EDGAR PRZ
Ante la avalancha de cuestionamientos, ante lo granado del fuego amigo, ante todas las tempestades que está padeciendo el gobierno federal y su partido Morena, aún no priva la cordura y nadie se atreve a poner orden ni a exigir respeto.
Son momentos difíciles, donde las lealtades duran lo mismo que comerse un elote; no hay respeto, no hay moral, no hay prudencia, y la crudeza de los ataques sigue abriendo nuevas puertas. Se percibe una falta de autoridad, un desboque que se pinta como el preámbulo de lo que podría suceder meses más adelante, cuando inicie el calendario electoral.
Es una batalla encarnizada entre los miembros “distinguidos” de la cúpula del poder. La filtración de información contenida en el libro Ni venganza ni perdón, de la coautoría de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Meléndez, ha destapado una cloaca gigantesca que está salpicando personajes y desnudando intereses.
Es apenas la primera llamada a la función. Su publicación está calando hondo por el nivel de información privilegiada que contiene; además, Scherer fue consejero jurídico de la Presidencia, uno de los dorados de AMLO, de su élite, integrante de su burbuja y participó en infinidad de negociaciones de toda índole. La información va surgiendo despacito, pero los cimientos del poder están soportando tolvaneras y tormentas, y en lugar de buscar una salida digna y decorosa, entre ellos se están descalificando, denostando y agrediendo verbalmente.
Se les ha olvidado que el silencio a veces es necesario para que recupere su valor. Todos son cerillitos; pólvora a la menor provocación se encienden y se suben al ring. Morena no está viviendo su mejor momento: tiene meses en que los escándalos son su comida del día. Hay una lista selecta de personajes que están en un afán mesiánico de acabar con el rápido prestigio de ese partido. Noroña es una fruta podrida que viene en esa caja; Adán Augusto, Ricardo Monreal, Mario Delgado, Jesús Ramírez, Andy López Beltrán, Marx Arriaga, Layda Sansores y otros apóstoles están cumpliendo su misión. Lo mismo hicieron muchos de ellos en el PRI: lo demolieron y huyeron; otros son chivos de cristalería. Hoy son los favoritos de Morena y son las cartas que lo representan. Hay un pleito ya marcado entre “los puros”, que obedecen a López Obrador, y los leales de la presidenta.
Ante este panorama de confusión, de desconcierto, de pleito interno entre mastodontes, surge la interrogante: ¿Dónde está la oposición? ¿Por qué no saca la cabeza? ¿Por qué no le echa más leña al fuego? ¿Dónde anda Alito que no se ha pronunciado? ¿Por qué Maynez no fija su postura? ¿Será que murieron de inanición? ¿Será que tienen miedo a morir entre las patas de la manada? ¿Será que nadie se los pide? Usted, ¿qué opina?
Ante este mar de incertidumbre, dice un refrán: “Río revuelto, ganancia de pescadores”. No solo a nivel nacional la oposición guarda silencio; hasta sus liderazgos locales están en operación “avestruz”. Así, ¿cuándo? ¿Será tanto su temor que colapse el sistema y ellos aún no están preparados? ¿O ya enterraron el hacha de guerra?
Mejor seguiré caminando y cantando: “Hombre, si te dices hombre, no interrumpas tu jornada o harás de esta vida tumba y de la tumba morada”.


