Mientras escribía esta columna ocurrió algo que me hizo cambiar por completo el tema.
Vecinos de una colonia irregular en Cancún salieron a exigir agua, energía eléctrica y servicios básicos. Muchos pensarán que el problema comienza por haberse asentado en un lugar irregular. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja.
El crecimiento acelerado de Cancún, la creciente demanda de vivienda y, en muchos casos, el desconocimiento al momento de comprar un terreno han dado origen a este fenómeno. Incluso desarrollos habitacionales formalmente establecidos, así como algunos proyectos de vivienda impulsados por distintos órdenes de gobierno, han enfrentado problemas relacionados con la falta de infraestructura y servicios básicos. El resultado es una ciudad que continúa expandiéndose, mientras los servicios públicos avanzan a un ritmo mucho más lento.
Pero no hace falta vivir en una colonia irregular para experimentar esta realidad.
En la colonia donde vivo son frecuentes los cortes de energía eléctrica y la baja presión de agua, o simplemente la ausencia del servicio. Cuando eso ocurre, la desesperación entre los vecinos es inevitable. La falta de agua o de electricidad deja de ser una estadística y se convierte en una preocupación cotidiana para miles de familias.
Como integrante de un comité vecinal me he acercado en diversas ocasiones a autoridades municipales, dependencias estatales y representantes del Congreso para exponer estas problemáticas. Las respuestas casi siempre son las mismas: “por el momento no podemos intervenir”, “no es nuestra competencia” o “no existen proyectos hidráulicos para esa zona”.
Gobierno tras gobierno, trienio tras trienio, legislatura tras legislatura, las mismas respuestas, mientras los problemas sociales de Cancún siguen creciendo.
A esta realidad se suma otra práctica política que parece haberse normalizado: solicitar licencia para buscar otro cargo público.
Más allá de simpatías partidistas, quienes son electos reciben un mandato ciudadano por un periodo determinado. El voto representa un compromiso con la población. Quien ocupa un cargo de elección popular debería ejercerlo con responsabilidad y continuidad, no verlo únicamente como un peldaño hacia la siguiente candidatura.
No es la primera vez que ocurre en Benito Juárez. Una administración deja el cargo para buscar otra responsabilidad; llega un sustituto que posteriormente es electo y, tiempo después, vuelve a solicitar licencia. El ciclo parece repetirse con una normalidad que ya pocos cuestionan.
Entonces surge una pregunta inevitable: ¿para qué tanto esfuerzo electoral si, al final, los ciudadanos terminan siendo gobernados por personas distintas a las que eligieron en las urnas?
En Cancún pareciera que existen dos competencias paralelas: la de los ciudadanos por acceder a servicios básicos y la de los políticos por acceder al siguiente cargo.
La continuidad de un gobierno debería servir para consolidar proyectos, resolver rezagos y ofrecer resultados. Sin embargo, cuando las aspiraciones personales se anteponen a las responsabilidades públicas, quienes terminan esperando son los ciudadanos.
Si tú pudieras ver lo que yo escucho, descubrirías que mientras unos inician los juegos para conseguir agua, energía eléctrica y servicios básicos, otros comienzan los suyos para ocupar nuevos cargos y conservar privilegios.
Gobierno tras gobierno, trienio tras trienio, legislatura tras legislatura, la vida transcurre en Cancún.
Al final, los juegos nunca terminan. Solo cambian los jugadores. Y quienes seguimos esperando que alguien decida jugar, por fin, del lado de la ciudad, somos los ciudadanos.
Gerardo Ruiz es director de la Red Ciegos Quintana Roo
X: @gruizcun

