Queridos propietarios y amantes de los gatos: hay una escena que suele pasar inadvertida. Un día descubres que tu gato ya no salta al sofá de un solo brinco. Poco después deja de subir a su estante favorito y comienza a bajar de la cama utilizando una silla como escalón. La mayoría pensamos lo mismo: “Bueno, ya está mayor”. Pero, a veces, el problema no es la edad, sino el dolor.
Los gatos son verdaderos expertos en ocultar el malestar. A diferencia de los perros, rara vez cojean de forma evidente o se quejan cuando una articulación les molesta. Su estrategia suele ser mucho más discreta: dejan de hacer cosas.
Por eso, en lugar de preguntarnos cuántos años tiene, conviene observar cómo ha cambiado su manera de moverse. La comparación siempre debe hacerse con el propio gato, porque cada uno tiene un nivel de actividad diferente.
Una buena pista es fijarse en el juego. ¿Sigue corriendo detrás de una pelota o de una pluma como antes? Si ahora se cansa enseguida o pierde interés en movimientos que antes disfrutaba, merece la pena prestarle atención.
Los saltos también hablan. Muchos gatos con molestias articulares dudan antes de subir a una cama o una ventana, calculan más el movimiento o simplemente renuncian a lugares que siempre frecuentaban. Y al bajar ocurre algo parecido: en vez de lanzarse directamente al suelo, buscan muebles intermedios para reducir el impacto.
Las escaleras ofrecen otra pista silenciosa. Subir más despacio, detenerse entre peldaños o bajar con excesiva cautela puede indicar que determinados movimientos resultan incómodos. Son cambios tan graduales que es fácil confundirlos con una simple preferencia.
Una costumbre muy útil es grabar pequeños videos de nuestro gato en casa. En la consulta veterinaria es posible que no corra, no salte ni utilice escaleras, mientras que en su entorno habitual sí mostrará esos movimientos que ayudan a valorar su movilidad.
Eso sí, estas señales no diagnostican por sí solas una artrosis. La pérdida de actividad puede tener distintas causas, y será el veterinario quien determine qué está ocurriendo. Lo importante es no normalizar cualquier cambio diciendo únicamente: “Es la edad”.
Envejecer no debería significar renunciar al bienestar. Un gato mayor puede seguir disfrutando del juego, de los saltos y de sus rincones favoritos si detectamos a tiempo aquello que le está causando molestias.
Y recuerda: a veces el cambio más importante no es lo que tu gato hace… sino aquello que ha dejado de hacer. Nos leemos en la próxima consulta. 🐾

