12 agosto, 2026

Punto de quiebre: Reflexiones desde mi trinchera

Mtra. Adela Jiménez Izquierdo

Octubre: Cuando la vida se parece al otoño

El arte de soltar y renacer.

Octubre llegó con su aire tibio y sus colores dorados, que coquetamente nos invita a la calma. Es el mes del otoño, esa estación del año en la que los árboles nos enseñan lo hermoso que puede ser, dejar ir, cuando la naturaleza se desprende sin miedo de lo que ya no necesita, y nos recuerda que soltar no siempre significa perder, sino prepararse para volver a florecer.

La psicología positiva sostiene que los procesos de cambio solo se integran de forma saludable cuando somos capaces de aceptar el cierre de etapas, más que resistirnos a ellos. 

Coincide que octubre también marca un nuevo comienzo en mi vida, porque es el mes de mi cumpleaños, y puedo compartirles que, particularmente siento que cada año me invita a hacer una pausa en mi vida, mirar atrás, reconocer y honrar todo lo vivido; cada año me invita a hacer una reflexión sobre lo que se va y lo que permanece, eso que parece convertirse en un ritual personal que me ayuda a agradecer los aprendizajes y abrazar lo que viene con más conciencia.

A veces, soltar implica dejar ir personas, lugares o versiones de nosotros mismos que ya cumplieron su ciclo, otras veces, significa liberarse del miedo, del control y de esa necesidad de querer tener todo resuelto.

Estudios sobre dependencia emocional muestran que aferrarse a vínculos que nos lastiman responde, muchas veces, a una búsqueda inconsciente de seguridad más que de amor. 

Y siempre pienso especialmente en nosotras, las mujeres, que tantas veces cargamos con dependencias que nos atan y nos pesan, ya sean afectivas, emocionales, mentales o incluso económicas. La dependencia no hace confundir compañía con refugio, apego con amor y miedo con necesidad, y es realmente difícil y complicado no nada más para las mujeres, sino para todos los seres humanos, el comprender que aprender a soltar también es aprender a elegirnos, es reconocer que merecemos vínculos que nos fortalezcan, espacios que nos hagan bien y afectos que no nos desgasten. Soltar no es rendirse, es un acto profundo de amor propio y dignidad.

Investigaciones recientes en el campo de la psicología de género coinciden en que muchas mujeres crecen asociando el amor con la entrega total, incluso cuando esa entrega implica dolor. Por eso, aprender a soltar no es debilidad, es un acto de dignidad y amor propio.

Cada año, el otoño nos da una lección, hay que confiar en los procesos naturales de la vida, cada hoja que cae es como si abriera espacio para algo nuevo y a veces para alguien nuevo dentro de nosotros mismos. El arte de dejar ir se convierte en una celebración de lo que realmente debe permanecer, porque al final, vivir también consiste en eso, aprender a transformarse sin perder la esencia, una y otra vez.

Soltar es una forma de decirle a la vida: “Confío en lo que viene.”

Related Post