencias capaces de generar actividad económica. El desafío para Campeche consiste en cerrar la distancia entre las obras anunciadas y los resultados que puedan comprobarse en el territorio.

Sin una medición clara del impacto de las inversiones realizadas, los proyectos turísticos corren el riesgo de convertirse únicamente en infraestructura disponible, sin alcanzar el objetivo de dinamizar el sector. La siguiente etapa dependerá de la capacidad para vincular las obras con una estrategia de promoción, una operación eficiente y una mejora continua de los servicios que permita transformar la inversión pública en beneficios visibles para el estado.

Convertir el patrimonio turístico en una industria competitiva

La actividad turística de Campeche enfrenta un escenario que rebasa la promoción y obliga a revisar la forma en que se ha construido la política pública para el sector durante los últimos años. La riqueza histórica y cultural del estado mantiene un amplio reconocimiento; sin embargo, esa condición no ha logrado traducirse en un crecimiento sostenido de visitantes, ocupación hotelera, empleo ni derrama económica. Al mismo tiempo, el deterioro del patrimonio, la limitada especialización de la oferta y la ausencia de evaluaciones sobre la inversión pública mantienen abierto el debate acerca de la eficacia del modelo vigente.

Uno de los principales desafíos radica en la orientación del gasto destinado al desarrollo turístico. La inversión concentrada en infraestructura de gran escala, representada por proyectos como el Tren Ligero, ha requerido importantes recursos públicos sin que hasta ahora exista evidencia que permita establecer una relación directa entre esas obras y un incremento de la actividad económica vinculada al turismo. En ese contexto, resulta indispensable que las futuras asignaciones presupuestales estén respaldadas por auditorías de impacto y evaluaciones de rentabilidad que permitan conocer el rendimiento de las inversiones ya ejecutadas y orientar la toma de decisiones con base en resultados verificables.

La infraestructura, por sí sola, tampoco garantiza un mejor desempeño del destino. La movilidad requiere una articulación funcional que integre los distintos sistemas de transporte con las zonas arqueológicas, los municipios, las áreas naturales y los atractivos culturales, con el propósito de facilitar recorridos completos y favorecer estancias de mayor duración, evitando que Campeche permanezca únicamente como un punto de tránsito dentro de los itinerarios regionales.

Al mismo tiempo, la conservación del patrimonio histórico se ha convertido en una prioridad impostergable. El colapso y el deterioro estructural registrados en diversos inmuebles patrimoniales reflejan el desgaste acumulado de un activo que constituye uno de los principales elementos de identidad del estado y uno de sus mayores atractivos turísticos. La permanencia de esta situación compromete la competitividad del destino, por lo que resulta necesaria la creación de un fondo de intervención de emergencia orientado a estabilizar y restaurar las edificaciones con mayor nivel de riesgo dentro de la zona de monumentos históricos.

La definición del modelo turístico representa otro de los retos pendientes. Frente a la fortaleza que Quintana Roo mantiene en el segmento de sol y playa y al posicionamiento cultural alcanzado por Yucatán, Campeche requiere establecer con claridad el perfil del mercado al que pretende dirigirse. Si la apuesta se orienta hacia el turismo de investigación, conservación e inmersión cultural, esa estrategia demanda productos especializados, rutas integradas, certificaciones y servicios capaces de responder a las expectativas de esos segmentos, en lugar de sostener un discurso que presente la baja afluencia como parte de una decisión estratégica.

Esa especialización también requiere incorporar a los municipios del interior mediante esquemas comerciales que fortalezcan la participación de artesanos, cooperativas y prestadores de servicios, favoreciendo una distribución más equilibrada de los beneficios económicos y evitando que la actividad permanezca concentrada en un número reducido de espacios.

El desempeño del turismo en Campeche dependerá de la capacidad para corregir deficiencias estructurales que durante años han limitado el aprovechamiento de su patrimonio. La recuperación del sector exige medir con rigor el impacto de la inversión pública, preservar los bienes históricos que distinguen al estado y consolidar una oferta turística especializada, sustentada en objetivos definidos y en una planeación capaz de responder a las condiciones económicas que enfrenta la entidad.

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