El cronista de Kantunilkín, José Moisés Gaspar Maglah Canul, recordó que el asentamiento humano original del pueblo estaba rodeado por cerros, desde la calle Primero de Mayo hasta la Reforma, entre Rafael E. Melgar y Emiliano Zapata. Lamentó que varios de estos cerros hayan sido destruidos sin intervención de las autoridades de antropología e historia.
Explicó que se trata de un asentamiento prehispánico con al menos mil 500 años de antigüedad, que representa parte importante del origen de Kantunilkín. Afirmó que alrededor del 25 por ciento de la población actual se asentó sobre esa zona, que se extiende aproximadamente un kilómetro hacia el noreste. Algunos vestigios aún se conservan.
De acuerdo con testimonios de antiguos pobladores, en la cima de uno de esos cerros había una piedra cuadrada, erguida sobre una base orientada de norte a sur, que recibía tanto los últimos rayos del sol como los primeros del amanecer. Por esta razón, se cree que el nombre del pueblo proviene de “K’antunilk’iin”, que significa “piedra amarilla mirando al sol”.
En 2012, ese mismo cerro fue escenario de las ceremonias conmemorativas del trece baktún, encabezadas por un grupo cultural independiente llamado “Tiempos de Renacer”, que realizó eventos y rituales mayas durante todo el año, concluyendo el 21 de diciembre con el cierre del ciclo.
El lugar también ha sido utilizado en otras ocasiones para actividades culturales y religiosas, como el ofrecimiento de sac-ha, el ritual Jeets Meek y diversas ceremonias de la tradición maya.
Actualmente, el cerro ha sido reactivado como espacio ceremonial por el colectivo cultural Kantunich, que inició el 21 de junio con un evento dedicado al solsticio de verano. A partir de entonces, se han programado actividades el día 21 de cada mes, con el objetivo de preservar y fortalecer las raíces culturales del pueblo. (Mauricio Balam)




