La emblemática obra sobre la laguna avanza hacia su etapa final con cambios visibles respecto al proyecto original, la ausencia de un plan integral del distribuidor vial en el acceso al bulevar Kukulcán que evite congestión vehicular, así como la falta de información clara sobre su impacto ambiental, entre otros cuestionamientos
SALVADOR CANTO
CANCÚN.- El puente Nichupté, una de las obras más emblemáticas anunciadas para transformar la movilidad en Cancún, será supervisado este jueves por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Sin embargo, más allá del acto oficial, la infraestructura llega a esta etapa rodeada de dudas técnicas, retrasos y cuestionamientos sobre su viabilidad real.
Aunque el proyecto fue planteado como una solución para agilizar el traslado de miles de trabajadores hacia la zona hotelera, la realidad dista de esa promesa. A la fecha, no se ha presentado de manera integral el plan del distribuidor vial que conectará el puente con el bulevar Kukulcán, considerado ya el “talón de Aquiles” de toda la obra. Sin esta pieza clave, especialistas advierten que el nuevo cruce podría convertirse en un cuello de botella más, en lugar de una solución.
A ello se suman inconsistencias visibles entre los renders originales y lo que actualmente se observa en campo. Elementos como ciclovías claramente delimitadas no son perceptibles desde el aire de acuerdo con imágenes captadas por el “Despertadrón”, mientras que la señalética y acabados aún están incompletos. Incluso, la propuesta de iluminación mediante paneles solares ha generado inquietud, al tratarse de una zona expuesta a vientos intensos durante la temporada de huracanes, sin que se haya detallado públicamente la resistencia de estos sistemas ante ráfagas extremas.
Otro de los puntos que alimenta la incertidumbre es el proceso mismo de construcción. La obra avanzó sin una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) pública ampliamente difundida y prueba de ello fue la aparición de una fosa que obligó a construir un puente elevado, lo que ha sido motivo de críticas por parte de diversos sectores. Además, se han documentado asentamientos en la cimentación de algunas estructuras, lo que abre interrogantes sobre su comportamiento una vez que entre en operación con carga vehicular constante.
Pese a versiones que apuntan a una posible inauguración próxima, todo indica que el puente aún no está en condiciones de ser abierto al público. Como ha ocurrido con otras obras en la ciudad, no se descarta un evento protocolario seguido de una apertura diferida.
En el fondo, la discusión no es solo sobre la conclusión de un puente, sino sobre la falta de un proyecto integral de movilidad. ¿Qué tipo de transporte utilizará esta vía? ¿Qué regulación tendrán las unidades que la operen? ¿Cómo se integrará con el sistema actual? Son preguntas que, hasta ahora, permanecen sin respuesta clara.
Mientras tanto, la visita presidencial servirá como termómetro político de una obra que, aunque simbólicamente relevante, sigue dejando más dudas que certezas sobre su verdadero impacto en la vida diaria de Cancún.















