El acceso a servicios médicos en la entidad expone contrastes persistentes: mientras la infraestructura privada se consolida, amplios sectores enfrentan limitaciones en cobertura, insumos y atención, evidenciando un sistema fragmentado con desafíos estructurales sin resolver
(Primera parte)
EDUARDO MAY
El problema de salud de la sociedad yucateca tiene un rezago de décadas. Si bien la medicina yucateca es reconocida por sus profesionistas, centros hospitalarios y servicios privados, en contraste, los servicios de salud pública son altamente deficientes, rezagados y con problemas de infraestructura hospitalaria, capacidad operativa de personal y cobertura de servicios.
El primer hospital que se construyó en Mérida se edificó en 1599, incluso antes que la catedral de la ciudad —la primera edificada en el continente americano—, que data de 1600. La primera escuela de medicina en la capital yucateca se creó en 1833, siendo el primer antecedente de una institución formal para la formación de profesionales médicos y personal sanitario.
Con ello, es importante establecer que el primer Centro de Investigaciones Médicas se creó en Mérida en 1975, hace 50 años, bajo la rectoría de la Universidad de Yucatán, hoy Universidad Autónoma de Yucatán. Previo a ello, existen antecedentes de la presencia de investigadores extranjeros que trabajaron y aportaron conocimientos junto a médicos locales, ampliamente reconocidos.
Teniendo estos antecedentes, también es importante señalar que la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Yucatán es una de las más antiguas del país, donde egresan anualmente poco más de 160 profesionales en medicina general, lo que permite suponer que existe suficiente capital humano para atender los graves problemas de salud pública que padecen cientos de yucatecos.
También como antecedente, en las comunidades rurales aún es una práctica vigente la actividad de yerbateros, curanderos y brujos que brindan servicios generales, así como parteras y enfermeras empíricas que aplican técnicas y tareas de curación tanto a domicilio como en sus “consultorios” o centros de atención.
Todo ello permite establecer una mirada crítica sobre los problemas sanitarios de la sociedad en su conjunto: mientras en las zonas urbanas existe una sobreoferta de médicos y especialistas que se disputan a los pacientes, en las áreas rurales persisten carencias de lo más esencial, donde se presentan casos críticos sin asistencia y no llega la medicina formal.
Los registros sanitarios del Sector Salud advierten que los padecimientos más importantes de las familias yucatecas son la diabetes mellitus, las enfermedades respiratorias, las gastrointestinales y las afecciones cardiorrespiratorias. En el caso de la población infantil, la obesidad representa una afectación grave, mientras que los propios registros señalan que la salud mental también presenta cifras elevadas, principalmente en las últimas décadas.
Los primeros médicos en Yucatán
Gonzalo Navarrete Muñoz, cronista de la Ciudad de Mérida, indica en su estudio Historia de la Medicina en Yucatán que existe una “sólida tradición de la medicina en Yucatán”, que “obedece a la combinación de un conjunto de factores: la personalidad mística del pueblo yucateco que vio, y sigue viendo, en el médico un sacerdote con poderes para conjurar los males del cuerpo y, en no pocas ocasiones, hasta del alma; la posición geográfica de la península que ha facilitado las relaciones con el exterior, de aquí que la medicina en Yucatán viviera con los ojos puestos en las grandes ciudades del mundo; como sucede en otros pueblos, en Yucatán, la medicina, como profesión, atrajo a hombres valiosos que la han impulsado en distintos períodos”.


El contenido religioso-médico de la época prehispánica no ha sido todavía estudiado con profundidad por los historiadores especialistas. Al respecto, dice Don Alfredo Barrera Vázquez: “es oscuro como todo lo mágico; y más hay que decir: ese concepto se filtró a criollos y mestizos y ha prevalecido a través de los siglos, no en su estado original, pero sí con algunos de sus rasgos característicos”.
Los asombrosos hallazgos de la cultura maya la han envuelto en mitos; uno de ellos, sin lugar a duda, sería el relativo a lo que podríamos llamar “medicina maya”, que ha sido catalogada como la más avanzada del nuevo mundo.
Sin embargo, no existe la suficiente documentación para ofrecer un conocimiento detallado sobre procedimientos y productos utilizados por curanderos, sacerdotes o brujos en los primeros tiempos de la colonia, que aporten información sobre los alcances de la medicina practicada en la etapa precolonial.
“Se sabe, ciertamente, que durante los dos primeros siglos de la colonia se produjeron dos obras al respecto: el Diccionario Hispano-Maya y Maya-Hispano, Médico-Botánico de Yucatán, escritos por Avendaño; estos textos no se conservaron, ya que se perdieron cuando fueron expulsados los monjes franciscanos del convento de San Francisco, en Mérida, en el año de 1821”, refiere el historiador.
“Ha sobrevivido la recopilación hecha por el médico italiano Francesco Mayoli, quien ejerció en Campeche y Mérida antes de radicar en Valladolid, pero que nació envuelta en dudas, ya que la firmó con el seudónimo de Ricardo Ossado y, por éste y otros motivos, ha sido puesta siempre bajo la sombra de una sospecha”.
El texto de Mayoli, también apodado “El Judío”, aparece impreso en 1834, época en la que ya había medicina occidental en Yucatán, pues ya se había fundado la Escuela de Medicina de Mérida en 1833 por el médico cubano José Dolores Padrón. Los facultativos vieron con recelo el texto de Mayoli, negaban que lo hubiera escrito y desacreditaban su contenido para introducir la farmacopea de la época.
“A pesar de la carencia de documentos y manuscritos de los primeros años de la colonia, o precisamente por ello, ha existido en Yucatán, y existe hasta nuestros días, una fuerte tradición oral que cobró dimensiones considerables en los tiempos coloniales por la falta de médicos en la provincia”, detalla Navarrete Muñoz.
El historiador Eligio Ancona Castillo asienta, categórico, que durante los dos primeros siglos de la dominación española no hubo un solo médico en Yucatán. Aunque otro historiador, Juan Francisco Molina Solís, lo contradice al aseverar que, con Don Francisco de Montejo, el Mozo, vino un médico llamado Don Juan del Rey, quien, después de haber realizado curaciones en Guatemala, se estableció en Mérida hasta su muerte.
Sobre este mismo tema, la historiadora Marcela González Calderón detalla en su obra Yucatán de Zavala, publicada en 2012, que el primer médico profesional que ofreció servicios en Mérida fue Lorenzo de Zavala —Manuel Lorenzo Justiniano de Zavala y Sáenz (Mérida, Yuc., 3 de octubre de 1788–Channelview, Texas, 16 de noviembre de 1836)—. De Zavala, político, médico y escritor, considerado también el primer masón en la península de Yucatán, fue secretario de Hacienda, gobernador del Estado de México, vicepresidente de Texas, protagonista de la independencia de ese territorio y considerado uno de los yucatecos más prominentes del siglo XIX.
Según la propia historiadora, los primeros médicos egresados de la Escuela de Medicina de Mérida se licenciaron hacia 1836, lo que permitió atender a la población sobre males que por años habían sido condición de exigencia, primordialmente respiratorios, gastrointestinales y cardiorrespiratorios.
La medicina que funciona
Los historiadores yucatecos que han documentado las condiciones de salud de la población indican que los padecimientos tradicionales han evolucionado por etapas. No hay registros exactos sobre la esperanza de vida en la época prehispánica; algunos investigadores estiman que la edad promedio era de entre 30 y 35 años.

La llegada de europeos a la península trajo consigo cambios significativos para la población maya, con la introducción de enfermedades y nuevas afectaciones de salud, principalmente derivadas de los propios padecimientos de los conquistadores. Hasta 1799, muchos mestizos yucatecos fallecieron por estas causas.
El investigador Wilberth Moo Sánchez detalla en su tesis Tiempos de calamidades. La coyuntura 1799-1810 en la provincia de Yucatán, ¿Sobremortalidad por hambrunas o epidemias?, que durante la época colonial gran parte de la población maya fue diezmada por enfermedades contagiosas sin cura, así como por la falta de médicos y medicamentos para atenderla.
No fue sino hasta la mitad del siglo XIX cuando, con el desarrollo y formación de médicos en la primera Escuela de Medicina de Mérida y el intercambio de profesionales sanitarios provenientes de Cuba, se abrieron en la ciudad las primeras boticas, con personal capacitado para cubrir las primeras recetas médicas mediante medicamentos elaborados con insumos traídos de distintos puntos, lo que dio impulso a la farmacopea.
A partir de esta etapa se reconfigura el desarrollo de la medicina en Yucatán: mejora de manera sustantiva la calidad de vida y se comienzan a atender problemas de salud mediante tratamientos dirigidos y especializados para la población en general.
La primera farmacia se abrió en Mérida aproximadamente en 1875, como droguería y farmacia, con personal “técnico” con conocimientos sobre medicamentos e insumos, lo que dio paso al desarrollo de pequeños laboratorios que producían fármacos bajo receta en distintos puntos del centro de la capital yucateca.
Los nuevos tiempos de la salud en Yucatán con cifras
Cifras del Sector Salud indican que, en los albores del siglo XXI, la esperanza de vida de los yucatecos es de 75.3 años para los varones y de 78 para las mujeres, lo que establece una mayor longevidad femenina tras la pandemia de Covid-19, que en Yucatán diezmó principalmente a la población adulta mayor de 60 años.


Los propios registros federales detallan que las enfermedades crónico-degenerativas que afectan con mayor impacto a la población son: la diabetes mellitus tipo II, la hipertensión arterial, las enfermedades del corazón —isquémicas—, los tumores malignos —cáncer— y los padecimientos hepáticos. La obesidad y el sobrepeso son factores clave que impulsan este perfil epidemiológico, junto con enfermedades respiratorias e infecciones intestinales, que también representan problemas significativos de salud.
A su vez, los problemas médicos en la población infantil incluyen infecciones respiratorias —resfriado, bronquiolitis y neumonía—, enfermedades diarreicas, malformaciones congénitas y problemas perinatales en menores de 5 años. Además, la obesidad, el asma, el TDAH, las alergias y problemas de salud mental como ansiedad y depresión son prevalentes, por señalar los más importantes.
Esto implica que los nuevos tiempos, la alimentación, las condiciones socioeconómicas, los factores geográficos y la vida sedentaria han modificado la calidad de vida de la población peninsular, lo que también ha transformado las condiciones sanitarias en general.


Actualmente, el ritmo de vida, las condiciones ambientales, la carga de estrés y los problemas urbanos también impactan en el desarrollo de la población, aunque con diferencias marcadas entre zonas rurales y urbanas.
Los datos estatales de población indican que Yucatán cuenta con 3.56 médicos y enfermeras por cada mil habitantes, lo que equivale a 356 por cada 100,000 habitantes, situando al estado entre los de mayor cobertura de personal de salud en el país. No obstante, persisten retos en la distribución, lo que evidencia diferencias en la atención y cobertura entre áreas rurales y la zona metropolitana de Mérida.
Asimismo, datos estadísticos estatales señalan que en el estado operan 27 hospitales públicos y 27 privados, sumando un total de 54, concentrados principalmente en Mérida, con niveles de primera, segunda y tercera atención médica.
Estos se distribuyen de la siguiente manera: la Secretaría de Salud dispone de 11 nosocomios, entre ellos el Hospital Agustín O’Horán, el Hospital Materno Infantil, el Hospital Psiquiátrico y el Hospital de Alta Especialidad, que en conjunto suman poco más de 1,200 camas censables.
De estos, siete se ubican en Mérida y cuatro en el interior del estado: el Hospital Comunitario de Peto, el de Ticul y los hospitales generales de Tizimín y Valladolid. En el caso del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), cuenta con 10 hospitales, tres en Mérida y siete en el interior del estado.
Por su parte, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) dispone de un hospital regional en la capital yucateca y dos clínicas. La Defensa cuenta con un hospital militar regional y la Marina con el Sanatorio Naval de Yucalpetén. La Cruz Roja dispone del hospital de ortopedia y el Hospital Anticanceroso en Mérida.
En conjunto, estos nosocomios suman un total de mil 842 camas censables. El hospital con mayor capacidad es la Unidad Médica Nacional Lic. Ignacio García Téllez del IMSS, con 263 camas, mientras que el de menor capacidad es el Hospital Anticanceroso de la Cruz Roja, con solo cuatro camas. Además, entre los hospitales existen 912 camas no censables.
De estos, el 27 por ciento no cuenta con máquina de rayos X; solo 18 tienen una fija y uno una portátil. El 60 % dispone de quirófano, es decir, 16 de los 26 hospitales del estado; la misma cantidad cuenta con atención las 24 horas. Son 22 los centros de salud con consulta externa, mientras que 16 están equipados con sala de expulsión.
Con la operación del Hospital Materno Infantil y el Hospital Faro del Mayab, la entidad alcanza un total de 54 hospitales en toda su geografía.
De esta manera, Yucatán se posiciona como uno de los estados con mayor afluencia de turismo médico; actualmente se encuentra entre las 12 entidades con mayor recepción de pacientes de otras partes del país y del extranjero, principalmente en el sector privado. Los hospitales regionales del IMSS, ISSSTE y Defensa, en su primer nivel, atienden pacientes de Veracruz, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Campeche, Quintana Roo y, desde luego, Yucatán.
Diferencias de atención urbana y rural

Con todo el aparato sanitario —hospitalario y médico— antes descrito, los contrastes en la atención entre la población urbana y rural son muy marcados.
El estudio Barreras en los servicios de salud de Yucatán que determinan que las mujeres embarazadas de bajos recursos seleccionen el modelo de partería tradicional para la atención de su parto, de las médicas Gloria de los Ángeles Uicab Pool y Mercedes María Margarita Juárez, destaca estas disparidades.
La investigación, realizada en municipios del centro-sur del estado, puntualiza las diferencias en condiciones de atención, cuidados y calidad de vida de las pacientes, en este caso mujeres embarazadas, en comparación con zonas urbanas. En particular, la medición se aplicó en Maní, Sabacché, Tixméhuac, Tixcacaltuyub y Tadzibichén, estas últimas comunidades mayas del municipio de Yaxcabá, clasificadas con alta marginación.


El informe documentó que uno de los principales problemas es el desconocimiento de la lengua maya en la atención médica. En muchos casos, médicos residentes provenientes de otras regiones desconocen costumbres, tradiciones, rituales y conocimientos ancestrales, lo que genera problemas de comunicación con la población maya hablante.
De igual forma, se identifican deficiencias como la mala calidad de insumos médicos, rezago en equipamiento y espacios, falta de higiene en áreas de atención, problemas en farmacia y surtido de medicamentos, así como la ausencia de especialistas para atender casos complejos o de urgencia.
El estudio también cuantificó aspectos relacionados con la práctica médica, conocimientos del personal y calidad de atención en adultos e infantes, evidenciando diferencias en resultados de salud, especialmente en especialidades poco accesibles y enfermedades de atención primaria.
En la valoración del estudio influyó la idiosincrasia de las pacientes, quienes expresaron temor a ser regañadas o maltratadas por el personal de salud. Mencionaron su miedo a que “las corten” —en referencia a la cesárea— y su inconformidad con el exceso de valoraciones ginecológicas —tactos vaginales— durante el monitoreo del parto.
Asimismo, se documentó que el personal de salud sanciona a las mujeres cuando sus bebés nacen fuera del ámbito hospitalario, es decir, con apoyo de parteras tradicionales, sobadoras o comadronas, lo que evidencia prácticas de trato inadecuado que afectan la confianza en el sistema de salud.
De igual forma, con base en datos del sector salud estatal, los padecimientos más críticos en la población infantil son la desnutrición, los problemas gastrointestinales, los cuadros respiratorios y los padecimientos cancerígenos, muchos de ellos aún no plenamente estudiados en su origen.
Finalmente, según el Inegi, la mortalidad en Yucatán presenta disparidades, con una tasa general proyectada de 6.12 por ciento en 2019. Históricamente, las zonas urbanas de Mérida concentran cerca del 75 % de las muertes, mientras que las áreas rurales (haciendas y ranchos) representan alrededor del 20 %, lo que, en proporción a su población, refleja una incidencia elevada.
La atención médica y hospitalaria en la zona urbana
Si bien los tiempos actuales son críticos para el sector salud por la sobresaturación en la atención a población abierta tras la pandemia de Covid-19, las políticas públicas aplicadas han incrementado la presión sobre sanatorios, clínicas suburbanas y hospitales que atienden a la población más vulnerable.


Este problema también se refleja en la población infantil. En el estudio Mortalidad infantil y marginación en la península de Yucatán , de las médicas Rosa María Méndez González, Ana García de Fuentes y María Dolores Cervera Montejano, investigadoras del Cinvestav-Unidad Mérida, se destaca que, si bien la mortalidad infantil se ha reducido en los últimos años, en el país es en promedio de 13.1 por cada mil habitantes; en Yucatán, esta cifra asciende a 13.83, superando la media nacional y colocándose como la más alta de la región peninsular.
El reporte indica que el censo de 2020 mostró que Campeche registró una mortalidad infantil de 9.51 por cada mil habitantes, Quintana Roo 13.25 y Yucatán 13.83, es decir, la cifra más elevada en la región.
Asimismo, destaca que, aunque las zonas urbanas disponen de mejores servicios médicos y atención hospitalaria, las zonas metropolitanas marginadas no reciben esta misma cobertura, lo que se refleja en las tasas de mortalidad, tanto en infantes como en adultos mayores de 65 años.
Las conclusiones del estudio indican que, al igual que a nivel nacional, en la península de Yucatán las condiciones de vida y de salud no son homogéneas entre los estados ni entre municipios. Las diferencias socioeconómicas y las disparidades en la atención hospitalaria inciden en estas tasas de mortalidad, particularmente en el rubro infantil.
Por otra parte, la población mayor de 65 años presenta marcadas diferencias en el acceso a la atención médica. Mientras Mérida se posiciona a la vanguardia en servicios de salud de alta calidad, con hospitales y clínicas que ofrecen especialidades comparables a las de Europa y Norteamérica, la calidad de la atención para este sector depende en gran medida de la condición socioeconómica.
Estas diferencias se reflejan en jubilados, pensionados e incapacitados que dependen de las instituciones públicas de salud, quienes en los últimos años han recurrido a servicios privados ante la sobresaturación en hospitales y clínicas del IMSS, ISSSTE, Pemex y del sistema militar, donde se acentúa la falta de medicamentos de alto costo y se recurre a farmacias comerciales.
Según el Inegi, con cifras de 2025, en Yucatán residen 139 mil 653 personas mayores de 65 años, de las cuales únicamente el 45 por ciento cuenta con servicios médicos asegurados. Esto implica que una proporción significativa, principalmente en grupos marginados, depende de servicios privados o asistenciales. En tanto, un 9 por ciento corresponde a población migrante que también recurre a atención sanitaria.
El Inegi detalla además que en Yucatán laboran 27 mil 141 profesionales titulados en el sector salud, de los cuales 3 mil 547 son médicos generales y 16 mil 821 cuentan con especialidad; esta cifra incluye a mil 265 odontólogos y mil 265 médicos residentes. De ellos, 7 mil 399 pertenecen a instituciones públicas. Asimismo, se contabilizan cerca de 17 mil 800 enfermeras y personal de asistencia médica en los sectores público y privado.
En cuanto a indicadores salariales, en el sector público el ingreso promedio del personal médico es de 19 mil 800 pesos, mientras que en el sector privado alcanza los 37 mil 600 pesos, lo que también refleja diferencias en la calidad del servicio y la atención hospitalaria.
Primeras conclusiones
• Desigualdad y calidad del servicio: el contraste público-privado

La calidad de la atención en Yucatán está directamente ligada al poder adquisitivo y a la ubicación geográfica.
Sector público (IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar): aunque Yucatán cuenta con una tasa de médicos y enfermeras superior al promedio nacional (aproximadamente 3.56 por cada 1,000 habitantes), el acceso efectivo se estima en apenas 35%. Los tiempos de espera para cirugías o consultas de especialidad pueden extenderse de seis meses a un año.
Sector privado: Mérida se ha consolidado como un centro médico regional de alta especialidad, con hospitales que ofrecen tecnología de punta (resonancias, tomografías). Sin embargo, estos servicios resultan inaccesibles para cerca del 80% de la población local debido a sus costos.
Capacidad instalada: el estado mantiene un promedio de 7 a 8 camas por cada 10,000 habitantes, cifra muy por debajo de las 18 camas recomendadas por la OMS para garantizar una atención adecuada.
• El desafío del desabasto de medicamentos
A pesar de la implementación del modelo federal consolidado, el desabasto persiste como una de las principales quejas en 2025 y principios de 2026. Se estima que el IMSS, a nivel nacional —incluidas las delegaciones en Yucatán—, falla en surtir entre 28 mil y 70 mil recetas diarias.
Medicamentos críticos: la escasez es más aguda en fármacos para diabetes (insulina), hipertensión (amlodipino), salud mental (metilfenidato) y tratamientos oncológicos. Esto obliga a familias de menores ingresos a destinar hasta el 40% de su ingreso mensual a la compra de medicamentos o, en su defecto, a suspender tratamientos.
• Saturación hospitalaria y “hospitalismo”
La saturación no responde únicamente a la falta de camas, sino también a problemas de gestión y flujo de pacientes.
Saturación en Mérida: debido a la centralización de la infraestructura de alta especialidad (HRAEP, O’Horán, Juárez), los hospitales operan de manera constante entre el 90 y el 100% de su capacidad.
Condiciones hostiles: el hacinamiento en salas de espera y la falta de espacios para familiares provenientes del interior del estado generan condiciones precarias durante las estancias hospitalarias.
• Población abierta maya: vulnerabilidad y barreras
La población maya en comunidades rurales enfrenta una “doble exclusión”: económica y cultural.
Barrera idiomática y cultural: aunque existen iniciativas como las “Redes Integradas de Servicios de Salud” (iniciadas en febrero de 2026), persiste la falta de personal médico que hable lengua maya y comprenda la cosmovisión indígena.
Calidad de vida: para un paciente maya sin seguridad social, acceder a un hospital en Mérida implica costos de transporte, alimentación y alojamiento que el sistema no cubre. Esto deriva en diagnósticos tardíos; enfermedades como la diabetes y los padecimientos renales suelen detectarse en etapas avanzadas.
Integración de la medicina tradicional: el gobierno ha comenzado a censar y apoyar a parteras tradicionales (con apoyos de 3,000 MXN bimestrales), con el objetivo de reducir la mortalidad materna en zonas marginadas.
En este contexto, el sistema de salud en Yucatán presenta una fragmentación crítica. Mientras Mérida se consolida como destino de turismo médico privado, las zonas rurales y los cinturones de pobreza en la capital enfrentan una crisis de insumos, personal y espacio.
La transición al modelo IMSS-Bienestar aún no ha logrado cerrar la brecha de atención para la población maya, que continúa siendo la más afectada por la falta de medicamentos y la saturación hospitalaria.
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Esta investigación sobre el sistema de salud en Yucatán no se agota en este análisis. La complejidad de sus desafíos —desde la infraestructura y el personal hasta la desigualdad en el acceso y la calidad del servicio— requiere una revisión más profunda y puntual de sus distintas aristas. En una próxima edición de El Despertador de Yucatán se abordarán nuevos aspectos que permitirán ampliar el diagnóstico y explorar posibles rutas de atención a una problemática que continúa en evolución.

