2 mayo, 2026

LA ÚLTIMA LÍNEA DE DEFENSA – Roberto Hernández Guerra

Después de los resultados electorales del 2 de junio, a las fuerzas coaligadas en contra de la 4T y de López Obrador no les queda más que establecer su “última línea de defensa” en una quimera: el rompimiento entre la candidata triunfadora y su mentor político.

La idea se funda en que se repita como en un guion preestablecido, lo que sucedió en el pasado. Cárdenas montando en un avión a Calles para mandarlo al exilio; Díaz Ordaz lamentando el haberse decidido por Echeverría; López Portillo enviando de embajador a las Islas Fiyi, dondequiera que queden, a su antecesor; Zedillo encarcelando al hermano incómodo de Salinas y huelga de hambre de por medio, la salida de éste del país.

La esperanza es lo último que muere y en lugar de reconocer que México, o más bien sus habitantes, han cambiado y que están conscientes del poder que les otorga su voto, se aferran a estereotipos del pasado; en particular a los mencionados rompimientos que se daban entre quienes dejaban el poder y sus sucesores.

Pero las “líneas de defensa” tienen su punto débil, ya sean las tradicionales empleadas en los frentes de guerra o las de naturaleza política. Conveniente es recordar que en años previos a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en previsión de los riesgos que representaba el expansionismo alemán, el gobierno francés decidió protegerse con una muralla fortificada a lo largo de su frontera con el país vecino. La llamada Línea Maginot incluía 108 fortificaciones principales además de innumerables pequeños fortines, toda ella invulnerable al bombardeo aéreo y al fuego de los tanques. Sin embargo, tenía un punto débil en la región de las Ardenas, el que fue aprovechado por las tropas de Hitler para vencer a los defensores y obligar a la rendición de Francia,

Aunque la comparación esté fuera de lugar, la línea defensiva de la derecha, basada en el rompimiento entre el fundador de Morena y la Presidenta electa tiene no solo uno, sino muchos puntos débiles. El primero es que López Obrador es un gran conocedor de la historia nacional y por lo tanto no es capaz de repetir errores del pasado; de igual manera su habilidad política ampliamente demostrada, no nos permite concebir que repita patrones de conducta como los ya señalados o, más cercanos en el tiempo, las interferencias de Cristina Kirchner con el Presidente Fernández en Argentina. 

De igual manera, es bueno recordar que en la “dictadura perfecta” del priismo, como la catalogaba Mario Vargas Llosa, era necesario que el Presidente entrante borrara la imagen de su antecesor para generar expectativas de cambio que siempre se quedaban a deber. Estos rituales dejan de ser necesarios con el avance de la conciencia política de los ciudadanos y de la posibilidad de alternancia, Se castiga a quienes no cumplieron y se premia con votos a quienes dan buenos resultados.

Pero dejamos al final lo que considero más importante, pero que los adversarios del nacido en Tepetitlán no consideran cierto, que el Presidente sea inmune a las tentaciones del poder y del dinero y que al terminar su mandato se retirará a su propiedad de sonoro nombre en Palenque.

A final de cuentas, cualquiera de las razones que hemos expuesto y otras más que por falta de espacio nos reservamos, nos hacen pensar que la “línea Maginot de la oposición no va a funcionar. Y de los partidarios de la 4T, a la pregunta de que cuál de los dos, López Obrador o Claudia van a mandar, la respuesta sería como la que le dio Fernández Noroña a la conductora Azucena Uresti a similar interrogante: “la pregunta es una majadería”. 

Related Post