14 agosto, 2026

Los Inuit, las mujeres y el mar – La Covacha del Aj Men 

Claudio Obregón Clairin

Foto 1: Nazaré, Portugal

En cada uno de nosotros existe la atávica sensación de postrarnos frente al mar; más que una necesidad, es un reencuentro con nuestros orígenes.

Hace 10,000 años, en el Norte de nuestro planeta se desarrollaron las culturas de cazadores que hoy llamamos Boreales, los Inuit (nombrados erróneamente esquimales) habitaron Rusia, Alaska, Canadá y Groenlandia. Vivieron en condiciones adversas, lograron sobrevivir a las bajas temperaturas y a la ausencia de sol durante seis meses; su sociedad de cazadores estaba en armonía con la Naturaleza, se consideraban parte de ella y no sus gerentes.

Para los Inuit, el verdadero ser humano no es el cuerpo sino el alma, y todo está relacionado con el espacio y el tiempo; en el espacio hay dos dimensiones igualmente importantes, lo visible y lo invisible; en el tiempo, los humanos piensan y actúan de manera diferente dependiendo de las estaciones y las posiciones de la Luna, el Sol y las estrellas. 

Los Inuit creen que “nada muere” y que todo reencarna en este mundo, por ello, los humanos, los animales y la Tierra, están unidos no solo físicamente sino espiritual y éticamente.

El mar tiene mucho de mujer por insondable, creador y eternamente cambiante; esculpe como los consejos de una abuela, otorga generoso sus frutos a quien conoce sus ciclos y castiga con la ira de una amante resentida.

Cuenta la tradición inuit que en una isla vivían una bella joven llamada Sedna y su padre viudo. En una ocasión llegó un barco a la isla y el capitán propuso matrimonio a Sedna, ella aceptó y se despidió de su padre. Pasaron algunos días y en el horizonte marino se escuchaban los lamentos de Sedna. El capitán del barco resultó ser un malvado chamán y la hacía sufrir, su padre subió a su kayak y fue en su búsqueda, cuando al fin la liberó, el malvado chamán se enojó e invocó a las fuerzas del mar para que las enormes olas hundieran el kayak, la tradición oral no explica cuáles fueron los motivos que orillaron al padre “a lanzar a su hija al gélido mar”, Sedna intentó en varias ocasiones asirse con sus manos del kayak, entonces su padre le cortó los dedos de las manos y de ellos nacieron las ballenas y los peces del mar. Sedna se hundió para siempre en las profundidades marinas y se convirtió en la entidad divina del mar. 

Foto 2: Sedna, entidad divina del mar

Definitivamente el mar posee un carácter inestable; sin embargo, se mantiene entre nuestros ojos y el horizonte, ahí, donde desaparece el miedo cuando lo sorprende el conocimiento.

En un tiempo anterior a la pesca mecanizada, los hombres Inuit salían con sus kayaks para cazar ballenas y la mujer del jefe cazador se quedaba inmóvil y acostada  en el iglú mientras duraba la cacería ya que si se movía, las ballenas lo harían también y podrían hundir las embarcaciones con sus colas o con sus cuerpos; esta analogía mujer–ballena es un recuerdo de los dedos de la entidad divina Sedna y es precisamente en ésta tradición donde habita uno de los principios femeninos del mar que encontramos en diversas mitologías de las civilizaciones posteriores a la época Boreal; cuando regresaban los hombres Inuit con una presa, las mujer del jefe cazador se levantaba y se dirigía a la ballena para susurrarle: ¨eres bienvenida, te estábamos esperando, seguramente tienes sed ¨, entonces con su boca le ofrecía agua, la acariciaba y le pedía permiso a su alma para que todos se nutrieran de su cuerpo.

De los dedos de Sedna nacieron los peces y las ballenas, al igual que nosotros, ellos cuentan con una vejiga, la cual tiene forma de semilla, con el pasar de los siglos, de este mito derivaron la “Vejiga Piscis” del Cristianismo Primitivo, y el Pantocrator Románico donde la Iglesia es una madre. La semilla contiene lo que no muere, lo que pasa de una vida a otra, es ella quien vence a la muerte y renace con lo aprendido con anterioridad. 

En estos conceptos milenarios encontramos también el origen del pensamiento inuit relacionado al aprendizaje; como todo reencarna, también el conocimiento, y cuando aprendemos, en realidad —dicen los Inuit— estamos recordando. Platón enseñaba que aprender es recordar.

Al amanecer, el sol saluda al mar y lo hace evidente; en el cenit, es tanta su incidencia que lo descompone en cúmulos de vapor de agua que luego chocan, se complementan y terminan por fracturarse hasta formar serpientes de luz y estruendos que reclaman plegarias. Más tarde, el viento se hace tangible a través del oleaje y despide al sol bajo un cielo color de corazones.

Sedna está relacionada igualmente con el Culto Mariano y con la relación de la Virgen con las aguas, también en Sedna encontramos el antecedente directo de Yemayá, divinidad femenina rectora de las aguas en la santería Orishá, la diosa Isis egipcia y el origen acuoso y pletórico de vida del inframundo creador maya.

En los mitos anteriores a la agricultura, las mujeres eran vistas con respeto por los hombres; existió una simbiosis con el cosmos y este periodo de la historia humana duró 40.000 años, tiempo milenario respecto a los 5,000 años que llevamos de recalcitrante machismo.

En estos tiempos de convulsión, donde los valores de la unidad mujeres-hombres se han degradado y, por ende, las relaciones familiares se han roto volviéndonos seres tremendamente individualistas provocando una nueva generación en la que los padres obedecen los caprichos de los hijos que se ven asediados por el consumo desenfrenado y el consumo irreflexivo despierta en ellos el único interés de la confrontación. En estos tiempos de convulsión, es revelador observar que en la mayor parte de la historia de la humanidad ha existido armonía entre los humanos, los animales, el mar y la tierra, que el machismo es un pequeño tope en nuestra historia y es prudente tenerlo como referencia para encontrar salidas a nuestro desatino y a la ominosa sumisión femenina.

Punto de partida, escape o salida, constante… solo el mar.

Nota Bene: El texto que aparece en cursivas forma parte del ensayo “Atávico” de “Páramo de Espejos”, primer libro de ensayos filosóficos escrito en Cancún que publiqué en Argentina en 2004.

Facebook: La Covacha del Aj Men

Fotografía de Portada: Nazaré, Portugal, Claudio Obregón Clairin

Fotografía del dibujo de Sedna: Web

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