Edgar Prz

El pasado miércoles 8 de octubre, Quintana Roo cumplió 51 años desde su creación como entidad federativa. Tuvieron que pasar muchos años, muchas batallas burocráticas, numerosos trámites y superar demasiados intereses para que la Federación otorgara su anuencia y visto bueno, permitiendo así que arribara a esta nueva condición que transformaba su estatus de territorio a Estado Libre y Soberano.

Cincuenta y un años en que se empezó de cero, con autonomía para que sus hijos pudieran dirigir, organizar y gobernar su territorio. Eran tiempos en que se iniciaba el despido del olvido y el adiós al retraso y la indiferencia, dando inicio a una nueva vida democrática. Los diputados constituyentes jugaron un papel vital para normar el crecimiento de ese pequeño ente que, con el paso de los años —medio siglo y ahora el inicio de la sexta década— da testimonio de la evolución, el desarrollo, las dificultades, los dolores de cabeza y los malestares que implica vigilar, conducir y guiar un crecimiento ordenado.

Aquí se ha complicado el tema de la regularización y tenencia de la tierra, pues la llegada de miles de compatriotas de otros estados colapsó a la institución estatal rectora de la tierra y la vivienda. Quintana Roo no tuvo tiempo de disfrutar su niñez ni su adolescencia; le fueron ganando las condiciones y lo llevaron a situaciones difíciles y escenarios no previstos, como la invasión de tierras, que generó “cinturones de miseria”, verdaderos guetos repletos de hacinamiento, donde la pobreza es inseparable de la gente. Esto ha causado problemas que trascienden gobiernos federales, estatales y municipales; las respuestas llegan con retraso y, a veces, solo son paliativos para mantener control sobre esa masa electoral.

Es uno de los pendientes históricos. La introducción de servicios básicos en esas zonas sigue siendo un sueño, y en algunos municipios estas invasiones se han convertido en focos de delincuencia y guaridas de malvivientes, creando inseguridad y temor entre habitantes, empresarios, comerciantes, mujeres, niños y adultos mayores. Los índices de violencia son altos y difíciles de controlar; incluso destinos turísticos sufren sus efectos. Son postales cotidianas y tareas pendientes por resolver.

Quintana Roo ha sido un éxito turístico internacional, un imán buscado que lo ha posicionado entre los mejores. Pero no ha crecido de manera integral: conviven zonas pudientes y zonas marginadas, riqueza y pobreza, área hotelera y área popular. Hasta hoy, el balance es desigual: el oropel y las luces son fotografías instantáneas; el rezago, la marginación y el olvido persisten como recordatorio de lo mucho que aún queda por hacer.

En los últimos años se ha dado una construcción acelerada de obras que marcan un nuevo rumbo; hace falta socializarlas, permitir que el pueblo las sienta suyas, dejar que la gente participe en la toma de decisiones y no erigirse como nuevos concesionarios. Tulum es prueba de ello: pueblo y gobierno municipal sufren las consecuencias, pero sus gestiones merecen reconocimiento. Hay que permitir una sana convivencia y hacer que la Secretaría de Defensa Nacional entienda que antes del negocio está el interés ciudadano, el beneficio social y el compromiso con el pueblo; ese debe ser el propósito común.

“Quintana Roo nació libre y así debe seguir”. Que exista libertad de tránsito, acceso y oportunidades: Quintana Roo tiene un solo dueño, el pueblo, y hay que tenerlo siempre presente.

Estamos en el momento justo para un riguroso análisis y una intensiva retrospección: ¿cuánto se ha avanzado desde el origen?, ¿cuánto queda por hacer?, ¿qué falta para lograr un equilibrio? Es tiempo de tomar decisiones pertinentes, necesarias y a veces dolorosas. La auditoría política es inclemente: o se corrigen las fallas y defectos para retomar el rumbo, o se inicia la cuenta regresiva.

“Quintana Roo bien lo vale”, decía un hijo distinguido y pródigo del estado recientemente fallecido, al que la historia debe el reconocimiento por su dimensión y trascendencia: don Jesús Martínez Ross. “Hagamos todos todo por Quintana Roo”.

Mejor seguiré caminando y cantando: “Selva, mar, historia y juventud, pueblo libre y justo bajo el sol, la tenacidad como virtud, eso es Quintana Roo. De las hondas raíces de los mayas al tesón que construye el presente, entonemos alzada la frente un himno, fraterna lealtad”.

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