11 octubre, 2026

Letras desquiciadas – José Juan Cervera

Los médicos que han incursionado en el terreno de la literatura son numerosos, algunos con mayor acierto estético que otros, y es frecuente hallar en su escritura tópicos distintivos de su ciencia. Las condiciones mismas de su desempeño profesional suelen llevarlos a exponer contenidos que pudieran considerarse escabrosos, lo que conduce a muchos de ellos a identificarse con modelos realistas y naturalistas, sobre todo cuando cultivan géneros narrativos, valiéndose de la aguda capacidad de observación que resulta un elemento básico de sus apreciaciones clínicas.

Alejandro Cervera Andrade (1900-1988) abrazó de manera explícita el papel de cronista de su época en el libro El teatro regional de Yucatán, a cuya primera edición de 1947 se suma la que en 2009 auspició la Secretaría de Educación de Yucatán, en un volumen que incluye ensayos de otros autores acerca de la misma disciplina. En otros impresos, en cambio, registra de un modo más indirecto preocupaciones que inquietaron a sus contemporáneos de la centuria pasada. Musas de manicomio. Sinfonía patológica es un opúsculo en verso que publicó en 1969, firmándolo con el acrónimo Alcerán, mediante el cual se dio a conocer también en otros títulos.

El título del impreso es elocuente, y su contenido aborda las modalidades que pueden asumir los trastornos psicológicos, cuyos efectos rastrea también entre las conductas que se vuelven habituales en la vida social, señalándolas como prácticas viciosas y costumbres que sustituyen las de las generaciones de antaño.

Parece inevitable emparentar esta obra con el poemario Manicomio, del también yucateco Ernesto Albertos Tenorio (1897-1959), el cual circuló de inicio en una reducida edición que dieron a la luz los parientes de este autor en 1967, y que en 1996 volvió a publicar Rubén Reyes Ramírez con el sello de la Universidad Autónoma de Yucatán. Sin embargo, uno y otro texto difieren en sus recursos formales y en el matiz que imprimen a sus creaciones, pues aunque ambos echan mano de la ironía y refieren con crudeza los contextos en que incide el desequilibrio mental, sus estilos se distinguen de tal modo que ameritan reconocerse en sus particularidades.

Los versos de Cervera Andrade son de composición ligera y evidencian un espíritu festivo; en ellos, el autor acuña neologismos y usa términos propios de su campo profesional, algunos muy técnicos. Sus medidas silábicas tienden a la brevedad, en tanto que prodiga por igual rimas asonantes y consonantes en el conjunto de sus poemas, combinándolas a veces en un mismo texto. Da muestra de cierto prosaísmo e intercala referencias del ambiente vernáculo que aprecia como parte original de las costumbres retratadas en sus composiciones. De este modo, en su poema “Declaración de amor”, compuesto de cuartetas bisílabas, hace notar vocablos de origen maya y, sin embargo, incluye una frase en francés.

Acorde con el plan general de la obra, el escritor juega con la idea de la disociación del yo, sugiriendo la emergencia de una personalidad escindida desde el momento en que inserta una nota introductoria que rubrica Alex Cervera Andrade para referirse a los escritos “de su amigo” Alcerán. Destaca la noción que atribuye a los literatos el padecimiento de desórdenes mentales, que hace extensivo a todos los sujetos que la vida moderna ha enajenado de sus valores tradicionales.

Conviene indicar que, como ejemplo de la vigencia de otras producciones suyas, en el Festival de Teatro Wilberto Cantón 2015, en Mérida, volvió a representarse un sainete de Cervera Andrade titulado Aquí va a salir un pajarito, que dirigió y adaptó Blanca Marín Ayala, cuyo estreno se remonta al 11 de febrero de 1946. Así queda de manifiesto que su memoria no ha sido engullida por la bruma desoladora del abandono y del desarraigo.

Alcerán [Alejandro Cervera Andrade], Musas de manicomio. Sinfonía patológica. Mérida, Talleres Gráficos Guerra, 1969, 72 pp.

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