“Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas pa’ volar?”
— Frida Kahlo
Mtra. Adela Jiménez Izquierdo
Hoy, un espejo para las mujeres de nuestro tiempo
Frida no quiso ser ícono, no proclamo discursos, no buscó la fama, los aplausos, ni los “likes”, sin embargo, su nombre resuena con fuerza como símbolo de un feminismo contemporáneo.
Su rostro está en todas partes: en playeras, tazas, mochilas, libretas, postales… pero ¿la conocemos de verdad?
Frida Kahlo fue una pintora profundamente mexicana, de renombre internacional, marcada por el dolor físico, las pérdidas emocionales, el amor y el desamor, las enfermedades, los abortos espontáneos, la discriminación y la lucha por su identidad.
Y a pesar de todo eso o quizá gracias a todo eso, sus pinturas muestran la belleza que encontraba incluso en los rincones más dolorosos de su vida.
El mes de julio nos recuerda una de las figuras más importantes del arte mexicano, de acuerdo con su biografía, Frida nació en julio de 1907 y murió en julio de 1954. Nunca se definió como feminista, sin embargo, su vida y sus autorretratos inspiran hoy a mujeres de todo el mundo.
El legado humano de una mujer que se atrevió a sentir
A pesar de los avances legislativos, políticas públicas y programas para erradicar la desigualdad entre hombres y mujeres, hoy ser mujer todavía implica resistencia, juicios y batallas diarias, Frida Kahlo, desde la historia de su humanidad, nos invita a reconciliarnos con nosotras mismas, con lo que sentimos, y con todo lo que hemos vivido tanto con los buenos momentos como los que nos han resultado dolorosos.
Frida practicó un feminismo genuino, sin llamarlo así, se atrevió a hablar de lo que nadie hablaba en su época, un amor libre, derecho a decidir, a crear, a vestir como quería y a ser dueña de sí misma, su vida fue, en sí misma, un acto de valentía y su pasión por vivir nos recuerda que el amor propio y el deseo no deberían ser señalados ni castigados.
Hoy, muchas mujeres siguen siendo juzgadas por sus elecciones amorosas, pero, Frida con su bisexualidad vivida con libertad, nos enseña que la autonomía comienza en la intimidad y que nadie debe dictarnos cómo amar ni cómo vivir.
No necesitamos ser “perfectas” para ser valiosas
Frida, desde los 18 años, vivió con una discapacidad física tras un accidente que la dejó marcada de por vida, pero lejos de esconder su dolor lo transformó en arte y en cada una de sus pinturas reflejo sus cicatrices, representando con ello a todas esas mujeres que habitan en cuerpos que no encajan, que no son ideales, pero que existen con dignidad, ¿por qué entonces seguimos permitiendo la exigencia social de cuerpos “bellos” y “perfectos”.
Nos mostró una versión auténtica, fuerte y dolida de lo que muchas mujeres siguen viviendo, mujeres que resisten, que trabajan, que aman… pero, sobre todo, que exigen ser escuchadas.
“Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco”, dijo Frida
¿Cuántas de nosotras realmente nos conocemos?
¿Cuántas nos aceptamos y no pedimos permiso para ser?
Esa frase suena hoy como una declaración de autoestima y autoconocimiento, sin embargo, sé que muchos se preguntarán, ¿cómo pudo Frida, con tanta fuerza interior, permanecer en una relación donde hubo dolor emocional, infidelidades, abandono y humillaciones?
La respuesta no es sencilla, Frida era humana, vulnerable a sus sentimientos, y sí, dependiente del amor de un hombre, pero también hay que recordar que, en su época, separarse o romper con un compromiso, implicaba una condena social mucho más dura que hoy, y aun así, Frida se sostuvo con dignidad.
Incluso hoy, muchas mujeres que trabajan en su amor propio pueden permanecer en relaciones tóxicas, no por falta de valor, sino porque las heridas profundas tardan en sanar, porque el camino del autoconocimiento y de aceptarnos no es perfecto ni inmediato, es un proceso, que, si bien el amor propio no nos excluye de sentir dolor, si nos da la posibilidad de transformarlo.
Entonces, Frida no fue incoherente, fue una mujer como muchas de nosotras, Frida somos todas… cuando decidimos no fingir, cuando nos permitimos sentir, cuando nos atrevemos a incomodar con la verdad y levantar la voz incluso desde la trinchera de la escritura.
¿Y tú, que tanto haces por ti… ya descubriste cómo volar con los pies bien puestos sobre la tierra?


