REDACCIÓN
CAMPECHE.- Un profundo malestar recorre las calles de Nunkiní, comunidad maya del municipio de Calkiní, luego de que el programa “Huay Nius”, difundido el 6 de mayo de 2026 por TV Azteca Campeche, presentara un segmento donde fueron ridiculizadas abiertamente las manifestaciones culturales y rituales que esta localidad ha preservado por generaciones. Las expresiones de incredulidad, desconcierto y enojo no se hicieron esperar entre autoridades civiles, religiosas y la población en general, que interpretaron el contenido como una burla directa a un ritual que actualmente se encuentra en proceso de ser declarado patrimonio cultural inmaterial del estado.
Pobladores de Nunkiní denunciaron que el reportaje televisivo no solo evidenció una grave carencia de investigación y sensibilidad, sino que detrás de las supuestas bromas se filtró un desprecio de raíz profundamente racista hacia las comunidades indígenas. Al equiparar la quema ritual de La Mestiza y el Ts’uulil K’áak’ con un bazar o una escena de guerra en Medio Oriente, se redujo una ceremonia sagrada a un espectáculo incomprensible, reproduciendo esa mirada que observa las tradiciones de los pueblos originarios como supersticiones ajenas, carentes de lógica o dignidad. Para la feligresía católica de la localidad, el daño caló todavía más hondo, pues interpretaron cada frase sarcástica como una embestida directa contra las expresiones de fe realizadas en honor a San Diego de Alcalá, santo patrono de la comunidad.
Ciudadanos nunkinienses exigieron públicamente la intervención de las autoridades correspondientes para garantizar el respeto a sus expresiones culturales. En redes sociales, múltiples pronunciamientos difundidos por los pobladores manifestaron que “ejercer el periodismo desde la ignorancia perpetúa estereotipos y lastima a los pueblos que resguardan estas prácticas ancestrales”.
La molestia se intensificó al conocerse que el material audiovisual utilizado por la televisora fue tomado sin autorización del fotógrafo y creador de contenido Limberth Flores, quien documentó originalmente la tradición desde una perspectiva de difusión y preservación cultural. El video fue pirateado, tergiversado y presentado entre risas, lo que añadió un componente de despojo al ya sentido agravio.
Ante este escenario, la Autoridad del Patrimonio Cultural del Estado de Campeche emitió un posicionamiento oficial donde expresó su profunda indignación y enérgico rechazo a los comentarios vertidos en la sección “Huay Nius”. El organismo estatal subrayó que las tradiciones, ceremonias y expresiones populares de los pueblos originarios constituyen parte fundamental del patrimonio cultural vivo de Campeche y de México. Calificó las burlas como una práctica discriminatoria que vulnera los derechos culturales del pueblo maya, protegidos por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, y la Ley Federal de Protección al Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afroamericanas.
En su comunicado, la dependencia recordó que la comunidad de Nunkiní ha preservado durante generaciones sus usos, costumbres y tradiciones, las cuales forman parte de la identidad histórica y cultural del estado. Subrayó que cualquier intento de desacreditarlas o convertirlas en motivo de burla atenta contra los principios de respeto, inclusión y reconocimiento de la diversidad cultural que deben prevalecer en toda sociedad democrática y en los medios de comunicación.
La autoridad exhortó a quienes generan contenido público a conducirse con responsabilidad, sensibilidad y apego a los derechos humanos, evitando reproducir discursos que promuevan la discriminación o el menosprecio hacia los pueblos originarios. La misiva concluyó con una muestra de solidaridad y respaldo irrestricto a la comunidad maya de Nunkiní, y reafirmó su compromiso permanente con la defensa, preservación y dignificación del patrimonio cultural campechano.
La manifestación cultural objeto de escarnio posee una densidad histórica que el reportaje omitió por completo. El Ts’uulil K’áak’ y La Mestiza emergieron durante las epidemias de viruela negra y cólera que azotaron la región. Surgieron como entidades protectoras concebidas para absorber las enfermedades y los “malos vientos” que amenazaban la existencia misma de la comunidad. Cada mes de abril y noviembre, la población renueva esta ceremonia donde las figuras recorren los ocho barrios del pueblo recogiendo peticiones, promesas y padecimientos, para finalmente ser inmoladas frente al atrio parroquial en un acto de reciprocidad sagrada que busca restaurar el equilibrio espiritual y comunitario.
La comunidad de Nunkiní emitió una exigencia contundente: una disculpa pública inmediata por parte de la televisora y sus conductores, difundida en el mismo horario y con el mismo alcance que tuvo la ofensa. La petición ciudadana incluyó un llamado directo a las autoridades estatales para que demuestren con acciones concretas su compromiso con la defensa del legado cultural campechano, impulsando un pronunciamiento oficial de instituciones federales como la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Resulta inadmisible que en pleno 2026 una señal televisiva con presencia estatal utilice su espacio para pisotear la herencia cultural de un pueblo maya. Cuando los conductores de “Huay Nius” eligieron la burla como recurso, no incurrieron en un descuido, sino que ejercieron una violencia simbólica que tiene nombre, racismo, y que se dirige contra una comunidad que ha resistido siglos de marginación precisamente aferrándose a tradiciones como las que fueron motivo de escarnio. La ignorancia no exime de responsabilidad; al contrario, la agrava, porque evidencia que ni siquiera hubo interés en comprender aquello que se estaba destruyendo frente a las cámaras.
La televisora tiene ahora la obligación ineludible de responder con una disculpa que esté a la altura del daño causado, y las autoridades culturales deben asegurarse de que este caso no se archive como una anécdota más, sino que marque un precedente. Si el periodismo campechano no es capaz de respetar las manifestaciones que dan identidad a su propio estado, entonces ha fracasado en la tarea más elemental de su oficio.


