18 julio, 2026

Microorganismos de momia despiertan tras 5,300 años

AGENCIAS

BOLZANO.- Más de cinco mil años después de su muerte, Ötzi, la célebre momia hallada en los Alpes, sigue revelando secretos. Un nuevo estudio ha permitido reconstruir parte del mundo microscópico que habitaba en su cuerpo y ha descubierto que algunos microorganismos asociados a él podrían seguir activos en la actualidad.

Conocido como el “hombre de hielo”, Ötzi vivió hace unos 5,300 años y fue hallado congelado en un glaciar alpino en 1991. Desde entonces, los científicos han estudiado prácticamente todos los aspectos de su vida: su origen, su alimentación, sus enfermedades e incluso las circunstancias de su muerte. Ahora, la atención se ha centrado en las bacterias y hongos que convivieron con él.

Los investigadores encontraron que la microbiota intestinal de Ötzi era muy distinta a la de las personas modernas. Entre sus microorganismos aparecieron bacterias ancestrales que hoy son extremadamente raras en sociedades industrializadas, aunque todavía pueden encontrarse en algunos grupos humanos que mantienen estilos de vida tradicionales.

El hallazgo ofrece una ventana única al pasado, ya que permite conocer cómo era el ecosistema microbiano humano antes de que la agricultura intensiva, la urbanización, los antibióticos y los alimentos procesados transformaran profundamente nuestra relación con los microorganismos.

La investigación también identificó varias especies de levaduras adaptadas al frío que han acompañado a la momia durante milenios. Lo más sorprendente es que algunas muestran señales de actividad biológica reciente, lo que sugiere que podrían haberse reactivado tras la descongelación temporal de la momia para estudios científicos.

Este descubrimiento plantea un desafío inesperado para los conservadores. Algunos de estos microorganismos poseen genes capaces de degradar proteínas, grasas y colágeno, componentes esenciales de la piel y tejidos de Ötzi.

Para los científicos, la momia ya no puede considerarse simplemente un objeto arqueológico congelado en el tiempo, sino un ecosistema vivo en miniatura que continúa evolucionando miles de años después de la muerte de su propietario.

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