Queridos propietarios y amantes de los gatos: si en casa conviven dos o más felinos, seguramente habrás presenciado una escena que parece digna de una postal. Uno de ellos se acerca lentamente, comienza a lamer la cabeza o el cuello del otro y piensas: “¡Qué bien se llevan!”. Pero, de pronto, aparece un pequeño mordisco o uno de los dos se levanta y se marcha. ¿Qué pasó? ¿Se acabó el cariño de repente?
Durante mucho tiempo se creyó que el acicalamiento entre gatos era una prueba inequívoca de amistad. Y, en muchos casos, lo sigue siendo. Cuando dos gatos descansan relajados, duermen juntos o se lamen mutuamente sin mostrar tensión, ese comportamiento ayuda a reforzar el vínculo entre ellos.
Sin embargo, una investigación reciente demuestra que esos mismos lametones también pueden cumplir una función muy distinta.
Los gatos son expertos en comunicarse sin hacer ruido. Gran parte de sus “conversaciones” ocurren mediante la postura del cuerpo, la cola, las orejas y otros gestos que a menudo pasan inadvertidos para nosotros. En ese lenguaje silencioso, un lamido no siempre significa afecto.
En ocasiones puede ser una forma muy sutil de resolver un desacuerdo sin llegar a una pelea. Imagina que uno de los gatos ocupa el rincón favorito junto a la ventana. En lugar de echarlo con un zarpazo, el otro comienza a lamerlo con insistencia hasta que, al cabo de unos instantes, su compañero decide levantarse y marcharse. No hubo agresión abierta, pero el mensaje quedó claro.
Eso no significa que el gato esté siendo agresivo. Al contrario, puede tratarse de una estrategia para evitar un enfrentamiento, ya que una pelea siempre implica riesgos.
¿Cómo distinguir un caso del otro? La clave está en observar el conjunto y no solo el lamido. Si ambos permanecen relajados y continúan descansando o jugando después, probablemente estamos viendo una muestra de confianza. Si uno se muestra tenso, echa las orejas hacia atrás o abandona el lugar apenas termina el acicalamiento, quizá estemos presenciando una silenciosa negociación.
Esta investigación nos recuerda una lección muy útil: con los gatos, ningún comportamiento debe interpretarse de forma aislada. Los gestos, igual que las palabras, cambian de significado según el contexto.
Así que la próxima vez que veas a dos de tus gatos lamiéndose, espera unos segundos antes de sacar conclusiones. Quizá estés contemplando una muestra de amistad… o una elegante negociación para decidir quién se queda con el mejor rincón de la casa.🐾

