14 abril, 2026

Los Murales Mayas de San Bartolo – La Covacha del Aj Men

Primera Parte

Claudio Obregón Clairin

Hace 2,200 años, dos artistas mayas pintaron los murales que conmemoraron la ascensión al poder de un gobernante. La crónica plástica de la ceremonia fue acompañada con algunos pasajes mitológicos relacionados con la Creación Maya y con la entidad divina del maíz. 

Los murales se localizan en la ciudad que conocemos como San Bartolo, en la selva del Petén en Guatemala. Fueron pintados en un palacio adjunto a un Witz —que nombramos pirámide— y, al ser ampliada la estructura, los murales quedaron sepultados hasta que en 2001 los saqueadores excavaron un túnel para buscar una tumba real. Los ladrones no contaban con sensibilidad artística, así que pasaron de largo delante a las pinturas y siguieron excavando sin encontrar lo que buscaban.

Witz de San Bartolo

Meses después, el arqueólogo William Saturno llegó a San Bartolo, estaba sediento y se le había acabado su reserva de agua, el sol caía a plomo sobre sus espaldas, constató que los ladrones se habían llevado unas estelas, indignado, buscó refugiarse en la sombra del túnel excavado, de pronto, alzó la vista y descubrió los murales mayas pintados contemporáneamente a Pompeya.

Edificio de las Pinturas

Mural Norte

En el lado izquierdo del Mural Norte de San Bartolo, aparece una Montaña de la Creación decorada con piedras, animales y plantas, desde una cueva emerge una mujer que tiene entre sus manos un plato cónico con tres bolas que  Nikolai Grube interpreta como representaciones de tamales. Frente a ella, un hombre con rostro oscuro ofrece un bule o guaje que contiene agua, la entidad divina del maíz lo recibe con sus manos y voltea para dárselo a una asistente situada de rodillas quien presenta en su brazo izquierdo una mano derecha. En la plástica maya, es común exaltar la deformación como un atributo sagrado.

Mural Norte de San Bartolo

Es revelador que la entidad divina del maíz posea un rostro negroide, muy parecido a los rostros olmecas, siendo esta una de las pocas representaciones gráficas que nos indica una relación ancestral entre los últimos olmecas y los primeros mayas.

Una mujer flota arriba de la primera, es común en diferentes culturas anteriores al descubrimiento del punto de fuga que lo pintado arriba de la obra, en realidad está detrás de lo que aparece abajo, así que la mujer de rojo no está flotando, sino detrás de la mujer que recibe el guaje de la entidad divina del maíz.

Esta segunda mujer tiene también una mano derecha en su brazo izquierdo y su cuerpo es rojo; entre los mayas históricos, el rojo es el símbolo del “ch’ulel” o de la “energía vital” que simboliza el vehículo con lo sagrado. 

Las dinastías mayas vincularon su existencia con el “ch’ulel” y tanto por descendencia divina o por apetito divino, la sangre sustentó el Poder de las dinastías que gobernaron a través del régimen político de la ahaucracia, gobierno presidido por los ahauob’ (señores de la palabra).

El maíz fue domesticado con un gran esfuerzo generacional y por ello se le consideró divino. El grano del maíz germina, crece y muere, la entidad divina del maíz de los mayas experimentaba el mismo proceso. En las pinturas de San Bartolo, la entidad del maíz comulga con la Montaña de la Creación de donde emerge el hálito divino de Chac Xib’ Chaac quien desde los cenotes y las cuevas, enviaba el agua necesaria para la formación de las lluvias. Esta simbiosis entre la entidad del maíz y la Montaña de la Creación, es uno de los sustentos ideológicos de la ahaucracia ya que los gobernantes mayas se consideraban hijos de la entidad divina del maíz y para emular la forma de la mazorca, realizaban la deformación cónica de sus cráneos.

Detrás de la mujer con los tamales, aparece una estalactita que al mismo tiempo representa el colmillo de una serpiente que abre sus fauces y emerge el vapor de agua. Esta Montaña de la Creación está llena de serpientes, la que observamos ubicada en el lado izquierdo de la cima se ha devorado a un ave que al vuelo pasaba delante a ella. En el universo religioso maya, todo lo que es sagrado se pintó de rojo y en esta composición el rostro del hombre con una cola de felino es negro porque es un especialista de la ritualidad y desde su boca, emerge un flujo. Una de las dos líneas curvas que están delante de su rostro y entre los brazos de la entidad del maíz, es negra:  pudiera simbolizar la relación del especialista de la ritualidad con la noche, con la combustión y con el carbón que se registra al quemar la selva para luego sembrar entre las piedras. Un símbolo en forma de una lengua de serpiente bífida aparece detrás de la mujer de los tamales, es el hálito divino de la entidad divina que provocaba las lluvias e igualmente es un icono que se lee K´ahk´ que significa “fuego, humeante o cálido”.

Mural Norte de San Bartolo

Los mayas representaron al movimiento en sus pinturas. Lo que consideramos un instante que se retrata para la posteridad, en realidad, es una pintura en movimiento.

Observemos a las aves que vuelan delante a un nido que pende delante a un felino en la parte superior del Witz, es del ave Myiozetetes similis, conocido como “luis gregario”, regularmente estos nidos son construidos en la punta de las ramas de los árboles, así no ofrecen resistencia al viento y cuentan con algunos filamentos en la parte inferior del nido para que el agua pueda escurrir cuando llueve y secarse más rápido, pero lo realmente sorprendente de estas aves, es que anudan, es decir,  no solamente entretejen de manera precisa sino que además hacen nudos valiéndose de sus picos y de sus patas. Estos pájaros tienen un plumaje amarillo con tintes negros.

Nido de aves

Son tres aves y eso no es funcional. La hembra es quien construye el nido así que en ninguna circunstancia pudiera haber tres aves revoloteando en torno al nido. Se trata entonces de  “la misma ave representada en tres momentos” de la construcción de su nido. El arte maya nos sorprende con el movimiento estático, pero aún hay más: los artistas mayas pintaron cuatro y no tres movimientos del ave: el cuarto movimiento se representa cuando el felino que la acechaba, la engulle salpicando de su sangre la composición.

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