6 septiembre, 2026

No somos un sector: somos ciudadanos con derechos – Si tú pudieras ver lo que yo escucho

El 3 de diciembre se conmemoró el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

Un día que, desde hace décadas, está cargado de discursos, buenas intenciones, estadísticas oficiales y promesas que se repiten como si fueran nuevas. Pero este año decidí mirarlo —o escucharlo— desde otro ángulo: ¿por qué seguimos insistiendo en llamarnos personas con discapacidad cuando, antes que todo, somos ciudadanos?

El lenguaje no es menor. El lenguaje construye realidades, define jerarquías, establece distancias. Cuando el Estado, las instituciones y la sociedad nos nombran como “personas con discapacidad”, pareciera que nuestra identidad está reducida exclusivamente a la condición que vivimos.

Pero cuando decimos ciudadanos, la conversación cambia. Deja de tratarse de caridad, y empieza a tratarse de derechos. Deja de ser un “tema social” y se convierte en un asunto cívico, público, político.

Y ahí es donde Quintana Roo tiene una deuda enorme.

Vivir en este estado con una discapacidad —en mi caso, visual— es enfrentarse todos los días a un sistema que no está diseñado para ti. No hablo solo de los baches, banquetas rotas o semáforos inexistentes. Hablo de algo más profundo: la indiferencia institucional. Esa sensación permanente de que estás al final de la fila, que no eres prioridad para nadie, que tu vida solo aparece en los discursos del 3 de diciembre y luego se evapora.

En Quintana Roo, miles de ciudadanos viven con discapacidad. Muchos sin acceso a rehabilitación, sin empleo formal, sin movilidad accesible, sin oportunidades educativas, sin políticas públicas reales. Y no por falta de capacidad —la capacidad sobra—, sino por falta de visión de quienes toman decisiones.

La discapacidad no es el problema.

El problema es la estructura que excluye, que invisibiliza y que decide por nosotros sin escucharnos.

A lo largo de estos años he compartido fragmentos de mi experiencia: perder la vista, adaptarme, reconstruirme, tropezar con un sistema que te ignora si no tienes un padrón electoral de por medio. Y justamente por eso insisto en que la conversación debe cambiar.

No necesitamos que nos “incluyan”. Necesitamos que se reconozca que ya estamos aquí. Que participamos, pagamos impuestos, trabajamos, opinamos, proponemos, votamos.

Eso, en cualquier democracia funcional, se llama ser ciudadanos.

Si algo escuché —con toda claridad— durante este tiempo, es que en Quintana Roo la discapacidad no se atiende porque no se entiende. Los programas se diseñan sin nosotros, los presupuestos se asignan sin consultarnos y las decisiones se toman desde escritorios donde la accesibilidad es solo una palabra bonita y políticamente correcta.

Por eso la lucha no es por un término.

La lucha es por un reconocimiento: somos ciudadanos con derechos, no decorado de campaña.

El verdadero avance llegará el día en que ya no necesitemos un 3 de diciembre para recordar nuestra existencia. El día en que la ciudadanía sea el punto de partida, no la discapacidad.

Ese día, Quintana Roo habrá dado un paso real hacia la dignidad.

X: @gruizCun

Director de la Red de Ciegos de Quintana Roo.

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