16 abril, 2026

La Virgen Dolorosa de Chuina: una devoción nacida en la laguna

HAROLD AMÁBILIS

CHUINA.- En este pueblo rodeado de monte y humedad, la fe se ha vuelto parte de la vida cotidiana de sus habitantes. Aquí encuentra refugio una de las devociones más arraigadas de toda la península de Yucatán, la Virgen Dolorosa, conocida también como la Virgen de Chuina. Uno de los encargados de guiar las actividades religiosas y culturales en esta comunidad es Álvaro Canché Tun, presidente del comité de la feria, quien accedió a contar los detalles más profundos de esta tradición durante una conversación sostenida en el corazón del pueblo para El Despertador.

Canché Tun explicó que la feria dedicada a la Virgen comenzó este año el domingo 29 de marzo y se extendió hasta el jueves 2 de abril, fechas que coinciden con la Semana Mayor, aunque las actividades dedicadas a la devoción comenzaron unos días antes. Durante la feria, los feligreses participan en las ceremonias religiosas, acompañan a la imagen en sus recorridos por las comunidades vecinas, pernoctan a orillas de la laguna y recorren el entorno natural con la fe que ha convertido este santuario en uno de los más concurridos de la región. La devoción, dijo, no es algo nuevo, sino que viene de generaciones atrás, alimentada por historias que han sobrevivido al paso del tiempo.

El origen de esta veneración, según relató el presidente del comité, tiene un escenario muy particular, la laguna. Fue allí donde unos jornaleros dedicados a la extracción del chicle en medio de la espesura escucharon un día el sonido del agua moviéndose de forma extraña. Al mismo tiempo, los pájaros comenzaron a cantar sobre la superficie del agua, generando un ambiente místico. Cuando se acercaron a investigar, se dieron cuenta de que la Virgen estaba allí, emergiendo del agua como si hubiera vivido siempre en ese lugar. Aquel encuentro fortuito marcó el punto de partida de una peregrinación que con el tiempo se convertiría en una de las más importantes de la Península de Yucatán.

Canché Tun aseguró que mucha gente acude al santuario por motivos de salud. Personas enfermas le prometen a la Virgen que vendrán a visitarla si logran sanar, y luego regresan para cumplir su palabra porque, según el testimonio del organizador han recibido el favor solicitado o han obtenido alivio. Esa cadena de promesas y agradecimientos ha mantenido viva la llama de la fe durante décadas, atrayendo a creyentes no solo de Campeche, sino también de otras entidades peninsulares.

La magnitud de la convocatoria es tal que Canché Tun manifestó que en esta jornada llegaron alrededor de cien autobuses para acompañar a la Virgen en su paseo por las localidades cercanas. La imagen sale de su santuario a las diez de la mañana y retorna a las nueve de la noche, después de que los fieles han rezado. Han pasado días que la fila para acercarse a la Virgen comienza a las siete de la noche y no termina hasta las diez del día siguiente, una muestra del fervor que despierta esta advocación mariana.

El presidente del comité también mencionó los cambios que ha experimentado la festividad con el paso de los años. Menciona que la feria se ha enriquecido y ha crecido en asistencia, pero lo que más ha llamado la atención es la transformación del propio santuario. La iglesia actual no es la primera, pues hubo una construcción más antigua que terminó inundándose una y otra vez. Esa edificación antigua quedó desbaratada, y entonces los fieles decidieron trasladar el culto al lugar donde hoy se encuentra la capilla. En ese sitio, junto a unas rocas donde crece un árbol de chicozapote, señaló que la gente asegura seguir viendo a la Virgen, especialmente durante los días de Semana Santa.

Uno de los relatos más fascinantes que compartió Canché Tun tiene que ver con un cocodrilo. Según la tradición oral, antiguamente la Virgen aparecía montada sobre este reptil durante el Viernes Santo. Lejos de considerarlo una simple leyenda, el presidente del comité afirmó que el cocodrilo existe. Incluso narró que personal de la marina llegó a la laguna y utilizó un dron para explorar el lugar. En las imágenes captadas lograron observar un cocodrilo que tenía una placa de oro incrustada en la espalda. Ante el temor de que el animal representara un peligro, intentaron sacarlo del agua, pero cuando volvieron a buscarlo con el aparato, ya no apareció por ningún lado. Nunca lograron encontrarlo.

Canché Tun hizo una distinción importante entre la imagen que se venera en el altar y lo que él considera la Virgen verdadera. La escultura que hoy se encuentra en la iglesia fue donada por alguien a mediados del siglo pasado; sin embargo, la auténtica, dijo, es la que está en el cerro. Antes solo se podía ver la mitad de su figura en unas piedras, sin que se alcanzara a distinguir el cuerpo completo. Fue entonces cuando llegó un explorador, y después de contemplarla, según expresó, mandó hacer la imagen que ahora todos conocen. Pero la Virgen auténtica, la que realmente posee el poder, continúa en el cerro.

Para aquellos que deseen contemplarla, el presidente del comité fue muy claro: se necesita tener mucha fe. Solo las personas que acuden con devoción y le piden desde lo más profundo de su corazón pueden recibir ese privilegio. No hay un ritual especial ni una fórmula secreta, únicamente la fuerza de la creencia personal.

Álvaro Canché Tun realizó la invitación a conocer el Santuario. Chuina es un pueblo donde la cultura, la fe, la devoción y la tradición convergen alrededor de la Virgen Dolorosa. Conocerlo es una experiencia que permite entender cómo una comunidad entera ha construido su identidad a partir de una imagen encontrada en el agua, custodiada por un cocodrilo legendario y venerada con una mezcla de rituales católicos y creencias ancestrales. Quienes lleguen hasta aquí, advirtió Canché Tun, deben hacerlo con el corazón abierto y la certeza de que la Virgen responde a quienes realmente confían en ella.

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