10 octubre, 2026

Luis Pablo, el sueño de un goleador que apenas comienza

* A sus 13 años, el joven futbolista ya forma parte de la filial del Atlante. Con cuatro años de experiencia, varias copas, goles memorables y el respaldo incondicional de sus padres, sueña con llegar al profesionalismo sin descuidar otro objetivo: convertirse algún día en astrónomo.

Por Sergio Masté

Diagonal Sport / El lado paralelo del deporte

Hay sueños que comienzan con un balón, un campo de tierra y las ganas de jugar. El de Luis Pablo Puente Herrera nació cuando tenía apenas nueve años y, desde entonces, el futbol se convirtió en una parte fundamental de su vida. Hoy, a sus 13 años, con 1.70 metros de estatura y jugando como mediocampista ofensivo o delantero, el adolescente ya dio un paso importante al integrarse a la filial del Atlante, después de pasar por Jabalíes y los Centros de Formación de Pioneros.

Durante una entrevista realizada en el estudio de El Despertador de Quintana Roo, Luis Pablo habló de su camino deportivo acompañado de su madre, Irma Aurora Herrera Matos, quien junto con su esposo, José Fernando Puente Martínez, ha sido pieza fundamental para que el joven pueda perseguir sus sueños. “Siempre hemos visto que él cumple sus sueños”, explicó Irma, quien reconoce con orgullo la evolución de su hijo desde aquellos primeros pasos hasta su llegada a la cantera atlantista.

Para Luis Pablo, el futbol no solamente es un deporte. Es diversión, esfuerzo y una forma de poner a prueba sus capacidades físicas. A diferencia de otros deportes, encontró en el balón una pasión que lo atrapó desde pequeño. Su admiración también tiene nombre y apellido: Kylian Mbappé, delantero francés al que observa como una de sus grandes referencias.

Pero si hay algo que disfruta especialmente es jugar partidos. Ahí es donde dice sentirse en su elemento. Su posición habitual está “de medio para arriba” o como delantero, una zona del campo donde busca participar en las jugadas y, sobre todo, hacer goles. ¿Cuántos? Dice que muchos. Sin embargo, hay algo que llama la atención: todavía no tiene una celebración especial para cuando manda el balón a las redes. “No tengo una celebración”, responde con sencillez.

Sus equipos favoritos también dejan claro el tamaño de sus aspiraciones. En México sueña con algún día vestir la camiseta del América, equipo que asegura admirar “desde la cuna”. Y en Europa aparece el Real Madrid. Dos gigantes que forman parte de la imaginación de un adolescente que todavía está construyendo su propia historia futbolística.

CUATRO AÑOS, CUATRO COPAS Y MUCHAS LECCIONES

El camino de Luis Pablo no ha sido largo, pero sí intenso. Comenzó en Jabalíes, donde permaneció alrededor de dos años y medio. Posteriormente pasó a los Centros de Formación de Pioneros, etapa que duró aproximadamente entre nueve meses y un año y medio, antes de dar el salto al Atlante, donde apenas lleva unas semanas.

En Jabalíes consiguió cuatro copas: tres primeros lugares y un tercer puesto. Sin embargo, esos trofeos pertenecen a los equipos que los conquistaron, por lo que en casa todavía no existe una vitrina llena de reconocimientos personales. Luis Pablo lo toma con tranquilidad. Sabe que todavía hay mucho camino por recorrer.

Uno de sus recuerdos más especiales ocurrió precisamente en sus primeros entrenamientos con Atlante: un gol de volea, después de un centro, que considera el mejor que ha marcado hasta ahora. Un disparo de primera que se quedó grabado en su memoria y que representa, para él, una muestra de lo que puede conseguir cuando combina técnica, concentración y confianza.

También disfruta practicar tiros libres y conserva videos de algunos de sus intentos. El gol puede convertirse en una obsesión para cualquier delantero, pero Luis Pablo sabe que el futbol también está hecho de errores, nervios y derrotas.

Antes de los partidos piensa en que todo salga bien y agradece a Dios la oportunidad de estar en la cancha. Cuando falla una oportunidad importante, reconoce que puede molestarse consigo mismo. “¿Por qué no la metí?”, llega a preguntarse. Pero también ha aprendido que una derrota no puede convertirse en una razón para abandonar.

Su madre es una de las principales voces que lo ayudan a levantarse cuando las cosas no salen como esperaba. “Si no fue en esta, va a ser en la próxima”, le dice. El mensaje familiar es claro: las derrotas son parte del camino y ninguna debe ser motivo para retroceder.

UN DÍA QUE COMIENZA A LAS CINCO DE LA MAÑANA

Detrás de un adolescente que persigue el sueño de ser futbolista existe una rutina que no siempre se ve desde las gradas. Luis Pablo se levanta alrededor de las cinco de la mañana, se prepara y acude a la escuela. Después regresa a casa, come y se dirige al entrenamiento.

Las jornadas pueden terminar cerca de las diez de la noche o incluso un poco después. Escuela, traslados, alimentación, entrenamiento y descanso forman parte de una agenda que deja poco espacio para otras actividades. Incluso reconoce que ya casi no sale como antes.

El esfuerzo también alcanza a sus padres. Irma explica que detrás de cada entrenamiento existe una familia que organiza tiempos, gastos y prioridades. Uniformes, zapatos, inscripciones, viajes y otros requerimientos representan una inversión constante. En esta etapa, el principal patrocinador es la propia familia.

Han pasado por momentos económicos difíciles, reconoce la madre, pero siempre han encontrado la manera de sacar adelante el proyecto deportivo de su hijo. Atlante le otorgó una beca que cubre aproximadamente la mitad de algunos gastos, mientras la otra parte corre por cuenta de la familia. Los viajes, sin embargo, representan un esfuerzo económico adicional.

Y aun así, la prioridad de los padres es verlo feliz y convencido de lo que hace.

ATLANTE, UN NUEVO CAPÍTULO

Su llegada a Atlante comenzó con una prueba. Lo observaron en distintas posiciones, evaluaron su desempeño y posteriormente se integró al grupo. Ahora forma parte de una nueva etapa para el equipo y se prepara para una competencia nacional programada para el 24 de octubre, de acuerdo con lo expresado durante la entrevista.

Los entrenamientos incluyen trabajo técnico, desmarques, tiros y aspectos tácticos. Luis Pablo reconoce que termina cansado, pero también asegura que se siente bien dentro de la cancha.

La competencia no será sencilla. Sabe que muchos jóvenes tienen el mismo sueño y que solamente algunos logran avanzar. Por eso entiende que el talento debe estar acompañado de disciplina y pasión.

Incluso sus compañeros de escuela se han sorprendido al conocer su nueva etapa deportiva. Luis Pablo les ha mostrado algunos de sus goles y cuenta entre sus recuerdos recientes aquella volea que, pese a que su equipo perdió el partido, quedó como una de sus mejores jugadas.

MÁS ALLÁ DEL FUTBOL

Aunque su gran sueño es convertirse en futbolista profesional, Luis Pablo también tiene otra pasión: el espacio. Académicamente le gustaría convertirse en astrónomo. Le interesan los planetas, las estrellas y todo aquello relacionado con el universo. Busca videos, investiga y poco a poco se adentra en ese mundo.

Su familia sabe que el futbol puede ser una carrera corta y que existen lesiones capaces de cambiar el rumbo de un deportista. El propio Luis Pablo ya experimentó una lesión muscular durante su etapa en Jabalíes y reconoce que uno de sus mayores temores es sufrir una lesión fuerte de ligamento.

Por eso, aunque sueña en grande, también mantiene los pies en la tierra.

“Hay que pensar en grande”, afirma. Y cuando imagina el futuro, se ve jugando en grandes escenarios, mientras sus padres están en la tribuna apoyándolo. Ellos son, dice, su principal motivación.

A sus 13 años, Luis Pablo todavía está lejos de saber hasta dónde llegará su carrera. Pero ya conoce algo fundamental: ningún sueño se construye solo. Detrás de cada entrenamiento, cada viaje, cada derrota y cada gol existe una familia que acompaña, sostiene y cree.

Su mensaje para otros jóvenes es sencillo: seguir echándole ganas y contar con el apoyo de los padres. El de su madre también lo es: apoyar a los hijos en sus sueños, porque, al final, “sus sueños también son sueños de nosotros”.

Luis Pablo apenas comienza a escribir su historia. El balón está en sus pies, el futuro frente a él y, en la tribuna, dos padres dispuestos a seguir alentándolo hasta donde el sueño alcance.

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