10 octubre, 2026

Obras maestras del Museo de Bellas Artes de Montreal – La Covacha del Aj Men – Claudio Obregón Clairin

Especialista de la Ritualidad, Tlatilco, 1200 a.n.e.

Las salas del Museo de Bellas Artes de Montreal cuentan con una colección permanente de obras selectas de las culturas primigenias del mundo: Jade Imperial de la Dinastía Hang, de China, sarcófagos egipcios, orfebrería de Panamá, tallas de madera del África Subsahariana, cerámica Inca y Mochica, así como piezas de los olmecas, huastecos, mixtecas, teotihuacanos, totonacos y mayas.

Las cédulas del museo señalan la región o civilización de Mesoamérica a la que pertenecen las obras exhibidas, les otorgan una fecha aproximada pero la mayoría de ellas fueron donaciones de particulares y, por ende, lamentablemente carecen de contexto arqueológico, así como referencias sobre su temporalidad, lo cierto es que están expuestas dignamente y al contrario a la mayoría de los museos del mundo, cuentan con una buena iluminación.

El Museo de Bellas Artes de Montreal dispuso una enorme vitrina en la que se exhiben las figuras de personajes y especialistas de la ritualidad que fueron manufacturados en barro, jade y serpentina. 

El especialista de la ritualidad proveniente de Tlatilco es una de las obras maestras más refinadas en el Museo de Bellas Artes de Montreal. Su rostro evidencia un pronunciado bigote y desde su barbilla surge un pico de ave; su cuerpo está completamente emplumado y, en lugar de pies, presenta dos crótalos de serpientes, no tiene ojos. Evidenciamos que el individuo se encuentra en un proceso de teriantropía, es decir, adquiere los atributos físicos de “su otro yo animal” conocido como nagual —way en maya—. Por sus características aladas y serpentinas, fusiona al cielo con la tierra, representa a la unidad cosmogónica y es una temprana alegoría al individuo pájaro-serpiente.

Especialista de la Ritualidad, Tlatilco, 1200 a.n.e.

Las sociedades de los especialistas de la ritualidad derivaron siglos más tarde en sociedades urbanas, este fenómeno político-religioso-social entre los mayas dio nacimiento a la “ahaucracia” o gobierno de los señores de la palabra. Los gobernantes mayas contaron con varios títulos, el genérico fue ajaw o ahau que se traduce como el que grita, el que habla, el que determina: quien con la palabra se comunica con el ámbito divino.

La colección de piezas de la Isla de Jaina es formidable, los rostros de las mujeres fueron delicadamente moldeados y cuentan con un talante que devela la fuerte personalidad y la altiva dignidad de las damas mayas reproducidas en cerámica. Es remarcable su deformación craneal. 

Mujeres mayas de la Isla de Jaina

En el centro de la sala mesoamericana se presenta a individuos que surgen de “hachas votivas” personajes que se convierten en hachas o hachas con características humanas. 

Las hachas son un recuerdo de los tiempos anteriores a la Gran Divisoria cuando con ellas se servían nuestros ancestros para destazar a las presas que correteaban. En el momento en que dejaron de perseguir a la proteína, las hachas sirvieron también para deforestar, deshierbar y preparar el terreno para la siembra. Cuando los mayas clásicos escribieron que una ciudad era conquistada, escribían que había sido “hacheada”. 

El hacha nos ha acompañado desde nuestras primeras transformaciones sociales y, durante el periodo en el que nuestros ancestros se especializaron en la ritualidad, los objetos se convertían en sujetos y los chamanes adquirían formas de animales o de objetos.

Detrás de las hachas se ubica una representación de la entidad del fuego provista de dos enormes orejeras. La pieza proviene del Altiplano, y es curioso que entre los pueblos mayas no existió una representación de esta anciana entidad divina, aunque ciertamente se realizaron rituales de fuego.

El silencio de la sala se vio interrumpido por un murmullo que desembocó en un corpus de adjetivos pronunciados por un grupo de niños de entre siete y 10 años, quienes acompañados de dos maestras comentaban las piezas mesoamericanas. Apelando a su sentido crítico y a la observación primigenia, una de las maestras sentó al grupo al frente de la entidad divina del fuego que referimos y les pidió que observaran detenidamente a la pieza para que explicaran quién era. 

“Un viejo” dijo uno de los más pequeños… cierto, afirmó la maestra y preguntó: qué tiene de particular: “dos orejas grandes” respondió una niña y la maestra asintió comentando que era un sabio, y apuntó: es un abuelo sabio que con sus grandes orejas puede escuchar mejor y propuso a sus alumnos colocarse en posición de loto para que meditando, le hablaran al viejo sabio.

Inmiscuidos en la dinámica de comunicación con el objeto-sujeto-sabio, algunos niños cerraron los ojos para comunicarse con sus pensamientos, otros emitieron el clásico “om” y hubo quienes precisaron de mayor cercanía por lo que directamente hablaron con el sabio diciéndole: estamos aquí sentados, aquí, a tu lado… 

Divinidad del Fuego, Altiplano.

Lo trascendente de esta experiencia que testimonié fue que los niños canadienses se mostraron libres y sus maestras los indujeron a expresarse en orden; es remarcable que los niños no tienen limitaciones para la comprensión de la otredad y que la maestra canadiense condujo a sus pequeños alumnos a una comunicación con el objeto, considerándolo como un sujeto, tal y como lo consideraron en tiempos antiguos sus creadores.

Fotografías: Claudio Obregón Clairin

Facebook: La Covacha del Aj Men

Related Post