Sin el mínimo afán de convertirme en agente ministerial, investigador, ministerio público, juez ni absolutamente nada que se le parezca, me atrevo tan sólo a escribir unas líneas sobre un asunto que me parece sumamente delicado, en el que se puede acabar con la vida completa de una persona, con la reputación propia y la de su familia, quizá sin deberla, tal vez en la inocencia, en un hecho que lacera severamente aunque se tenga la conciencia íntegra.

Se trata de una serie de señalamientos en contra del profesor investigador de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo, Gilberto Avilez Tax, quien en una relatoría –de la cual tengo una copia– narra la forma en que ha sido acusado, señalado, sin pruebas, de la comisión de un delito que, asegura, jamás cometió.
Avilez Tax ha sido señalado por presunto hostigamiento sexual, un ilícito tan reprobable como difícil de demostrar; un delito condenado por la sociedad y por la ley, sí, pero también un arma que puede ser utilizada para dañar severamente a una persona, porque en este pecado, la voz de la mujer es la que impera, la que se impone al grado, incluso, de no verse obligada a comprobar sus acusaciones.
Sin embargo, el profesor investigador ha sido incriminado desde el anonimato, los señalamientos surgen desde la cobardía, lo que convierte la denuncia en doblemente dudosa.
Hoy, esta persona afirma ser blanco de infamias. Su nombre, su prestigio, su honorabilidad han sido mancilladas, con el único fin de denigrar su imagen.
Yo lo conozco, lo he tratado y en lo personal pudiera decir que se trata de un hombre íntegro, dueño de una conducta intachable, y no dudaría un ápice en cada palabra, en cada frase escrita en la defensa que hace de su persona dentro la relatoría escrita por él mismo.
Por ello, porque lo he tratado y sé quién es desde hace décadas, me atrevo a pedir a la sociedad quintanarroense evitar juzgarlo sin antes llegar a la verdad, porque tanto daño causa el ultraje a una mujer, como el señalamiento fundado en mentiras en contra de un hombre inocente.
Créalo, la verdad saldrá a flote, y juzgará con rigor a quien se debe de juzgar.

