11 octubre, 2026

Por el bien de… nuestro hígado, guardemos la calma || Roberto Hernández Guerra

ROBERTO HERNÁNDEZ GUERRA

Aunque quisiera cambiar de tema, las circunstancias me lo impiden. Ahora solamente se habla de coronavirus y de López Obrador. En ocasiones se mezclan los dos temas, cuando la imaginación de los malquerientes del Presidente agota sus ideas y lo acusan de negligencia ante esta pandemia.

Respetando el derecho que todos tenemos a estar de acuerdo o no, con la forma y fondo de gobernar del inquilino de Palacio Nacional, insisto en preguntar a quienes se muestran iracundos: ¿Qué medida de política económica o social a causado su enojo? ¿De veras cree usted que nos estamos dirigiendo a ser un estado totalitario?

Tendría muchas otras preguntas que hacer, en función de los comentarios escuchados o leídos en las redes sociales, a cual más absurdo, como que “nos llevan al comunismo”. Pero desisto, recomendando que seamos objetivos en nuestros análisis y usemos el cerebro y no el hígado.

Motivo de profundo análisis son varios temas. Primero la decisión de no incrementar la deuda pública, para apoyar a las grandes empresas. Si usted cree que nos es tan grande una deuda de más de diez billones de pesos, está en su derecho. De igual manera si usted piensa que la dignidad del Presidente requiere la parafernalia que hasta hace poco rodeó esa figura, incluyendo avión presidencial, estado mayor, etc., también lo está. Si también se indigna porque les cobren impuestos a los consorcios que antes no los pagaban, allá usted. Y así podemos seguir con una lista larga.

Que el “subcomandante Marcos”, hoy convertido en “sub-comediante” ofrezca impedir el paso del tren maya por la zona zapatista, cuando la ruta que se seguirá, que es la que siempre ha existido, no pasa cerca de éstas comunidades, mueve a risa. Que se critique el proyecto del dichoso tren por afectar la naturaleza, sólo nos muestra un total desconocimiento de la región, porque al usar los derechos de vía existentes se eliminan los riesgos, Que se presuponga que los habitantes originarios no tendrán beneficios de los proyectos, es adelantarse y pensar que todo se hará como antes.

Y nos faltaría mencionar dos proyectos importantes que están en construcción. El aeropuerto Felipe Ángeles y la refinería de Dos Bocas. Del primero los críticos ya ni hablan y del segundo, profetizan inundaciones sin acordarse de que ya se hizo un borde de contención y soslayan el hecho de que es parte de un proyecto de independencia energética.

Todos éstos, son temas con cierta trascendencia.

Pero cuando lo que se critica es una nimiedad, ya sea que López Obrador se suba a una silla para mostrar algo a un visitante, lleve los zapatos sin bolear, salga a una gira y no use “cubre bocas” o se defienda de quienes lo atacan calificándolos de conservadores, no hay forma de debatir.

Mención aparte es invitar a la disolución de la república, dividiéndola en tres países, en promover un golpe de estado o en sugerir cosas más graves para la tranquilidad del país. Quienes así lo hacen rebasan todos los límites de la legalidad.

Pero concluyo con la vieja sentencia: “para que tantos brincos estando el suelo tan parejo”; la democracia nos permite elegir y ahora, hasta retirar del poder a nuestros gobernantes por medio de las urnas. Esperemos el proceso electoral del próximo año y la revocación de mandato en el siguiente. Es ahí cuando se podrá comprobar si la llamada Cuarta Transformación ha producido beneficios o no. Mientras tanto, “por el bien de nuestro hígado, guardemos la calma”.

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