HAROLD AMÁBILIS
NUNKINÍ.- La comunidad vivió una de sus jornadas de mayor arraigo religioso con las celebraciones en honor a San Diego de Alcalá. Desde temprana hora, calles y espacios públicos se llenaron de fieles que participaron en las actividades litúrgicas y tradicionales dedicadas al patrono.
Los gremios y agrupaciones católicas se concentraron en el atrio de la parroquia, un templo edificado en el siglo XVIII sobre una antigua base prehispánica. Ante la alta afluencia, la misa principal se realizó al aire libre, lo que permitió la presencia de devotos provenientes de localidades cercanas como Bécal, Dzitbalché y Hecelchakán, además de visitantes del vecino estado de Yucatán. Durante la homilía, el sacerdote recordó la vida de San Diego de Alcalá y subrayó la permanencia de su culto en la región.
Al finalizar la ceremonia religiosa, la imagen del santo fue llevada en procesión alrededor del parque principal. Colocada sobre un templete de madera y adornada con flores, avanzó acompañada por el repique constante de las campanas. A su paso, los asistentes realizaron muestras de devoción mediante oraciones, lanzamiento de pétalos y gestos de respeto.
Al término del recorrido procesional, la imagen fue trasladada al interior de la iglesia. Comenzó entonces la veneración en el recinto sagrado. Los feligreses ingresaron en grupos ordenados para acercarse al santo, depositar ofrendas florales, tocar sus vestimentas y elevar oraciones personales. Muchos aprovecharon el momento para cumplir promesas hechas meses atrás. La imagen lució un nuevo atuendo confeccionado por manos locales. Los vecinos explicaron que cada año diferentes familias se turnan para donar la vestimenta del patrono como parte de un pacto cumplido, un gesto que refuerza los lazos de reciprocidad entre los creyentes y su protector espiritual.
Después de la veneración, comenzó la repartición conocida localmente como Ts’ayatsil. Familias enteras ofrecieron alimentos y objetos a todos los presentes. Lo más común fueron las rosquitas de harina, pero también se entregaron pañuelos bordados, gorras con la leyenda del santo, camisetas estampadas, pequeños escapularios, entre otros elementos. Esta costumbre responde a las promesas que los fieles hacen a San Diego de Alcalá a lo largo del año.
Mientras la repartición de ofrendas ocurría en el atrio y los portales de la plaza, los miembros de la sociedad patronal de don Chanok ultimaban los preparativos para la quema del Caballero de Fuego. Este personaje, conocido en lengua maya como Ts’uulil K’áak’, había sido construido en los días previos en el solar de la familia Naal Ac, encargada de la celebración del mes de abril.
El Caballero de Fuego permaneció en el solar de los patrones hasta minutos antes del traslado. Los organizadores anunciaron la salida con el estallido de voladores, una señal que la comunidad reconoce como el llamado a reunirse en torno a la procesión final. La comitiva que escoltó al caballero estuvo integrada por decenas de voluntarios, muchos de ellos cargando la figura sobre sus hombros como parte de una promesa personal.
Un grupo de charangueros, músicos mayas que tocan instrumentos de cuerda y percusión, encabezó el desfile. Detrás de ellos caminaban los patrones mayores, encabezados por don Chanok, identificados por sus sombreros de palma y sus camisas blancas. Cuatro hombres sostenían al caballero. El recorrido desde el solar hasta la plaza principal duró aproximadamente 20 minutos, durante los cuales las campanas de la parroquia repicaron de forma ininterrumpida para anunciar la llegada de la ofrenda.
Cuando el Caballero de Fuego llegó frente a la iglesia, los patrones lo fijaron con una barra de metal en el piso. Operarios especializados colocaron las mechas que conectarían los explosivos internos con el punto de ignición. La multitud se replegó hacia las aceras y los portales, mientras algunos curiosos buscaban un lugar elevado para obtener una mejor vista del espectáculo.
El silencio se apoderó de la plaza durante los segundos previos a la detonación. Un primer estallido anunció el encendido de la mecha. El fuego recorrió el hilado de petardos que cubría el cuerpo del caballero. Las chispas dibujaron figuras efímeras en el aire mientras el humo comenzaba a elevarse. Finalmente, una explosión más potente hizo estallar la cabeza y el torso de la figura. Los restos del caballero volaron en todas direcciones, y una lluvia de papel, tela y pequeños fragmentos de madera cayó sobre los presentes.
De inmediato, decenas de personas se lanzaron hacia el lugar donde había ocurrido la explosión para recoger los restos. La tradición local sostiene que estos fragmentos, al haber estado en contacto con el fuego y con el espíritu del caballero, poseen propiedades benéficas. Algunos los guardan en sus altares domésticos, otros los colocan en las milpas para asegurar una buena cosecha y varios más los cosen dentro de pequeñas bolsas que cargan como amuletos contra las enfermedades.
Una vez que los restos del caballero fueron recolectados y el humo comenzó a disiparse, llegó el turno de la Mestiza. La comitiva femenina, compuesta por catorce mujeres ataviadas con ternos bordados, trasladó a la Xunáan K’áak desde el solar hasta la plaza principal. A diferencia del caballero, su recorrido fue más breve y estuvo acompañado de bailes y cánticos. Las mujeres giraban alrededor de la figura mientras avanzaban, una práctica que ha caracterizado a esta manifestación desde su creación en 1991.
Al llegar frente a la parroquia, la Mestiza fue colocada en el mismo lugar donde minutos antes había ardido el caballero. Los patrones prepararon la mecha mientras las catorce mujeres realizaban una última danza circular. La detonación de la Dama de Fuego ocurrió sin mayores contratiempos. Sus restos, igualmente considerados portadores de bendiciones, fueron recolectados principalmente por mujeres y niños, quienes los guardaron en bolsas de tela o papel.
Con esta segunda explosión concluyó el ciclo ritual del Ts’uulil K’áak’ y la Xunáan K’áak para la celebración de abril, una tradición que los nunkinienses han repetido durante generaciones sin interrupción. Don Chanok, visiblemente satisfecho, agradeció a los presentes por su participación y recordó que la sociedad patronal continuará preparándose para el próximo año.
En ambas manifestaciones se recibió la visita de la Reina del Carnaval de Campeche, Carla Paola.
La declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Campeche, que actualmente se encuentra en proceso de aprobación por el gobierno estatal, reconoce precisamente esta doble capacidad del caballero, al ser a la vez un recordatorio de los sufrimientos del pasado y un símbolo de unidad y resistencia cultural. La comunidad de Nunkiní, a través de sus Sociedades Patronas, tiene ahora la responsabilidad de supervisar la reproducción y difusión de esta manifestación, asegurando que cualquier uso comercial o turístico cuente con la autorización previa de los portadores de la tradición.




