2 mayo, 2026

Lugar de ruiseñores – Introspecciones y avistamientos

José Juan Cervera

El apego al terruño expresa una actitud que favorece la cohesión social y libera formas de creatividad en las que la cultura y la historia representan ingredientes fundamentales. El aprecio de los valores del solar nativo conduce a profundizar en el conocimiento de los procesos que han constituido su estado actual y que contienen el germen de nuevas fuentes de identificación colectiva, aun cuando sea preciso asimilar, cada vez más, influencias externas que van incorporándose funcionalmente a las expectativas locales, algo que, sin ser de última hora, se vive intensamente en tiempos actuales.

En concordancia con tales ideas, la elaboración de monografías dedicadas a alguna entidad federativa, a un municipio determinado o a una localidad más pequeña envuelve el sabor de la experiencia que se vive de cerca y que excede el mero afán descriptivo, porque a la vez que sugiere sensaciones inmediatas, remueve las entrañas de un pasado que no ha fenecido del todo.

Entre las monografías publicadas que captan la fisonomía y el espíritu de poblaciones yucatecas, la de Tixkokob envuelve un carácter especial por varios motivos. Su autor es Felipe Juárez Silva, cronista de ese municipio, quien no pretende avasallar al lector con un cúmulo de datos que, cuando se prodigan sin un claro sentido de armonía y oportunidad, resultan ineficaces y estorbosos. En vez de ello, expone con mirada sobria un conjunto de rasgos básicos que despiertan un interés inicial y estimulan la inquietud de indagar más por cuenta propia, propósito que ha de imponerse con plena conciencia cualquier trabajo de divulgación, pero que en ocasiones desdeñan quienes asumen una tarea semejante.

El inicio de la obra presenta la toponimia del municipio que, como suele ocurrir, encierra numerosas versiones; éstas remiten a serpientes, escarabajos y bejucos, pero la más bella refiere el nombre del pueblo como “lugar de ruiseñores”. Más adelante la información reunida se despliega en aspectos tan diversos como los vaivenes del ferrocarril tanto en su vía ancha como en la angosta, o bien los pormenores de la distintiva Calzada de los Héroes que, como en otros pasajes del libro, se ilustra con fotos antiguas y recientes.

También es de apreciarse la ardua labor de efectuar listas de presidentes municipales, párrocos y reinas de los carnavales en años sucesivos, y en el caso de estas últimas, el señalamiento relevante de que veinte de ellas, entre 1963 y 1993, lucieron un vestido confeccionado por un diseñador local. De igual modo destaca el impulso que el párroco Pastor Escalante Marín, de orientación progresista, brindó a la vida comunitaria durante el tiempo que permaneció en Tixkokob (1945-1963).

De las anotaciones del agudo cronista se desprende un genuino sabor popular, especialmente cuando describe prácticas tradicionales, ceremonias agrícolas y creencias añejas; algo de psicología social se observa en la sección referida a los medios de transporte, y así es cuando apunta la actitud de algunos ciudadanos que se avergonzaban de ser vistos abordando los llamados tricitaxis, pero que pasado un tiempo prefirieron esto a que los vieran desplazándose a pie.

El movimiento comercial, el desarrollo educativo y las actividades artísticas reciben un generoso registro en esta obra, salpicada de unos cuantos comentarios sarcásticos que llaman la atención sobre hechos dudosos, como el destino de los libros de la primera biblioteca pública que se instituyó en la cabecera del municipio en 1917, o como cuando refuta el “cuento” de que quince años sólo se cumple una vez… (“y los que siguen se cumplen muchas veces”).

El empeño documental de Felipe Juárez Silva se ha consolidado a través de fases de gran relieve. Para ejemplificarlo basta indicar que desde 1995 se ha propuesto la labor de filmar la fauna, la flora y las costumbres de Tixkokob y de las demás poblaciones yucatecas, a más de fundar un pequeño museo en su vivienda ofreciendo un precedente valioso cuyo esfuerzo merece encomiarse como ejemplo de preocupación activa por la continuidad y la permanencia de la cultura regional.

Felipe Juárez Silva. Monografía del municipio de Tixkokob, Yucatán. Mérida, edición de autor, 2007, 151 pp.

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