Por Abogado Luis Esquiel
La realidad nos golpea con crudeza: los resultados de la prueba PISA han confirmado lo que muchos advertíamos desde hace años. La llamada Nueva Escuela Mexicana, bandera de este régimen de Morena, ha sido un fracaso rotundo. Los estudiantes mexicanos se encuentran rezagados en comprensión lectora, matemáticas y ciencias, y lo más grave es que esta generación crecerá con menos herramientas para enfrentar un mundo competitivo y globalizado.
El fracaso educativo
La educación es el motor de cualquier nación. Sin embargo, lo que vemos hoy es un sistema debilitado, improvisado y sin rumbo. La reforma educativa de este gobierno prometía transformar la enseñanza, pero lo único que ha logrado es retroceder en calidad y en exigencia.
Los maestros carecen de capacitación adecuada, los programas están llenos de ideología y vacíos de contenido, y las escuelas siguen sin recursos básicos. ¿Cómo puede hablarse de una “nueva educación” cuando los alumnos no tienen acceso a materiales, tecnología ni infraestructura digna?
La prueba PISA no es un capricho extranjero: es un espejo que refleja nuestra realidad. Y lo que muestra es devastador. Una generación entera está condenada a enfrentar el futuro con menos oportunidades, menos preparación y menos confianza en sí misma.
El paquete económico y la deuda
Como si la crisis educativa no fuera suficiente, el gobierno ha presentado un paquete económico que refleja la misma irresponsabilidad. La presidenta ha anunciado un endeudamiento adicional de 1.6 billones de pesos, que se suma a la pesada carga que ya arrastra el país.
La deuda pública crece sin control, mientras el crecimiento económico se mantiene estancado. No hay inversión productiva, no hay generación de empleo digno, y los salarios siguen sin alcanzar. El discurso oficial habla de “bienestar”, pero la realidad es que millones de familias sobreviven en la informalidad y con ingresos insuficientes.
El problema no es solo la deuda: es la falta de rumbo. Se gasta más en programas clientelares que en infraestructura, más en propaganda que en innovación, más en mantener un aparato político que en construir un futuro sólido.
Dos crisis que se cruzan
Educación y economía no son temas aislados: están íntimamente ligados. Un país con estudiantes mal preparados será un país con trabajadores menos competitivos, con empresas menos productivas y con una economía más débil.
La deuda que hoy se acumula será pagada por esos mismos jóvenes que hoy fracasan en las aulas. Es un círculo perverso: menos educación, menos crecimiento; más deuda, menos futuro.
Reflexión final
México no puede seguir atrapado en gobiernos populistas que sacrifican el futuro por el aplauso inmediato. La educación debe ser prioridad absoluta, con inversión real, programas serios y exigencia académica. La economía debe recuperar disciplina, transparencia y crecimiento sostenido.
Los ciudadanos debemos entender que cada elección define nuestro destino. Si seguimos tolerando gobiernos que hipotecan el futuro y condenan a nuestros hijos a la mediocridad, tendremos más de lo mismo. Si exigimos un cambio real, podremos construir un país donde la educación sea motor de progreso y la economía sea fuente de bienestar.
El fracaso de la prueba PISA y el endeudamiento desmedido son señales claras: México necesita despertar.

