Pese a compartir raíces hondas y vigorosas, cada uno de los estados de la península tiene frente a sí el reto de compenetrarse de las formas en que los demás conciben y manifiestan su identidad colectiva. Es así que Campeche, Yucatán y Quintana Roo, por concentrar una parte importante del legado de la civilización maya y de sus recreaciones sincréticas, alientan un camino firme para conducir procesos de integración regional. Las obras del pensamiento y las disciplinas artísticas concurren en el logro potencial de este cometido.
Un intercambio equilibrado y satisfactorio requiere acrecentar el conocimiento mutuo de las pautas culturales de cada entidad. Su apreciación dinámica funda mejor el diálogo en un plano de cercanía creativa y respetuosa. Los procesos literarios expresan valores profundos al tiempo que ofrecen indicios para sugerir tendencias de desarrollo. Los estudios que en este campo aportan una perspectiva de conjunto se hacen indispensables en la conformación de lazos más estrechos.
Para dar continuidad a un trabajo sistemático que registra la producción narrativa de su estado natal en la segunda mitad del siglo XX, Carlos Vadillo Buenfil emprende un recuento crítico que fructifica en su libro Viento de agua. Atisbos a la narrativa campechana de los noventa (Gobierno del Estado de Campeche, 2018), que tiene como antecedente La piel del mar. Cuatro décadas de narrativa campechana (1950-1989) (Universidad Autónoma de Campeche, 1999). En él examina el quehacer de los escritores que en ese lapso se suman a quienes, salidos de una experiencia distinta, habían publicado en las décadas precedentes.
Hace una revisión detallada de doce libros de cuento y de novela, relacionándolos con el contexto social que les dio origen. Es significativo que a lo largo de esos años varios autores hayan consumado la edición de sus obras fuera de Campeche, aprovechando las circunstancias favorables que trajo consigo la consolidación de instituciones federales de cultura y la oportunidad de acudir a talleres literarios dirigidos por escritores de prestigio nacional; a la vez cobraron presencia en publicaciones periódicas locales y foráneas, entre las cuales figuran revistas que circularon en municipios como Calkiní y Hecelchakán, aparte de las que surgieron en la ciudad capital.
En 1987, la Universidad Autónoma de Campeche dio un paso importante al fundar la licenciatura en literatura, iniciativa que contribuyó a superar el prejuicio de atribuir a esta disciplina un papel secundario, de objeto de improvisación o de paliativo para el ocio, formando profesionales que se desempeñan en la docencia y en la investigación pero que incursionan a la vez en la escritura creativa, tal es el caso de Vadillo Buenfil y de varios colegas suyos.
El autor destaca la intervención de dos narradoras en el panorama de las letras vernáculas durante los años noventa: Enzia Verduchi y Fausta Gantús, “siendo Gantús la única campechana que ha publicado un volumen individual de relatos en los cincuenta años que hemos investigado (1950-1999). Esto conduce a pensar que en Campeche la mujer ha sido tradicionalmente descrita y narrada desde la visión masculina”.
La patente necesidad de una crítica profesional capaz de unir sensibilidad estética, flexibilidad de juicio, conocimiento de la tradición y dominio de los fundamentos teóricos del lenguaje se cumple cabalmente en esta obra cuyo criterio alimentan la experiencia y el estudio. La observación minuciosa de los textos faculta a Vadillo Buenfil a distinguir las inconsistencias de cada uno de ellos y las fortalezas que los sostienen; la diversidad de técnicas, argumentos y recursos de expresión subyacentes en los libros examinados provee un material revelador que contribuye a guiar el entendimiento y las apetencias de los lectores.

