8 agosto, 2026

Mosaicos de Chávez Morado se deterioran en Campeche


Harold Amábilis

CAMPECHE.- En uno de los rincones del Parque Moch Cohuó permanece una obra que ha acompañado la historia contemporánea de la capital campechana durante más de seis décadas. A simple vista forma parte del paisaje cotidiano, pero una observación detenida revela que el paso del tiempo avanza con ventaja sobre los mosaicos de piedra creados por el muralista José Chávez Morado, una de las figuras fundamentales de la integración plástica en México, cuyo legado enfrenta un deterioro que comienza a resultar evidente.

Las piezas fueron concebidas en la década de 1960, cuando el gobierno encabezado por el coronel José Ortiz Ávila impulsó un amplio proyecto de renovación urbana y convocó al artista guanajuatense para incorporar una identidad visual a los nuevos espacios públicos de San Francisco de Campeche. El resultado fue un conjunto de obras que unió arquitectura, arte e historia en un mismo lenguaje, dejando una huella que aún distingue al Parque Moch Cohuó.

Los mosaicos representan una interpretación de la cosmovisión maya a través de la mirada artística de Chávez Morado. En uno de ellos destaca una figura masculina de porte señorial, adornada con elementos que evocan a las antiguas élites de la región y acompañada por un caracol, símbolo relacionado con el agua y la fertilidad. El segundo presenta una serpiente de fauces abiertas de la que emerge una deidad o un ancestro, una imagen recurrente en la iconografía mesoamericana que el artista reinterpretó mediante su característico lenguaje plástico.

El conjunto fue elaborado con piedra tipo empedrado ensamblada mediante la técnica del mosaico, una solución artística que ha resistido décadas de exposición permanente al sol, la lluvia y la humedad. Sin embargo, esa resistencia comienza a mostrar límites. Entre las juntas han crecido plantas cuyas raíces fracturan el mortero que sostiene las piezas, favoreciendo desprendimientos y la aparición de huecos sobre la superficie. La acumulación de tierra y sedimentos cubre los colores originales, conserva humedad y acelera el desgaste de los materiales, mientras los contornos de las figuras pierden nitidez y las placas informativas presentan un deterioro que dificulta la lectura de su contenido.

La remodelación del Parque Moch Cohuó realizada en 2019 permitió rescatar los mosaicos y reconocer nuevamente su valor patrimonial; sin embargo, desde entonces no se registran intervenciones relevantes encaminadas a conservarlos de manera permanente, una ausencia que hoy resulta visible en el estado que guarda la obra y que pone de manifiesto la necesidad de establecer labores periódicas de limpieza, consolidación de juntas y control de la vegetación antes de que el deterioro avance hacia daños difíciles de revertir.

La situación tampoco corresponde a un caso aislado. Gran parte del patrimonio artístico del siglo XX instalado en espacios públicos de Campeche permanece expuesto de forma permanente a las condiciones climáticas de la región, circunstancia que exige estrategias de conservación continuas y técnicamente especializadas. El Monumento al Resurgimiento Campechano, las fuentes de El Progreso y La Nacionalización de la Electricidad, los monumentos dedicados a Adolfo López Mateos, Pablo García y los Pescadores, además de la escultura del Águila ubicada en la Plaza de la República, forman parte de un conjunto de bienes culturales que demanda atención constante para evitar que el deterioro se convierta en una pérdida irreversible.

La preservación de este patrimonio requiere programas permanentes de mantenimiento, personal con conocimientos en restauración y recursos destinados específicamente a su conservación. Las intervenciones esporádicas difícilmente ofrecen resultados duraderos cuando se trata de obras que permanecen expuestas durante todo el año.

Los mosaicos de José Chávez Morado conservan una parte de la memoria artística de Campeche y recuerdan un periodo en el que el arte fue incorporado al espacio público como elemento de identidad. Hoy, mientras las grietas avanzan lentamente sobre la piedra, también crece el desafío de impedir que una de las expresiones plásticas más valiosas de la ciudad desaparezca ante la mirada cotidiana de quienes conviven con ella.

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