** Desde su llegada a México hace tres años, la gladiadora nacida en El Paso, Texas, con raíces fronterizas en Ciudad Juárez, ha pasado de ser la extranjera polémica a una de las figuras femeninas más queridas —y también más controversiales— del circuito nacional. Persephone no solo se sube al ring con fuerza, también lo hace con historia.
Por Sergio Masté
Entre las columnas imponentes de la Arena México, bajo el eco de décadas de historia y pasión luchística, aparece Persephone. Fuerte, sonriente, segura. Ya no es solo la extranjera que desató polémica en su arribo al Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL): ahora, oficialmente mexicana, la llamada Diosa de la Muerte celebra su nacionalización con orgullo. En esta charla íntima, habla de lucha, crecimiento, críticas, emociones y la constante transformación de quien eligió pelear con todo… y contra todo.
—¿Cómo viviste el momento de recibir tu nacionalidad mexicana?
—Fue muy emotivo. Me puse el sombrero y el poncho por un mes, literal no me los quitaba ni para dormir (ríe). Me siento profundamente agradecida y orgullosa. No solo es un papel: es un compromiso con esta tierra que me ha dado tanto y con la gente que me ha arropado, incluso cuando no me entendían o no les gustaba mi presencia.
—¿Qué representa para ti ser parte del CMLL?
— Es un honor, pero también una gran responsabilidad. Representar al Consejo es algo que no me tomo a la ligera. Aquí no se regala nada, y menos a una extranjera. Me ha costado cada segundo sobre el ring, cada golpe, cada crítica. Pero todo ha valido la pena.
—Has vivido momentos difíciles, como tu lesión reciente. ¿Cómo lo sobrellevaste?
—Al principio lo tomé como descanso y hasta sentí alivio. Pero después me invadió el miedo. Pensaba que el tren se me iba sin mí… y yo ahí, con la bota chueca. Pero ese tiempo también me ayudó a reconectarme conmigo, a cuidar a la persona detrás de la máscara, porque cuando te desconectas, todo se vuelve automático. La lucha también es una batalla interna.
—Has sido muy criticada, primero por ser extranjera y ahora por ser nacionalizada. ¿Cómo manejas eso?
—Ya no me afecta. Antes dolía. Ahora entiendo que no vine a gustarle a todos. Estoy aquí para representar al Consejo, para hacer mi trabajo. Y lo hago con pasión. La lucha no se detiene por nadie, y yo tampoco.
—Tu adaptación a México no fue sencilla…
—¡Para nada! La Ciudad de México es una ciudad que te patea y te escupe en la cara. Pero ahora ya me acostumbré. Ya grito en el tráfico como cualquier chilanga (ríe). Pero sí, al principio fue duro. Mucho cambio, mucho choque cultural. La afición es exigente, pero también muy noble cuando te entregas.
—Tu familia ha sido parte importante en este camino, especialmente tu padre.
—Sí, él es mi mayor crítico. Nunca me ve como su hija cuando analiza una lucha. Me ve como atleta. Es duro, pero justo. Me ayudó a formarme desde niña y sigue empujándome a ser mejor. Gracias a él tengo esa mentalidad de no rendirme.
—Has tenido enfrentamientos muy sonados, como con Red Velvet. ¿Qué esperas de ese duelo?
—Será explosivo. Conozco bien el estilo americano porque estuve años allá. Cuando dos estilos se cruzan, nacen cosas nuevas, chispas diferentes. Yo represento al CMLL y a México, pero también entiendo muy bien el ritmo de allá.
—También tienes una rivalidad pendiente con La Catalina. ¿Qué hay ahí?
—¡Uy! Esa sí se pone buena. Entre bromas digo que voy a raparla en la madrugada, pero lo cierto es que no descarto una lucha de apuestas. Perse sabe lo que hace… y le encanta jugar con fuego.
—Tu nombre artístico tiene una historia muy personal. ¿Por qué Persephone?
—Siempre quise ser ruda. Incluso antes de tener un nombre. Cuando dejé atrás el de Black Widow, sabía que necesitaba algo con base, con historia. Me acordé de un maestro en la secundaria que nos leía mitología griega todas las mañanas. Me enamoré de Perséfone, reina del inframundo. Representa muchas cosas de mí: fuerza, dualidad, renacimiento.
—¿Te costó dejar la máscara?
—Me encantaba mi máscara, pero en Estados Unidos entrenábamos mucho la expresión facial. Me enseñaron que la emoción también es una herramienta. Sin máscara puedo transmitir más, y eso ha sido clave para evolucionar como luchadora.
—¿Qué sientes al mirar hacia atrás, cuando empezaste en funciones pequeñas en Texas y Juárez?
—Siento orgullo. Al principio me ponían en luchas poco serias, de relleno. Pero fui saliendo de ahí, viajé más, aprendí más. Pasé por muchas empresas: luché en El Paso, Ciudad Juárez, Lubbock, Lamesa… Estuve en Triple A unos meses y luego vino el gran paso: el CMLL y las Amazonas. Mi debut en la Arena México fue un sueño cumplido.
—Y hoy, con nacionalidad mexicana y todo, ¿cómo te defines?
—Soy Persephone, La Belleza Hecha Rudeza, La Diosa de la Muerte. Soy luchadora, soy ruda, soy mexicana. Cada día me siento más cómoda aquí. Más fuerte. Más feliz. Persephone vino para quedarse.








