SEGURIDAD INTEGRAL: MÁS ALLÁ DE LA PREVENCIÓN DEL DELITO
Mtra. Adela Jiménez Izquierdo

Cuando hablamos de seguridad, la primera imagen que suele venir a la mente es la de policías patrullando las calles. Durante décadas, el concepto de seguridad ha estado ligado a la idea de orden y control, lo que ha llevado a que los términos seguridad pública y seguridad ciudadana se enfoquen en la presencia de cuerpos policiales y estrategias para reducir el crimen. Sin embargo, es fundamental ampliar la perspectiva y reconocer, dentro de la seguridad integral, la violencia de género, ya que esta representa una amenaza constante a la seguridad humana y psicosocial.
Entonces la seguridad integral es un enfoque que engloba aspectos preventivos, sociales y estructurales que ayudan a reducir factores de riesgo y fortalecer la resiliencia comunitaria. Es precisamente en el fortalecimiento de la resiliencia comunitaria donde debemos también enforcar esfuerzos, centrarnos en el factor humano y la salud mental de las personas, esto como parte de la respuesta a la violencia de género. Escudriñar la dimensión humana de la seguridad y entender que el bienestar de una comunidad está estrechamente ligado a la estabilidad emocional, social y económica, ahí es donde podremos entrelazar estos componentes como ejes clave para transformar el enfoque tradicional de seguridad en uno más profundo, humano y sostenible.
Seguridad humana: Más allá de los delitos comunes
Mas allá de cifras y estadísticas, detrás de cada caso de violencia hay una historia, un rostro, una persona con miedos, sueños y anhelos de vivir en espacios libres de violencia. La violencia de género es una de las principales amenazas para la seguridad de muchas personas y su prevención y atención es parte fundamental de cualquier estrategia de seguridad, en este contexto no hablo solamente de una cuestión de normatividad o políticas públicas, es ante todo hablar de una parte humana y de derechos, significa brindar esperanzas a quienes han sido silenciados y poder ofrecer tranquilidad y reconstruir entornos donde cada ser humano pueda sentirse en paz y seguro, debiéndose ver como un tema de protección a los derechos humanos de las personas, no solo desde la perspectiva del castigo.
Seguridad Psicosocial: El bienestar también es seguridad
La seguridad no se limita a la protección física, las personas que han sido víctimas de violencia o han vivido en entornos inseguros requieren atención psicosocial para romper ciclos de trauma y vulnerabilidad. Pero antes es importante comprender que el término psicosocial se refiere a la interacción entre la conducta humana y su participación en la sociedad. En el ámbito de seguridad esto significa analizar aspectos emocionales y sociales que la violencia deja en las personas, estoy tratando de que nuestra visión reduccionista no sea priorizada solamente en una respuesta policial, ya que el bienestar integral de las personas debe ser la premisa fundamental y aunque esto pueda parecer contradictorio, lo que se busca es ampliar la visión y entrar en un razonamiento donde la seguridad psicosocial garantiza la estabilidad emocional y mental de las personas, lo que contribuye mucho a comunidades resilientes.
Prevención estructural: Seguridad humana y seguridad psicosocial en la resiliencia comunitaria
En los quehaceres de la protección y atención a las víctimas, la seguridad humana nos recuerda que la violencia no solo es un problema de seguridad pública, sino también una amenaza al bienestar de las personas. Pero esto plantea una pregunta crucial: ¿Realmente se garantiza la seguridad sin atención psicosocial? La seguridad psicosocial permite atender el impacto emocional y psicológico que deja la violencia, proporcionando herramientas necesarias para sanar y reconstruirse.
Mas allá de una atención integral, hablemos también de una atención humanizada, la resiliencia entonces no se construye únicamente con estrategias de vigilancia o intervención rápida; se necesita una seguridad que transforme vidas y eso solo lo podemos lograr colocando en el centro a las personas tanto a quienes reciben la atención y también a quienes las brindan, es decir, el enfoque no solo está en la víctima, sino también en los operadores de todos estos componentes de la seguridad, la salud mental de quienes trabajan en estos ámbitos es crucial para garantizar respuesta más efectivas y empáticas.
El acompañamiento social implica trabajar en la reconstrucción de los lazos comunitarios a través de redes de apoyo, espacios de escucha y proyectos colaborativos, con estos recursos emocionales y sociales se reduce la repetición de ciclos de violencia e inseguridad y se genera un impacto positivo a largo plazo, la atención no debe activarse únicamente en momento de crisis, sino que debe estar orientada a la prevención y a la transformación social.
Si entendemos que el factor humano es el núcleo de cualquier estrategia de seguridad, lograremos modelos de intervención más efectivos, sostenibles y dignos para todas las personas.
Transformar el enfoque de la seguridad
Implementar un modelo de seguridad integral enfrenta numerosos desafíos, para avanzar en ello es necesario fortalecer la colaboración en distintos sectores y superar uno de los principales obstáculos: la resistencia al cambio y perspectiva de género. Solo a través de una perspectiva integral que sume como unos de los ejes prioritarios la seguridad humana y psicosocial podremos construir espacios verdaderamente seguros, equitativos y libres de violencia para todas y todos.
*Adela Jiménez Izquierdo es directora del Grupo Especializado en Atención a Víctimas de Violencia Familiar de Género (Geavig) en el municipio Benito Juárez.

