14 agosto, 2026

La Política de Cochera – Tecnopolítica Geek

@_Chipocludo

Antes, para armar una campaña política anticipada, necesitabas millones de pesos, un estratega extranjero con acento rimbombante y un cuarto de guerra lleno de gurús de traje. Hoy, para buscar una gubernatura en Quintana Roo, solo necesitas un par de espectaculares y tener un sobrino que le sepa mover a la Inteligencia Artificial. Es fascinante. Me asomo a mis redes sociales y veo a los aspirantes a la elección de 2027 esa que por ley “no ha comenzado” convertidos en visionarios digitales. El hijo o el ahijado del candidato descubrió una plataforma de generación de video y ¡bum!, nos sacan de la manga propuestas en “francés”, conceptos que suenan hermosos, estéticas impecables y discursos automatizados que se escuchan sofisticados pero que no tienen pies ni cabeza en la realidad de Chetumal o Cancún. Es la democratización de la política: pasamos de la demagogia de banqueta al algoritmo de cochera. Total, si suena bonito y genera likes, ¿a quién le importa el contexto?  

Detrás de este carnaval digital se esconde una crisis profunda que el Ieqroo y el Teqroo parecen no querer o no poder ver. Mientras las autoridades se desgastan fiscalizando si una barda se pintó antes de tiempo o si una lona mide un centímetro más de lo permitido, las verdaderas campañas están mutando en la clandestinidad de los teléfonos móviles. Y cuidado, que esto no es juego. Recordemos cómo Donald Trump y Facebook sacudieron al mundo al usar algoritmos sofisticados para moldear el voto de la gente mediante perfiles psicológicos. Guardando las proporciones, ese laboratorio de manipulación masiva ya se puede replicar desde una computadora casera en Quintana Roo. Hoy, un software en manos de un pariente ingenioso puede micro segmentar a la población: inyectar miedo a unos, sembrar falsas esperanzas en otros y atacar con saña al rival, todo de manera invisible para el árbitro electoral. Estamos atrapados entre reformas que cambian las reglas a mitad de la carrera para eliminar contrapesos y una farsa proselitista permanente dentro del régimen. El vacío legal es absoluto: nuestro sistema fiscaliza rígidamente la lona física, pero es completamente ciego ante la mentira programada con precisión matemática.

La elección de 2027 ya comenzó en las pantallas, y la verdadera pregunta es qué tan dañada quedará nuestra democracia. No podemos seguir siendo espectadores pasivos de un catálogo de ocurrencias digitales, para mejorar, la ciudadanía debe elevar el costo de la mentira: si un candidato nos satura con videos perfectos en TikTok, exijamos el “cómo”, el presupuesto y la viabilidad real en las calles. Necesitamos transitar de la fiscalización de las formas a la fiscalización de la veracidad. Si permitimos que el próximo gobierno se defina por quién tiene el algoritmo más astuto y no el mejor proyecto, la política seguirá siendo un brillante espejismo digital mientras el estado permanece en el abandono. Al final, las pantallas no gobiernan; gobernará la incompetencia.

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