12 agosto, 2026

PASEO DE MONTEJO: PATRIMONIO EN DISPUTA

El deterioro de su legado histórico, las diferencias entre autoridades, así como las visiones encontradas sobre movilidad y conservación, mantienen abierto el debate sobre el futuro del símbolo urbano más emblemático de Mérida

Eduardo May

Recientemente, el gobierno estatal lanzó una iniciativa para “revitalizar” el Paseo de Montejo, una de las avenidas más emblemáticas no sólo de Mérida, sino del país. Salvo el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México —que concentra monumentos, actividad económica, social y cultural—, pocas ciudades cuentan con una vialidad cuya identidad represente de manera tan clara el legado histórico y arquitectónico de uno de los periodos más importantes de su desarrollo.

El Paseo de Montejo ha sido testigo de la transformación de Mérida desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX. Desde su trazo original y la construcción de sus principales casonas y monumentos, ha acompañado algunos de los momentos más significativos en la vida de la capital yucateca y de su sociedad.

En esta avenida se expresa el sincretismo cultural de la región y un patrimonio que le ha otorgado reconocimiento internacional.

Considerada una de las primeras grandes avenidas de Mérida, fue declarada Patrimonio de la Ciudad en 1972, al integrar monumentos arqueológicos, artísticos e históricos que forman parte del Patrimonio Cultural Edificado, reflejo de una sociedad que legó uno de los conjuntos urbanos más representativos de la región y del país.

El Paseo del Adelantado Montejo, nombre original de la avenida, es resultado de las transformaciones sociales y culturales del pueblo yucateco. Sus edificios muestran la evolución arquitectónica registrada desde finales del siglo XIX y durante el XX, conformando una de las zonas de mayor relevancia histórica, cultural y ambiental de Mérida.

Esta vía constituye el testimonio de una ciudad viva, cuyo crecimiento la ha obligado a adaptarse continuamente a nuevas necesidades, reorganizando sus espacios urbanos sin perder los rasgos que le dieron identidad. Su permanencia depende, en buena medida, del conocimiento y valoración de su historia. Sin embargo, hoy enfrenta nuevos desafíos: la proliferación del comercio ambulante, modificaciones sustanciales en sus usos y una creciente disputa política sobre su futuro, sin que la opinión de los meridanos que la recorren y habitan haya sido realmente considerada.

La propuesta de “revitalización” impulsada por el gobierno estatal surgió sin la participación del Ayuntamiento de Mérida, autoridad competente sobre la vialidad, aunque sí involucró a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán como respaldo técnico para promover una intervención cuya necesidad ha sido cuestionada por diversos sectores.

Historia y construcción

A finales del siglo XIX, Yucatán alcanzó un importante desarrollo económico, político y cultural gracias al auge henequenero, proceso que también transformó la imagen urbana de Mérida. Aunque la ciudad ya contaba con cuatro paseos destinados a la recreación, el primero de ellos fue La Alameda o Paseo de las Bonitas, construido en 1792.

Posteriormente se proyectaron otras importantes vialidades. En 1832 se planificaron El Camposanto, La Cruz de Gálvez y El Limonar, espacios urbanos que reflejaban la prosperidad derivada del henequén. En ese contexto surgió también el proyecto del Paseo del Adelantado Montejo, promovido por un grupo de comerciantes y hacendados.

El Paseo fue concebido con amplias áreas peatonales y vehiculares, glorietas, monumentos, andadores arbolados, bancas y grandes predios destinados a residencias acordes con la bonanza económica del estado, inspirado en modelos como los Campos Elíseos de París y el Paseo de la Reforma.

La construcción comenzó en 1888, pero permaneció suspendida durante diez años debido a diversos problemas urbanos. Concebido como salida hacia el puerto de Progreso y el entonces poblado de Itzimná —sitio de descanso de la élite meridana—, el proyecto comprendía el tramo de la calle 47 a la 33-A, con una longitud de mil 198 metros, y concluyó en 1904.

Posteriormente comenzó la instalación de sus monumentos. El 15 de enero de 1906 fue inaugurada la estatua del doctor Justo Sierra O’Reilly, ubicada al final del recorrido original. En 1925, un año después del asesinato de Felipe Carrillo Puerto, se develó su monumento en la segunda glorieta. Entre 1945 y 1956 se edificó el Monumento a la Patria, obra de los arquitectos Manuel y Max Amábilis y del escultor Rómulo Rozo.

A partir de la década de 1950 el Paseo continuó extendiéndose mediante la actual prolongación de Paseo de Montejo. Originalmente se proyectaron tres tramos hacia el norte: del Monumento a la Patria a las vías del ferrocarril; de ahí hasta la Fuente de la Colonia México; y posteriormente hasta Cordemex, rematando en el monumento a Gonzalo Guerrero. También contempló una prolongación hacia el sur, correspondiente a una manzana dentro de la traza colonial, conocida de manera incorrecta como el Remate, cuando en realidad constituye el inicio del Paseo.

El Paseo del Adelantado Montejo es considerado el primer fraccionamiento residencial de élite de Mérida. Nació como símbolo de la clase dominante de la época y hoy permanece como uno de los principales referentes patrimoniales de toda la sociedad meridana.

Los edificios que integran el Paseo representan las distintas tipologías arquitectónicas desarrolladas en Yucatán desde finales del siglo XIX. Entre el inicio de la avenida y el Monumento a la Patria se localizan 125 inmuebles.

De ellos, 30 corresponden a la denominada Modernidad Porfiriana; 36, a la Modernidad Nacionalista Revolucionaria; nueve, al Movimiento Moderno Internacional; y 50, a la Modernidad Contemporánea.

La Modernidad Porfiriana comprende las corrientes arquitectónicas predominantes durante el régimen de Porfirio Díaz, caracterizadas por la adopción de estilos europeos, principalmente franceses, además del neogótico, neobarroco, art nouveau, neomorisco, neorrománico y otras variantes eclécticas.

La Modernidad Nacionalista Revolucionaria surgió tras la caída del porfiriato como una propuesta inspirada en los ideales impulsados por José Vasconcelos, orientada a fortalecer una identidad nacional. Su mayor desarrollo ocurrió durante el segundo cuarto del siglo XX e incluyó expresiones como el neomaya y los estilos neocoloniales yucateco y californiano.

El Movimiento Moderno Internacional llegó a México durante la década de 1920 y a Yucatán en los años cuarenta. En el estado se fusionó con las ideas del movimiento socialista local, privilegiando la funcionalidad, la economía constructiva y la rapidez de ejecución, lo que favoreció su aceptación tanto entre las élites como en sectores populares.

Finalmente, la Modernidad Contemporánea, desarrollada durante las últimas décadas del siglo XX, respondió a los efectos de la globalización y a la transformación económica, incorporando propuestas posmodernas y nuevas formas de integración entre arquitectura y paisaje urbano.

El patrimonio natural de Paseo de Montejo

Además de su riqueza histórica y arquitectónica, el Paseo de Montejo constituye también un importante patrimonio natural. Funciona como un microecosistema integrado por árboles de gran antigüedad, especies endémicas y otras variedades vegetales que han contribuido a definir su identidad paisajística. A ello se suma la fauna que habita en banquetas, camellones y áreas verdes.

Actualmente, el Paseo alberga 607 árboles, arbustos y especies ornamentales, entre ellos ramones, tamarindos, kitinchés, laureles, flamboyanes, robles, almendros y mákulis, además de otras variedades. La mayoría presenta un adecuado estado de conservación.

Este patrimonio vegetal sirve de refugio a una importante fauna nativa integrada por murciélagos, aves como piches, x’kaues, tortolitas, loros, cardenales, chinchín bacales, azulejos, carpinteros, además de lagartijas, ardillas y arañas. Todos ellos cumplen una función ecológica esencial como indicadores de la salud del ecosistema y contribuyen al mantenimiento de los procesos naturales.

Los monumentos históricos y el patrimonio cultural

El primer monumento está dedicado a Francisco de Montejo “El Adelantado”, fundador de la ciudad de Mérida, quien da nombre a la avenida. En la primera glorieta se encuentran las esculturas de Francisco de Montejo padre y de su hijo, homónimo del conquistador, quien participó en la toma de la antigua Thó. Inaugurado en 1990, el conjunto escultórico fue elaborado en bronce y colocado sobre una base de mármol de tres metros de altura, marcando el inicio de esta emblemática vialidad.

El segundo monumento está dedicado a Felipe Carrillo Puerto, denominado Mártir del Proletariado, asesinado el 3 de enero de 1924. El prócer yucateco, defensor de la cultura maya, ocupa la siguiente glorieta del Paseo. Fue inaugurado el 24 de enero de 1926 y es obra del arquitecto Leopoldo Tommasi López, con un diseño de inspiración neomaya. Construido con piedra caliza blanca de Sotuta, representa en altorrelieve al exgobernador abrazando a dos indígenas mayas, mientras otros dos permanecen postrados a sus pies.

El monumento conserva varias inscripciones alusivas. En la parte frontal puede leerse: “El gobierno del C. José Ma. Iturralde Traconís, al apóstol y mártir Felipe Carrillo Puerto”; en los costados aparecen las leyendas: “Plasmada en él está su raza” y “Su sangre fecundará a su pueblo”.

El siguiente monumento fue erigido en memoria del doctor Justo Sierra O’Reilly, padre del educador campechano Justo Sierra Méndez. Ubicado en el límite original del Paseo de Montejo, ocupa la cuarta glorieta de la avenida y fue inaugurado el 15 de enero de 1906 para rendir homenaje al literato yucateco en el 45 aniversario de su fallecimiento.

La obra es autoría del escultor catalán Hondenden y fue modelada en barro por el artista mexicano Jesús Contreras antes de fundirse en bronce. Se levanta sobre una columna de base cuadrada, revestida con piedra chiluca, con una altura cercana a cinco metros, rematada por una escultura de 2.15 metros que representa al escritor de cuerpo entero sosteniendo una pluma y un cuaderno. En la parte posterior se aprecia el escudo de la ciudad y, al frente, una placa con la inscripción: “A la memoria del Dr. Justo Sierra. 1906”.

La glorieta más visitada del Paseo alberga el Monumento a la Patria. Este hemiciclo de estilo art decó con influencia neoindigenista fue concebido originalmente como Monumento a la Bandera. Su diseño corresponde a los arquitectos yucatecos Manuel y Max Amábilis, mientras que la ejecución escultórica fue realizada por el colombiano Rómulo Rozo.

Su construcción comenzó el 15 de septiembre de 1945 y, tras once años de trabajo, fue inaugurado el 23 de abril de 1956. Esculpido en piedra de Ticul, presenta en sus relieves interiores distintos pasajes de la historia mesoamericana y, en la parte exterior, una secuencia de acontecimientos nacionales hasta 1940. Entre sus elementos destacan guerreros mayas, la ceiba como árbol de la vida y diversos símbolos que recorren la historia nacional hasta la Independencia.

Una de sus principales particularidades es que, a diferencia de otros hemiciclos, su fachada principal mira hacia el sur, mientras que en la parte posterior incorpora un espejo de agua que simboliza el lago de Texcoco, presidido por un águila en alusión a la fundación de Tenochtitlán. En sus muros aparecen representados cerca de 300 rostros de personajes históricos y diversos pueblos originarios del continente.

Como parte del conjunto escultórico también se incorporaron los escudos de las 32 entidades federativas, como símbolo de la unidad nacional.

La arquitectura que viste una vía

A lo largo de su historia, el Paseo de Montejo ha reunido algunas de las construcciones más representativas de la arquitectura yucateca. Entre ellas destacan las conocidas Casas Gemelas, inspiradas en las residencias de los Campos Elíseos de París y consideradas uno de los mejores ejemplos de la arquitectura ecléctica francesa en la región. Fueron diseñadas por el arquitecto Maurice Umbdenstock y construidas por el ingeniero Manuel G. Cantón Ramos durante la última década del siglo XIX.

El Palacio Cantón, hoy Museo Regional de Antropología Palacio Cantón, fue construido entre 1904 y 1911 como residencia del general Francisco Cantón Rosado, gobernador de Yucatán. El proyecto arquitectónico fue realizado por el ingeniero italiano Enrico Deserti y la obra supervisada por el ingeniero yucateco Manuel G. Cantón Ramos.

El edificio funcionó inicialmente como residencia particular; posteriormente albergó una escuela y fue residencia oficial de los gobernadores del estado. En 1960 se convirtió en sede del Instituto Yucateco de Antropología e Historia y, desde 1977, mediante convenio entre el Gobierno del Estado y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, funciona como Museo Regional de Antropología de Yucatán.

Su acceso principal se localiza sobre la calle 45 y cuenta con un ingreso secundario desde el Paseo mediante dos escalinatas convergentes que conducen a un pórtico. Entre sus principales características destacan el almohadillado biselado de la fachada, los vanos rematados con frontones truncos, la abundante ornamentación con volutas, guirnaldas, figuras antropomorfas y zoomorfas, además de la mansarda del tercer nivel, sus escaleras de mármol y el primer elevador instalado en Yucatán.

La Casa Peón de Regil fue edificada en 1905 por Pedro de Regil Casares. Representa uno de los mejores ejemplos de la arquitectura neoclásica del Paseo y se distingue por el jardín perimetral que la separa del alineamiento de la calle. Su ubicación en esquina permitió crear un acceso en chaflán y un amplio corredor hipóstilo con columnas jónicas estriadas que sostienen un entablamento clásico decorado con guirnaldas.

La actual Quinta Montes Molina, conocida originalmente como Villa Beatriz, fue construida en 1910 por Aureliano Portuondo Barceló y su esposa Josefa de Regil Casares. Posteriormente fue adquirida por el hacendado Avelino Montes Linaje, quien la rebautizó en honor de su esposa, Beatriz Molina, hija del exgobernador Olegario Molina Solís.

Su fachada sobresale por la amplia escalinata que conduce a un pórtico sostenido por columnas jónicas, rematado por un frontón semicircular cuya decoración se atribuye al artista italiano Alfonso Cardone. La residencia, elevada sobre un semisótano, también destaca por su torre-mirador octagonal rematada con aguja y veleta, así como por la balaustrada con pebeteros que rodea el conjunto.

La Casa Molina Duarte fue edificada entre 1905 y 1908 para el empresario Fernando Molina Font. Se trata de una residencia ecléctica con influencias barrocas y neoclásicas, construida bajo las tendencias afrancesadas de la época. Entre sus principales atributos sobresale el acceso principal, ubicado en la fachada norte, al que se llega a través de un jardín lateral y una amplia escalinata con balaustradas que conduce al gran salón central, iluminado por ventanales enmarcados por cuatro pares de columnas dóricas.

El acceso secundario, orientado hacia la calle, presenta escalinatas convergentes que desembocan en un pórtico con frontón, yeserías de motivos vegetales y florales, así como columnas dóricas pareadas. La residencia se levanta sobre un semisótano; conserva pisos de mosaico veneciano y una rica decoración interior integrada por molduras, hojas de acanto y guirnaldas de yeso en muros y plafones.

La Casa Neomaya, edificada entre 1920 y 1936, perteneció a Manuel José Palma Mena. La vivienda, de estilo neomaya, está compuesta, como muchas otras del Paseo, por dos niveles y un semisótano. El acceso se realiza mediante una escalinata que conduce a un pórtico enmarcado por cuatro columnas piramidales con fustes decorados con cruces que forman una celosía de inspiración neomaya.

Los vanos de la planta baja presentan molduras trapezoidales, mientras que en la planta alta la fachada principal incorpora arcos mayas estilizados. En la fachada lateral, orientada hacia la calle 45, los vanos son de doble arco, separados por pequeñas columnas y balcones en voladizo. Las ventanas del segundo nivel exhiben mascarones indígenas a manera de clave, mientras que los pretiles de los jardines exteriores también están decorados con cruces mayas que evocan la arquitectura de la región Puuc. El edificio incorpora además un portón tipo zaguán sobre la fachada lateral.

La Vivienda Modelo, construida en 1929, fue propiedad de Rosa María Cámara Zaldívar de Vales. El conjunto fue concebido para renta como viviendas accesorias a la casa principal, aprovechando el amplio terreno con acceso desde ambas calles. Está integrado por cinco inmuebles, cuatro de ellos prácticamente idénticos, salvo el primero, que presenta un acceso lateral que modifica la distribución interior.

La volumetría es sencilla y se desarrolla en dos niveles. El acceso principal se enfatiza mediante un balcón cerrado en la planta alta, con pretil de balaustradas y arcos de medio punto cubiertos con techo de teja inclinada. Las puertas y ventanas son de madera, mientras que las viviendas están separadas por un pasillo delimitado por un arco trilobulado. Actualmente el conjunto pertenece al Hotel Conquistador y funciona como estacionamiento; las viviendas permanecen en estado de abandono, con excepción de la primera, que aún tiene uso parcial.

La Casa Neocolonial, concluida en 1950 para Adda Cámara de Millet, representa la adaptación regional de esta corriente arquitectónica impulsada por el arquitecto Carlos Castillo Montes de Oca, cuya influencia marcó buena parte de la producción arquitectónica de la época.

La residencia constituye uno de los mejores ejemplos del neocolonial yucateco. Se encuentra retirada del alineamiento de la calle mediante un jardín frontal y se accede a ella por un sobrio pórtico. Tanto la fachada como el pretil perimetral están revestidos con mampostería de piedra aparente colocada mediante la técnica opus incertum.

La Escuela Modelo, concluida en 1926, fue promovida por Nicolás Escalante Peón. Este edificio de estilo neocolonial fue inaugurado el 12 de octubre de ese año y, a lo largo del tiempo, ha experimentado diversas modificaciones. Se construyó sobre los terrenos de la antigua Quinta San Vicente, propiedad de la familia Escalante.

El edificio principal fue diseñado por el arquitecto Carlos M. Castillo Montes de Oca, quien concibió una fachada sobria inspirada en la arquitectura colonial, reinterpretada mediante arcos de medio punto, ventanas con guardamalleta y una escalinata semicircular que conduce al acceso principal, entre otros elementos.

Entre las construcciones más representativas del Paseo también figuran la Casa de los Encajes, concluida en 1950 para Guillermo Buhl; la Casa Molina Zaldívar, terminada ese mismo año para Rafael Molina y Margarita Zaldívar de Molina, considerada una de las primeras expresiones de la arquitectura funcionalista en la avenida; y la Panificadora Montejo, inaugurada en 1956 por Jorge Siqueff Febles y su socio Carlos Saidén Slame.

Ubicada frente a la glorieta del Monumento a la Patria, la Panificadora Montejo fue diseñada específicamente para albergar las instalaciones de esta industria local. Su planta funcionalista adopta la forma de un trapecio, con el lado más estrecho orientado hacia el Paseo y el más amplio hacia el interior de la manzana, donde se ubicaban las áreas de producción y almacenamiento.

El Paseo de Montejo del siglo XXI

Modificado en su imagen, esencia y vocación, el Paseo de Montejo ha ido perdiendo parte del rostro que lo convirtió en símbolo de la Mérida de finales del siglo XIX. En apenas medio siglo, numerosas casonas señoriales desaparecieron para dar paso a una transformación que los meridanos han observado casi siempre como simples espectadores.

La avenida fue primero sede de instituciones bancarias; después se consolidó como corredor comercial, más tarde adquirió vocación hotelera y posteriormente se transformó en un importante punto de encuentro para la vida nocturna, con restaurantes, bares, cantinas y centros de espectáculos.

La avenida, incluida entre los principales atractivos turísticos del Centro Histórico de Mérida, también se ha convertido en escenario frecuente de manifestaciones, actividades comerciales y eventos de muy diversa naturaleza.

Hoy, el Paseo de Montejo enfrenta un debate sobre su futuro. Diversos sectores impulsan propuestas de transformación que, para muchos, responden más a intereses políticos que a una visión compartida por la sociedad meridana sobre la conservación de uno de sus principales símbolos urbanos.

En ese contexto, la principal controversia gira en torno a la movilidad, el deterioro comercial de la Prolongación de Paseo de Montejo y el modelo de desarrollo urbano. De un lado, empresarios hoteleros y comerciantes solicitan retirar la ciclovía y recuperar carriles para aliviar la congestión vehicular; del otro, colectivos ciclistas defienden la infraestructura destinada a la movilidad sustentable y la seguridad vial.

A ello se suma la pérdida gradual de la memoria urbana, reflejada en el abandono y deterioro de numerosas casonas que durante décadas distinguieron a la avenida como uno de los mayores referentes arquitectónicos de Mérida. Esta situación se ha visto agravada por la falta de políticas eficaces de conservación y por decisiones públicas que, a juicio de diversos sectores, han privilegiado la confrontación política sobre la protección del patrimonio histórico.

En el ámbito económico, la avenida también enfrenta un proceso de declive. El cierre de numerosos establecimientos, particularmente en la Prolongación de Paseo de Montejo, se atribuye al incremento de las rentas comerciales y a la disminución de la afluencia de visitantes locales, factores que han debilitado la actividad económica de uno de los corredores más emblemáticos de la capital yucateca.

La transformación del Paseo de Montejo ha dejado de ser únicamente un fenómeno urbano. En los últimos años, el futuro de la avenida ha dado origen a un amplio debate en el que convergen distintas visiones sobre movilidad, conservación patrimonial, desarrollo económico, espacio público y memoria histórica. Las diferencias entre autoridades, organismos ciudadanos, empresarios, especialistas y organizaciones civiles han convertido a este corredor histórico en uno de los principales temas de discusión sobre el futuro urbano de Mérida.

El debate sobre su futuro

En los últimos años, el futuro del Paseo de Montejo ha dejado de ser únicamente un tema de conservación patrimonial para convertirse en uno de los principales debates urbanos de Mérida. La discusión involucra aspectos relacionados con la movilidad, la protección del patrimonio histórico, el uso del espacio público y el modelo de desarrollo que debe seguir la avenida en las próximas décadas.

Uno de los puntos de mayor controversia surgió a partir del proyecto estatal para elaborar un Plan Maestro de Revitalización del Paseo de Montejo, impulsado por la Secretaría de Infraestructura para el Bienestar en coordinación con la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. Aunque el Gobierno del Estado ha señalado que el proceso busca incorporar a especialistas, empresarios, sociedad civil y los tres órdenes de gobierno, desde distintos sectores se ha cuestionado el alcance de la participación municipal y la forma en que deberán tomarse las decisiones finales.

Otro frente de discusión gira en torno a la movilidad. Mientras organizaciones ciclistas y especialistas defienden la permanencia de la infraestructura para transporte no motorizado, representantes del sector hotelero y comercial sostienen que las modificaciones viales han afectado la circulación, el acceso a los establecimientos y la actividad económica del corredor.

A ello se suma el debate sobre el uso del espacio público. El Ayuntamiento de Mérida ha realizado operativos para retirar mobiliario, terrazas y anuncios colocados irregularmente sobre banquetas, con el argumento de recuperar la movilidad peatonal, medidas que también han generado opiniones encontradas entre comerciantes y ciudadanos.

También continúa la controversia jurídica en torno al Monumento a los Montejo. Organizaciones como Kanan Derechos Humanos y RacismoMX solicitaron su retiro al considerar que representa un símbolo de la conquista y la discriminación contra los pueblos originarios. En 2026, un juzgado federal ordenó al Ayuntamiento emitir una nueva resolución debidamente fundada y motivada, sin que ello implique, por sí mismo, la remoción del monumento.

En conjunto, estos temas muestran que el Paseo de Montejo se ha convertido en un espacio donde convergen distintas visiones sobre patrimonio, movilidad, memoria histórica, desarrollo urbano e identidad de la ciudad.

Un patrimonio ante su mayor reto

Uno de los principales desafíos que enfrenta hoy el Paseo de Montejo es el deterioro gradual de sus casonas y palacetes. Aunque varias joyas arquitectónicas han sido restauradas, numerosas propiedades de valor histórico permanecen abandonadas debido a litigios hereditarios, los elevados costos de mantenimiento derivados de las normas de conservación y la ausencia de incentivos fiscales. El resultado es un paisaje donde edificios recuperados conviven con inmuebles en franco deterioro, muy lejos de la imagen que dio prestigio internacional a la avenida.

A ello se suma la creciente presencia de comercio ambulante en banquetas y espacios públicos, situación que dificulta la movilidad peatonal y modifica la imagen urbana de uno de los corredores históricos más representativos de la capital yucateca.

La movilidad y el rediseño urbano también se han convertido en ejes de una discusión que permanece abierta. Las diferencias entre quienes impulsan un modelo de ciudad centrado en el peatón y el transporte no motorizado, y quienes demandan recuperar capacidad vial para fortalecer la actividad económica, reflejan la dificultad de conciliar conservación patrimonial, funcionalidad urbana y desarrollo comercial.

A estos desafíos se agregan las afectaciones ocasionadas durante algunas manifestaciones públicas, particularmente las realizadas cada 8 de marzo, cuando monumentos históricos como el Monumento a la Patria, Justo Sierra, Felipe Carrillo Puerto y los Montejo han registrado pintas y otros daños que obligan a costosos trabajos de restauración y reavivan el debate sobre la protección del patrimonio histórico y el derecho a la protesta.

Más allá de las diferencias políticas o de los modelos de movilidad que hoy se confrontan, el principal desafío consiste en preservar un espacio que forma parte de la memoria colectiva de Mérida. El futuro del Paseo de Montejo dependerá de la capacidad de autoridades, especialistas, sectores productivos y sociedad civil para construir acuerdos que permitan conservar su valor histórico y arquitectónico sin renunciar a las necesidades de una ciudad en constante transformación. De no lograrse ese equilibrio, la avenida corre el riesgo de perder, de manera gradual, aquello que durante más de un siglo la convirtió en uno de los principales símbolos urbanos de Mérida y uno de los patrimonios arquitectónicos más representativos de Yucatán.

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