MÉXICO.- La idea de que los perros ven el mundo en blanco y negro es un mito que la ciencia ha desmentido. En realidad, estos animales perciben colores, aunque de forma distinta a los humanos, debido a que su visión es dicromática: cuentan con dos tipos de células para detectar colores, en lugar de tres.
Esto significa que los perros distinguen principalmente tonos azules y amarillos, mientras que colores como rojo o verde les resultan difíciles de diferenciar, apareciendo como grises o marrones. Por ejemplo, una pelota roja sobre el césped puede ser poco visible para ellos, mientras que un objeto azul destaca con mayor claridad.
Sin embargo, la visión canina compensa esta limitación con otras habilidades. Los perros tienen una mejor visión nocturna gracias a una mayor cantidad de células sensibles a la luz y a una estructura en sus ojos que amplifica la iluminación, lo que les permite ver mejor en condiciones de poca luz.
Además, son especialmente sensibles al movimiento. Pueden detectar cambios rápidos en su entorno con gran precisión, una capacidad clave para su comportamiento natural. También poseen un campo visual más amplio, cercano a los 240 grados, lo que les permite percibir mejor lo que ocurre a su alrededor.
Aunque su agudeza visual es menor —ven con menos detalle a distancia—, procesan las imágenes con mayor rapidez, lo que les ayuda a reaccionar con agilidad ante estímulos en movimiento.
Comprender cómo ven los perros tiene aplicaciones prácticas. Elegir juguetes de colores adecuados, usar señales visuales claras o adaptar su entorno puede facilitar su interacción diaria.
Más que ver menos, los perros ven distinto: un mundo menos colorido, pero diseñado para detectar movimiento y funcionar con eficacia en su entorno. (Agencias)

